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Hombre encuentra carriola abandonada con bebé recién nacido en el metro: años después la madre aparece - Historia del día

Mayra Pérez
19 mar 2022
16:20
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Andrés fue abandonado en el metro cuando era un bebé y fue adoptado por Alex. Años más tarde, conoció a una mujer mayor que le resultaba familiar. Ella estaba demasiado enferma para reconocerlo, pero él pudo descubrir la verdad.

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Desde que recordaba, Andrés siempre había tenido muy claro lo que quería ser en su vida y eso era ayudar a las personas. Su ilusión era trabajar en algún orfanato, y ser parte de quienes le dan otra oportunidad a niños abandonados.

Su padre, Alex Fernández, era un trabajador del metro, y había encontrado a Andrés en un cochecito un día cualquiera. Aunque las personas solían dejar algunas cosas en la estación y los vagones, olvidar un bebé no era lo usual.

Aunque en ese tiempo no había cámaras en las estaciones, la policía concluyó que la madre de Andrés lo había abandonado para que entrara en el sistema.

Pero Alex decidió intervenir. En ese momento, quería adoptar un niño porque él y su esposa no habían tenido la suerte de concebir.

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“No podemos hacer eso, Alex”, respondió su esposa, Rita, cuando Alex reveló sus planes de adoptar al bebé que encontró en el metro.

“Si podemos. ¡Llevamos tanto tiempo intentándolo y esta es una señal de Dios! Este bebé está destinado a ser nuestro o no lo habría encontrado. ¡Por favor, hagámoslo!” le rogó, y Rita cedió.

Un joven enfermero atiende a un anciano. | Foto: Pexels

Hicieron un curso para padres adoptivos, que era obligatorio, y pudieron llevar a Andrés a casa. Sin embargo, a pesar de haber añorado un hijo por años, Rita descubrió que no era apta para ser madre.

Finalmente, la mujer pidió el divorcio y Alex se quedó solo con el pequeño Andrés. Desde entonces, se esforzó en hacer de su hijo una buena persona. Le enseñó que ayudar a los demás era una parte vital de la vida y que trabajar en el sector de la atención o la medicina era un honor.

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Alex siempre había deseado ser médico o enfermero, pero esos estudios eran costosos para su familia. Entonces, desde muy joven, Andrés había querido hacer realidad los sueños de su padre adoptivo, convirtiéndose en médico.

Para eso necesitaba dinero y comenzó a trabajar como cuidador en un asilo de ancianos. Un día trajeron a una mujer nueva y le asignaron a Andrés. Le recordaba a alguien, pero no sabía a quién.

Lamentablemente, la anciana estaba en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer y, a veces, se perdía en su propia mente.

Después de varias semanas de ser su cuidador, Andrés finalmente se dio cuenta de lo que le resultaba tan familiar. Parecía una versión mayor y femenina de sí mismo.

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Nunca había buscado a su familia biológica porque Alex había sido un padre maravilloso, pero siempre había sentido curiosidad por los padres que lo dejaron en el metro.

“Señora Garrido, ¿usted tuvo hijos?”, le preguntó a la mujer un día, con la esperanza de que pudiera recordar ese detalle sobre sí misma.

Una anciana con la mirada perdida. | Foto: Pexels

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“¿Hijos?”, preguntó, confundida. “Tuve uno durante unos meses y lo abandoné”.

Andrés casi dejó de respirar ante esas palabras, pero no podía estar seguro de que ella estuviera hablando de él. “¿Qué pasó?”.

“Lo dejé un día y se fue para siempre”, repitió la Sra. Garrido. Andrés estaba tratando de no presionarla demasiado. Los pacientes como ella necesitaban ser tratados con cuidado, pero esta era información importante que necesitaba saber.

“¿Lo dejó en la estación del metro?”, preguntó Andrés, esperando que ella respondiera.

La anciana miró a Andrés a los ojos y sonrió de repente. Levantó la mano, la colocó en su mejilla y comenzó a hablar. “Pequeño Lucas, ¿eres tú?”, preguntó con voz suave.

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Repentinamente, la Sra. Garrido apartó la mano. Su sonrisa desapareció y miró hacia la ventana. Andrés reconoció eso como una señal de que ella no hablaría más por el resto del día.

Desafortunadamente, la condición de la Sra. Garrido empeoró y después de ese día, no volvió a responder a las preguntas de Andrés. Queriendo llegar al fondo de todo, el joven enfermero tomó algunos mechones de cabello de ella mientras arreglaba su cama, para prueba de ADN.

Los resultados confirmaron que ella era su madre, y era desgarrador pensar que nunca lo había reconocido. No supo qué hacer hasta que le contó a su padre todo lo que había sucedido durante su breve conversación.

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Un hombre mayor con un tablero de herramientas detrás. | Foto: Pexels

“Creo que te reconoció, hijo”, dijo su padre.

“¿Qué quieres decir?”.

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“Ella te dijo ‘Pequeño Lucas’. Probablemente, ese fue el nombre que te dio al nacer”, continuó Alex. Andrés no había pensado en eso hasta ese momento.

“¿Y si Lucas es otra persona?”, preguntó.

“Hijo, puede que nunca sepamos exactamente qué pasó o por qué te dejó en el metro. Pero si mi corazonada es correcta, si eres el pequeño Lucas, entonces sabemos con certeza que ella te amaba y probablemente no tuvo más remedio que dejarte”, razonó Alex.

“¿Cómo sabes que ella me amaba?”, quiso saber el joven, mientras las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.

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“Porque te recordaba a pesar de su enfermedad y del hecho de que no te ha visto en décadas. Si eso no es amor, no sé qué es”, explicó Alex.

Andrés tomó en serio las palabras de su padre. Cuidó de su madre con esmero y amor, aunque ella nunca más dio señales de reconocerlo. Alex también pudo conocer a la Sra. Garrido y le agradeció por haberle dado un hijo maravilloso.

De vez en cuando, la anciana miraba a Andrés de una manera que le hacía pensar que en realidad sabía quién era. Con el tiempo pudo convertirse en médico y se dedicó a investigar el Alzheimer con la esperanza de encontrar una cura para la terrible enfermedad.

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Perfil de una mujer mayor. | Foto: Pexels

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Ayudar a otros puede cambiar tu vida. Andrés se convirtió en cuidador y conoció a su madre biológica. Aunque ella nunca podrá reconocerlo, esto cambió su vida para mejor.

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Hay muchas maneras de convertirse en padre. Alex adoptó a un niño cuando él y su esposa no pudieron lograrlo de forma natural. Ser padre se trata de amor, no de ADN o biología.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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