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El auto de un millonario se avería cerca de vieja casa deteriorada y él decide entrar - Historia del día

Mayra Pérez
08 feb 2022
10:50
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Cuando el automóvil de un millonario se descompuso en medio de la carretera, él descendió para refugiarse en una casa de campo en ruinas; lo que descubrió en ella cambió su vida para siempre.

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El exitoso hombre de negocios y millonario Alberto Franco se dirigía a un pueblo remoto para hacer un trato crucial cuando su automóvil se descompuso. Desde que había salido de su casa, había tenido la sensación de que el trato no iba a ser fácil.

Su conductor había solicitado un permiso urgente por la mañana, por lo que decidió conducir él mismo. Poco después, supo que sus autos estaban en el taller, por lo que al final tuvo que alquilar un vehículo.

Fachada de una casa humilde. | Foto: Shutterstock

Fachada de una casa humilde. | Foto: Shutterstock

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Cuando llegó a un pequeño pueblo desconocido que se encontraba en algún lugar antes de su destino, el vehículo comenzó a hacer ruidos extraños y finalmente se detuvo.

Alberto, quien era muy estricto con los plazos, se puso furioso cuando descubrió que no llegaría a su cita a tiempo. Quería llamar a su gerente, el Sr. Sánchez, para decirle lo que estaba pasando, pero su teléfono no funcionaba.

Miró a su alrededor en busca de ayuda, pero todo lo que vio fue una casa vieja y deteriorada. “Ughhh... ¡No puedo creer que esté atrapado en este basurero!”, gritó Alberto.

¡No se parecía en nada a la gigantesca mansión en la que vivía! Pero estaba oscureciendo y hacía frío, así que decidió acercarse a la casa.

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“¿Hola? ¿Hay alguien en casa?”, preguntó mientras tocaba la puerta. “Mi auto se descompuso y necesito ayuda”. No hubo respuesta.

“Creo que no hay nadie en casa. ¡Qué pérdida de tiempo!”, se quejó.

Pero en ese momento, la puerta principal de la casa se abrió y una mujer frágil salió del interior. “¿Necesitas ayuda?”, preguntó con voz suave.

Cuando Alberto se dio la vuelta para mirarla, quedó impactado. Era hermosa, a pesar de su apariencia débil y deteriorada. Sus ojos castaños oscuros se destacaban contra su piel clara, y sus mechones dorados, que estaban esparcidos desordenadamente sobre su rostro, realzaban su belleza.

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Rostro de una hermosa mujer. | Foto: Pexels

Rostro de una hermosa mujer. | Foto: Pexels

“¿No eres tú el que acaba de llamar?”, preguntó ella, interrumpiendo sus pensamientos. “Lo siento, estaba ocupada”.

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“Sí, sí, fui yo”, respondió Alberto, sorprendido por su belleza. “En realidad, mi auto se descompuso. ¿Está bien si me quedo aquí por un tiempo? No puedo pedir ayuda porque mi teléfono no funciona y dudo que pueda conseguir un auto aquí a esta hora”.

La mujer miró a Alberto y, por su ropa cara, supo que no era alguien de su pueblo. “Claro, por favor entra”, dijo ella, mostrándole el camino hacia adentro.

Al entrar, Alberto pudo ver que el lugar no estaba en las mejores condiciones. Se notaba que la casa necesitaba reparaciones desde hacía tiempo.

La mujer sentó a Alberto en una mesa de madera, que no estaba sucia, pero sí bastante vieja y en mal estado y lo invitó a tomar té y panqueques. “Gracias”, dijo Alberto, alcanzando una taza.

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De repente, escuchó un fuerte llanto. La mujer se excusó y entró corriendo. Cuando regresó, sostenía a un bebé en sus brazos y un niño pequeño se escondía detrás de ella, mirándolo fijamente.

“Siento la interrupción”, dijo. “La acababa de acostar a dormir, pero mi hijo la despertó”.

“¿Te importa si la sostengo por un rato?”, preguntó Alberto, su mirada fija en la pequeña niña.

Mesa servida con panqueques. | Foto: Pexels

Mesa servida con panqueques. | Foto: Pexels

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“Claro”, dijo la mujer con una sonrisa.

Alberto amaba a los niños y realmente se llevaba bien con ellos, pero había estado tan preocupado por el trabajo toda su vida que nunca tuvo la oportunidad de casarse y formar una familia.

“¿Su esposo está por regresar del trabajo?”, preguntó mientras mecía al bebé.

De repente, la sonrisa de la mujer se desvaneció y una mirada de decepción se hizo cargo. “No tengo marido”, admitió en voz baja. “Nos abandonó recientemente”.

