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Indigente halla billetera en las escaleras del metro y se convierte en millonario 1 año después - Historia del día

Mayra Pérez
28 mar 2022
12:50
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La vida de un vagabundo cambia en forma radical cuando encuentra una billetera llena de dinero en las escaleras del metro y busca a su dueño para devolvérsela.

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Era casi el anochecer, y Javier Carreras estaba de vuelta en la estación de metro, donde sabía que habría una gran multitud ansiosa por volver a casa. Si tenía suerte, un alma bondadosa dejaría uno o dos dólares en su sombrero, y sería de gran ayuda para él.

Pronto, estuvo rodeado de personas que murmuraban sobre sus días, y veía cómo corrían a casa para encontrarse con sus cónyuges, charlaban con sus amigos y hacían planes para la noche.

Un vagabundo en una estación del metro. | Foto: Shutterstock

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Alguien tiró unos centavos en su sombrero de mendigo, y él miró a su alrededor para ver si había un policía que pudiera ahuyentarlo. Cuando se dio cuenta de que su camino estaba despejado, se acercó a los escalones, donde notó que se acercaban más personas.

Se sentó en el hueco de la escalera y colocó un cartel a su lado que decía: “Tengo hambre y no tengo hogar. ¡Por favor, ayúdame!”.

Algunas personas que pasaban se burlaban de él, pero otros fueron más empáticos y le dieron dinero y comida. Se sintió abrumado por la gratitud cuando una amable mujer le ofreció un sándwich y una manta caliente.

“Muchas gracias, señora”, dijo, sonriendo, mientras la mujer se alejaba.

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Después de reunir suficiente dinero, Javier decidió dar por terminado el día y retirarse al callejón donde solía dormir. Sin embargo, cuando se puso de pie, un hombre chocó contra él y dejó caer su billetera en el proceso.

“¡Lo siento, por favor, discúlpeme!”, dijo el hombre con prisas, mientras subía a bordo del tren antes de que las puertas se cerraran.

“¡No se preocupe!”, exclamó Javier, y murmuró entre dientes: “Por lo menos, se disculpó. Algunas personas ni siquiera hacen eso”, mientras volvía a recoger sus cosas.

De repente, la atención de Javier se centró en la billetera que el desconocido había dejado caer en las escaleras. “Señor”, dijo mientras se giraba rápidamente para acercarse a él. “¡Su... su billetera!”, gritó. Pero fue inútil porque el tren ya se había ido.

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Un vagón del metro lleno de personas. | Foto: Pexels

Javier no quería revisar la billetera, pero necesitaba la dirección y la información de contacto del hombre. Así que la abrió para buscar una identificación o algo, pero cuando comenzó a ver su contenido, quedó boquiabierto.

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¡La billetera estaba llena de dinero en efectivo! De hecho, ¡tenía MUCHO dinero! ¡Al menos $10.000! Por un momento, sus ojos brillaron al ver toda esa riqueza.

Pensó que con esa cantidad ya no tendría que vagar por las calles y podría vivir una vida feliz. Pero sabía que no estaba bien quedarse con el dinero, así que llevó la billetera a la estación de policía local.

El oficial Peterson, estaba impresionado. “¿Un vagabundo sin hogar que devuelve tanto dinero? Supongo que aún hay personas honestas en el mundo. Gracias por traerla. ¿Sabes algo sobre el dueño?”, preguntó, mientras hurgaba en la billetera.

“No encontré nada de eso dentro de su billetera, oficial”, respondió Javier. “Quiero decir, no había identificación ni nada, pero tenía muchas tarjetas de crédito y dinero. Supuse que el dueño estaría preocupado, así que decidí traerla”.

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“Si, ya veo. Haremos esto; lo encontraremos y se la devolveremos lo antes posible. ¿Dónde encontraste la billetera? ¿Y cómo te llamas?”.

“Soy Javier Carreras. La encontré en…”, Javier estaba a punto de revelar dónde había estado mendigando en el metro todas las noches, pero si la policía se enteraba, tendría que encontrar un nuevo lugar, cosa que no quería hacer.

La estación de metro era una buena opción para conseguir suficiente comida y dinero para sobrevivir. Pero no era fácil mentirle a un policía, así que se sinceró con él.

Una billetera llena de dinero. | Foto: Pexels

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“Entiendo. Me aseguraré de que nadie te moleste cuando estés ahí”, le ofreció. “Eso será como una recompensa por tu honestidad”.

“Gracias, oficial”, dijo Javier y salió de la comisaría, con la esperanza de que encontraran al dueño pronto. No sabía que sería demasiado pronto...

Unos días después, un hombre rico vestido con un esmoquin se detuvo junto a él. “¿Javier Carreras? ¿Es usted?”, preguntó con voz firme.

Javier levantó la mirada hacia el hombre. “Sí, soy yo”, dijo.

