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Señora nota que su nieto desaparece por las tardes y decide seguirlo - Historia del día

Mayra Pérez
02 feb 2022
10:50
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Susana notó que su nieto, Marcos, había estado escapándose algunas tardes. Un día, decidió seguirlo y lo descubrió vendiendo algo en una tienda de segunda mano.

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“Lo siento, señora Bernárdez. Marcos no ha venido a jugar con nosotros en estos días”, le respondió Pepe. Era uno de los mejores amigos de Marcos, y Susana estaba preocupada por su nieto. Llevaba días desapareciendo por horas, así que decidió ir al parque donde solía jugar al fútbol con sus amigos para ver si lo veía.

Sin embargo, Pepe y el resto de los chicos tampoco tenían idea de dónde estaba Marcos. ¿Qué estaba pasando? Siguió cavilando de regreso a casa. Estaba por empezar a llover, y no quería enfermarse.

Una persona camina bajo la lluvia protegido con un paraguas. | Foto: Shutterstock

Una persona camina bajo la lluvia protegido con un paraguas. | Foto: Shutterstock

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De repente, vio a Marcos en la acera de enfrente. Decidió seguirlo. Caminaba con rapidez y tenía la sudadera con capucha puesta como si escondiera algo.

“¿Estará saliendo con chicos malos? Espera, no te adelantes. Solo tiene 12 años. Es un buen chico”, pensó Susana mientras lo seguía desde la distancia.

Pronto vio a Marcos entrar en una tienda de segunda mano local. Eso le causó una gran sorpresa a la abuela, pero estaba decidida a averiguarlo todo.

Marcos vivía con ella porque sus padres, José y Bárbara, trabajaban en una zona industrial de la ciudad, a unas dos horas de su casa. Sus horarios eran brutales, pero sus ingresos justificaban tal sacrificio.

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La idea de que su hijo estuviese solo tantas horas no les pareció saludable, por lo que prefirieron mandarlo a vivir con su abuela, temporalmente. Había sido así durante varios años y Marcos parecía estar muy cómodo con esa situación.

José y Bárbara lo visitaban cada dos fines de semana y siempre iban cargados de obsequios. Por eso no tenía sentido que entrara en una tienda de segunda mano. Tenía una mesada y, si necesitaba algo, Susana podía conseguirlo en el centro comercial.

En ese momento, Marcos salió y comenzó a contar algunos billetes de dólar en su mano. “¿Por qué tiene tanto dinero en efectivo? Por favor, que no sea algo terrible”, rogó la mujer. En un pequeño descuido, el chico desapareció de su vista.

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Susana no tuvo más remedio que volver a casa y esperar a que su nieto regresara para preguntarle. Paseó de un lado a otro en la sala de estar, esperándolo.

Mujer mayor con expresión de preocupación en su rostro. | Foto: Pexels

Mujer mayor con expresión de preocupación en su rostro. | Foto: Pexels

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“¿Cómo le voy a preguntar? Si soy demasiado contundente, lo negará todo y no me dirá la verdad. ¿Qué podría estar pasando? Si quisiera algo, podría simplemente pedirme el dinero”, se preguntaba la abuela. Criar a su hijo no había sido tan complicado.

Finalmente, dejó de pasearse cuando escuchó que se abría la puerta principal y Marcos entraba. “Hola, abuela. ¿Qué hay para cenar?”, preguntó, sin imaginar lo que pasaba por la mente de Susana.

“Marcos, por favor, siéntate un segundo. Necesitamos hablar”.

“Seguro, ¿qué pasa?”, preguntó, al tiempo que se sentaba en el sofá y miraba a su abuela con expresión inocente. Susana frunció el ceño. ¿No se sentiría más culpable si estuviera haciendo algo malo? Ella nunca lo sabría si no preguntara directamente.

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“Bien, escucha. Debo ser honesta, Marcos. Te seguí hoy”, reveló Susana y se sentó en el sillón frente al sofá.

“¿Por qué?”.

“Qué quieres decir con ‘¿por qué?’. Te has estado escabullendo los últimos días, y si estás haciendo algo malo, quiero saberlo. Te vi yendo a una tienda de segunda mano y salir con un fajo de billetes en las manos.