“Lo siento”, dijo Alberto, molestándose consigo mismo por hacer la pregunta. “Olvidé presentarme. Mi nombre es Alberto Franco. ¿Y el tuyo?”.

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“Mi nombre es Linda. Este es mi hijo Jaime, y la niña en tus brazos es mi hija Amaira”.

“¿Cómo te las arreglas tú sola con dos niños pequeños? Debe ser extremadamente agotador”.

“Bueno, diría que estoy acostumbrada”, suspiró Linda. Entonces recordó cómo su esposo le había gritado un mes antes y le había dicho que se sentía asfixiado antes de dejarla.

Hombre joven sostiene a un bebé en sus brazos. | Foto: Pexels

Hombre joven sostiene a un bebé en sus brazos. | Foto: Pexels

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Ella estaba pasando por un momento difícil. Y era muy consciente de que las cosas solo empeorarían. Jaime, que tenía seis años, la ayudaba ocasionalmente en la casa e incluso en el mercado donde vendía papas para ganarse la vida, pero aún era un niño pequeño.

Linda no esperaba hablar sobre lo dura o desafiante que era su vida a un hombre que acaba de conocer, pero por alguna razón, quería ser honesta con él. Sentía una cualidad entrañable en él que no había visto en los lugareños.

Entonces ella contó su típica y triste historia sobre su mal criterio en la elección de un marido, las dificultades de la vida con ese hombre inmaduro que la trajo a este pueblo, y el hecho de que ella era una vendedora de papas sin ninguna formación.

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Alberto la escuchó atentamente, sumergiéndose en su pequeño y complejo mundo, uno con el que difícilmente podía relacionarse. Pero la injusticia y las duras pruebas que estaba pasando esta hermosa mujer despertaron en él el deseo de ayudarla.

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En algún momento, él también comenzó a compartir su vida con ella. Habló de su infancia y de su perro, que ahora vivía con su hermana. Y un poco sobre la soledad que sentía cada tarde cuando regresaba a casa.

Habían estado tan absortos hablando que no se dieron cuenta de que eran las 4 de la mañana. Ella hizo arreglos para que Alberto durmiera en el sofá y entró en la otra habitación con los niños que ya estaban dormidos.

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Alberto notó que Jaime ni siquiera tenía una cama y estaba durmiendo en un colchón en el piso. Cerró los ojos mientras se hundía en el sofá, pero parecía como si el sueño se escapara entre sus dedos.

Un hombre y una mujer conversan sentados a orillas de un rio. | Foto: Pexels

Un hombre y una mujer conversan sentados a orillas de un rio. | Foto: Pexels

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No podía hacer otra cosa que pensar en Linda, en lo hermosa que era. También sentía mucha simpatía por ella y se preguntaba si ella lo habría encontrado tan atractivo como él la había encontrado a ella.

Pronto el sol salió alto en el cielo, y Alberto supo que era hora de irse. Había contratado a un mecánico con la ayuda de los lugareños, y el automóvil se puso en marcha nuevamente después de algunos ajustes en el motor. “Todo estará bien ahora”, se dijo.

Antes de partir, besó a Linda en la mejilla. Ella se sonrojó un poco, sus ojos se llenaron de lágrimas como si no quisiera que él se fuera.

Una semana más tarde…

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Un fuerte golpe en la puerta sacó a Linda de su profundo sueño. Cuando corrió a contestar, las lágrimas llenaron sus ojos. Era Alberto, y dijo que había venido para llevarla con él.

“Traje ayuda de la ciudad para arreglar tu casa, pero quiero que vengas conmigo, Linda. Te amo y quiero pasar el resto de mi vida contigo”.

¡Linda no podía creer lo que estaba escuchando! Se había enamorado de Alberto a primera vista. Quería que estuvieran juntos, y eso finalmente estaba sucediendo. Ella no pudo contener su emoción y lo abrazó. “Yo también te amo, Alberto. Estoy tan feliz de que hayas regresado”.

Un año después de ese día, Linda y Alberto se casaron. Ella se mudó a su casa después de vender la vieja cabaña. Alberto solo pudo sentir agradecimiento por el hecho de que su auto se hubiera averiado esa noche, porque eso le permitió conocer a su alma gemela.

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Un pareja se abraza con cariño. | Foto: Unsplash

Un pareja se abraza con cariño. | Foto: Unsplash

¿Qué podemos aprender de esta historia?

El amor no tiene límites. Linda y Alberto se enamoraron casi de inmediato, a pesar de sus orígenes eran completamente diferentes.

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Algunos accidentes son realmente positivos en la vida. Gracias a la repentina avería de su coche, Alberto y Linda pudieron encontrar el verdadero amor en sus vidas.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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