“Hola, mi nombre es David Miranda”, dijo mientras extendía su mano. “Le agradezco que me devolviera la billetera. Esa noche, tenía prisa y se me cayó en el camino. No suelo tomar trenes, pero mi auto se descompuso y necesitaba llegar a casa rápidamente. Realmente aprecio su ayuda”.

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“Oh, señor”, respondió Javier, agarrando su mano con ambas manos. “No fue un problema”.

Por la forma en que Javier le habló, David se preguntó por qué se había convertido en un vagabundo. Parecía educado y su aspecto no era el que uno esperaría en alguien que vive en las calles.

“Debo decir, Sr. Carreras, que es difícil encontrar gente como usted. Sinceramente, tengo curiosidad por saber cómo le iría en la vida si tuviese una mejor posición económica. Por favor, no me malinterprete…”.

Un hombre mayor, elegantemente vestido. | Foto: Pexels

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“La vida puede ser difícil a veces, señor”, comentó Javier, reflexionando sobre su trágico pasado. “Perdí mi casa y mi familia hace algún tiempo, y no tenía adónde ir... También había perdido mi trabajo y luego mis ahorros…”.

“En ese caso, le agradecería que aceptara esto. Estoy seguro de que le beneficiará de alguna manera”, dijo David, entregándole a Javier un sobre con dinero en efectivo.

“Eso es mucho dinero, señor”, respondió Javier, con vacilación. “Me temo que no puedo aceptarlo”.

David trató de persuadir a Javier de que debería quedarse con el dinero a cambio del favor que le había hecho, pero no quiso aceptarlo. Así que se le ocurrió una idea.

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“Bueno, en ese caso, le tengo una propuesta: ¿Qué tal si se une a mí en el trabajo? Soy un hombre de negocios y mi empresa tiene varias vacantes en este momento. Considere este dinero como un pago adelantado. Necesito un nuevo asistente y espero que acepte”.

“¿Habla en serio?”. Los ojos de Javier se llenaron de lágrimas. “¡Oh, Dios mío, gracias! ¡Muchas gracias, señor!”.

¡Javier no podía creer que David realmente quisiera contratarlo! Cuando su madre había enfermado gravemente algunos meses atrás, se había visto obligado a renunciar a su trabajo para cuidarla.

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Un indigente con un cartel en su mano. | Foto: Pexels

Desafortunadamente, ella había fallecido, y él quedó con muchas cuentas sin pagar que sus ahorros apenas podían cubrir. Finalmente, lo echaron de la casa y se quedó sin hogar.

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Desde entonces, había estado tratando de encontrar trabajo, pero todo había sido en vano. Entonces, cuando David le ofreció el trabajo, ¡Javier no podía contener su alegría!

“Señor Miranda, ¡no sabe el gran favor que me ha hecho! ¡He estado buscando trabajo durante meses!”.

“Bueno, entonces, ¿qué tal si recoge sus cosas y viene conmigo a la oficina? Eso sí, tendrá que trabajar ocho horas todos los días”.

“No me molesta en absoluto, señor. Eso suena perfecto para mí”, afirmó Javier mientras seguía a David a su auto.

El amable hombre ordenó a su secretaria que arreglara un apartamento para Javier a cargo de la empresa y lo instó a que comenzara a trabajar al día siguiente. “Piense en este como su último día libre, Sr. Carreras”, dijo con una gran sonrisa. “¿Le parece bien?”.

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Javier no podía agradecer lo suficiente por lo que había hecho. Desde el día que ingresó a su oficina, trabajó honestamente y dio lo mejor de sí. Y viendo su dedicación y honestidad, David nunca se arrepintió de haberle ofrecido un trabajo.

Pero eso no fue todo. Unos meses después de comenzar a trabajar, Javier conoció a la hija de su jefe, Kiara. Se conectaron desde su primer encuentro, y antes de que se dieran cuenta, estaban enamorados. Cuando David se enteró de su relación, les dio su bendición y unos meses después, se casaron.

Una pareja el día de su boda. | Foto: Pexels

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Un año después, David falleció de un paro cardíaco. Sin embargo, había redactado un testamento antes de su muerte, nombrando a Javier y Kiara como los únicos herederos de su patrimonio. ¡Javier se sorprendió cuando supo que se había convertido en millonario!

En honor a su difunto suegro, que tanto había hecho por él, decidió devolver una parte de su herencia a la sociedad. Hizo diversas donaciones caritativas e incluso abrió un albergue para indigentes en nombre de David.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

La amabilidad y honestidad siempre vuelve a ti de alguna forma. Javier le devolvió la billetera a David a pesar de la tentadora cantidad de dinero que contenía y, al final, su vida cambió para mejor.

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Nunca sabes cómo un pequeño acto puede cambiar tu vida para siempre. Javier no tenía idea de que viviría una vida feliz, y mucho menos se convertiría en millonario. Pero gracias a una buena acción, su vida cambió para bien.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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