“¿Qué está pasando? ¿Estás comprando drogas?”, exigió saber, esperando que Marcos fuera honesto con ella.

Adolescente sentado en un sofá, con expresión cabizbaja. | Foto: Pexels

Adolescente sentado en un sofá, con expresión cabizbaja. | Foto: Pexels

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Marcos se sorprendió y se levantó del sofá, sacudiendo la cabeza. “¿Drogas? Abuela, ¿estás loca? ¡No!”.

“¡Es la única explicación, Marcos! De lo contrario, ¿por qué mentirías? Tus padres te envían dinero y tenemos todo lo que puedas necesitar”, continuó Susana, tratando de explicarse.

Marcos se rascó la cabeza con una mano y suspiró. “Está bien. Te diré. Quería comprar estos relicarios que vi en una tienda. Son unas antigüedades demasiado costosas para mí, así que vendí mi nueva PlayStation y el par de zapatillas que papá me acaba de enviar”.

“Pero no fue suficiente. El dueño se ofreció a dejarme barrer la tienda y hacer mandados para él. A fin de mes, podré comprarlos”.

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“¿Relicarios? ¿Pero por qué?”.

“Quería colocar fotos de la familia dentro de ellos. Quiero comprar tres. Uno para mamá, uno para papá y otro para ti”, respondió Marcos, encogiéndose de hombros.

“No nos vemos mucho. Apenas pueden venir a mis juegos de fútbol, ​​y los extraño. Tú también los extrañas. Me imagino que ellos también nos extrañan, así que pensé que todos deberían tener algo para mantener a la familia cerca de nuestros corazones”.

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Antiguo relicario en forma de corazón. | Foto: Unsplash

Antiguo relicario en forma de corazón. | Foto: Unsplash

El rostro de Susana dejó traslucir sus emociones y sus ojos se humedecieron. Su nieto era un niño tan precioso que quería comprar algo único y especial para la familia. ¡Y aquí estaba ella pensando que él estaba buscando problemas!

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Finalmente, pudo hablar: “No quiero que trabajes todavía. Quiero que te concentres en la escuela todo el tiempo que puedas, así que te daré el resto del dinero y les daremos los relicarios en tu cumpleaños el próximo mes. ¿Cómo suena eso?”, le propuso con una gran sonrisa a su nieto.

“¿De verdad? ¡Gracias, abuela!”, respondió él y la abrazó.

Cuando Marcos se acostó, Susana llamó a su hijo y tuvo una larga conversación con él. Creían que a Marcos le estaba yendo bien con el arreglo, pero claramente extrañaba a sus padres. Los extrañaba tanto que estuvo dispuesto a renunciar a su PlayStation, algo que había usado todos los días desde que se la regalaron en Navidad.

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“Quizás es hora de que encuentren nuevos trabajos aquí, o yo podría mudarme allá para que Marcos no esté solo todo el tiempo. Cariño, te estás perdiendo su vida y él te extraña mucho”, le dijo a su hijo.

José no podía creer lo que Marcos había hecho y prometió hablar con Bárbara para encontrar una mejor solución. Al día siguiente, Susana llevó a su nieto a comprar los artículos y eran encantadores. También imprimieron las imágenes para colocarlas dentro y compraron algunas cajas de regalo.

El jovencito se los dio a sus padres el mes siguiente. Pero ellos tenían una sorpresa aún mejor para él. Ambos solicitaron trabajos en otra empresa cercana a ellos y habían comprado una casa a unas pocas cuadras de Susana.

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Un niño juega con su padre al aire libre. | Foto: Pexels

Un niño juega con su padre al aire libre. | Foto: Pexels

Marcos lloró de emoción, y resultó evidente cuanto había extrañado a sus padres. Aunque ellos habían pensado que lo estaba haciendo bien, en el fondo el chico los extrañaba demasiado y ellos ya no querían perderse ni un minuto más de su vida.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Ningún trabajo justifica perderse los momentos más importantes de tu vida. Si bien ganar dinero es esencial, experimentar la vida y la familia es aún más vital.

No es saludable asumir que un niño se está metiendo en problemas porque oculta algo. A veces, no saben cómo expresar lo que necesitan o lo que quieren. Lo importante es alentar una saludable y asertiva comunicación.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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