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Mujer pobre deja que señora desconocida pase la noche en su casa: al otro día ve un sobre en la puerta - Historia del día

Mayra Pérez
06 abr 2022
13:30
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A pesar de su dura situación económica y la resistencia de su hija, Cynthia ofrece refugio a una extraña en su casa. Al día siguiente, recibe una recompensa inesperada por su generosidad.

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“¡No vamos a hacer esto! ¿Cómo pudiste dejar entrar a alguien así? ¡Mírala! Apesta a basura y su ropa... ¡Ay Dios!... NO, MAMÁ, NO LO VAMOS A HACER”.

Anna Parra le estaba gritando a su madre Cynthia por haber dejado entrar a una anciana desaliñada a su casa y ofrecerle un refugio nocturno.

Fachada de una linda casa. | Foto: Shutterstock

Fachada de una linda casa. | Foto: Shutterstock

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“No podemos dejar que se vaya, hija. Se ve frágil y cuándo habrá sido la última vez que comió. Y cree que su hijo Samuel todavía vive aquí. No tiene idea de que nos mudamos a esta casa hace un mes. Dice que no tiene a dónde ir y quiere verlo”.

“¡Estoy tan harta de tu caridad! ¿Por qué tenemos que seguir ayudando a todos cuando apenas sobrevivimos? ¿Y por qué no puedes simplemente decirle que no sabemos nada sobre Samuel? No hemos pagado las facturas de este mes, ¡y he tenido que reducir mis gastos cada vez más!”.

“Trata de ser más comprensiva, Anna. Se ve perturbada, parece haber pasado por una experiencia traumática. Podemos darle albergue por una noche, ¿no te parece?”.

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“¡Está bien, madre! Pero vamos a establecer límites. ¡No voy a dejarla entrar a nuestra habitación!”.

“Solo tenemos una habitación, y no podemos dejarla dormir en el suelo. Se enfermará y ya sabes el frío que hace”.

“¡Es imposible hablar contigo! ¿Por qué estás tan preocupada por ella?”, quiso saber Anna.

“Porque está pasándola mal, y es una persona mayor. No está bien cerrarle las puertas y dejarla a la intemperie, cuando podemos ayudarla al menos por esta noche”, le explicó Cynthia.

“¡Como tú digas! ¡No me importa!”, murmuró enojada mientras cruzaba la sala de estar y se sentaba en el sofá. Cynthia rápidamente preparó té y sándwiches y se los llevó a la anciana.

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Una mujer mayor con expresión preocupada. | Foto: Pexels

Una mujer mayor con expresión preocupada. | Foto: Pexels

“Por favor, tome un poco de té, señora. Se sentirá mejor”.

“Gracias, querida. ¿Por qué no me dices cuándo volverá mi Samuel? He venido a visitarlo. No lo he visto en más de un año. ¡Y ni siquiera se ha molestado en llamarme! Me pregunto dónde estará”.

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“Pues, no estoy muy segura, señora”, mintió Cynthia. “Posiblemente, regresará pronto. Mientras tanto, ¿por qué no come algo y descansa?”.

“Muchas gracias. Pero, ¿quién eres tú? ¿Y quién es esta jovencita? ¿Se quedan con Samuel?”.

“Pues sí, nos quedamos aquí. Mi nombre es Cynthia, y ella es mi hija Anna”.

“Tienes una hija encantadora, Cynthia, me recuerda a mi Sammy. Soy... Carolina. Sí, Carolina, ese es mi nombre”, dijo, haciendo un esfuerzo por recordar.

“Encantada de conocerla, Carolina. ¿Vive cerca?”.

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“¿Dónde vivo?”, preguntó a su vez, sin que pareciera conocer la respuesta. “He venido a ver a mi Sammy. No me ha visitado en mucho tiempo. Siempre dice que lo hará, pero nunca lo hace. Así que vine aquí para sorprenderlo. ¿Cuándo volverá a casa?”, preguntó esperanzada.

Una joven descansa sobre un colchón sin sábanas. | Foto: Pexels

Una joven descansa sobre un colchón sin sábanas. | Foto: Pexels

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El corazón de Cynthia se rompió cuando vio cuán esperanzada estaba Carolina de ver a Samuel. ¿Qué pasaría si descubriera que ella y Anna ni siquiera sabían quién era? ¿Sería capaz de manejarlo?

Después de ayudar a Carolina a acostarse esa noche, Cynthia sintió que le sería imposible dormir. Ella y su hija habían puesto un colchón en el piso de la cocina, pero la preocupación por lo que le diría a la anciana a la mañana siguiente la mantenía en vilo.

Se había percatado de que Carolina no recordaba muchas cosas con precisión. Tuvo dificultad para decir su nombre. No pudo recordar dónde vivía. “Espero que lo recuerde mejor mañana”, pensó.

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A la mañana siguiente, cuando Cynthia fue a saludar a Carolina, notó que estaba sentada inmóvil en su cama. “Buenos días, ¿Está bien?”, preguntó con dulzura.

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“¿Quién eres? ¿Y dónde estoy?”, quiso saber la anciana.

“Mi nombre es Cynthia. Anoche, vino aquí para ver a su hijo Samuel. ¿Recuerda que hablamos de él anoche?”, dijo en voz baja.

Ante eso, la mujer mayor rompió en llanto. “Estoy muy avergonzada. Después de perder a Sammy, las cosas se me confunden en la mente. Creo que por eso terminé aquí. Me disculpo sinceramente por molestarlas. ¡Lo siento!”.

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Un ataud con algunas flores en su superficie. | Foto: Pexels

Un ataud con algunas flores en su superficie. | Foto: Pexels

“No estoy segura de entender”, dijo Cynthia. “Samuel está…”.

“Murió hace un año", reveló Carolina. “Él tenía algunos amigos muy peligrosos y lo mataron. Yo no pude hacer nada para ayudarlo… Sammy, mi Sammy, ya no está conmigo. Nunca volverá”, logró terminar antes de quebrarse.

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“Oh, Carolina. Lamento profundamente su pérdida. ¡No tenía idea de que había vivido una experiencia tan dolorosa!”.

“No es culpa de nadie, querida. Gracias por ayudarme. Me iré ahora. Necesito irme a casa. Tú y tu hija han sido muy amables. Les agradezco mucho su paciencia”.

“Lo hicimos con gusto. Por favor, cuídese y avíseme si alguna vez necesita mi ayuda”, respondió Cynthia mientras le entregaba una nota con su dirección y número de contacto.

También empacó pan y galletas para la mujer mayor antes de despedirse y verla partir. Unos minutos más tarde, Anna se acercó corriendo a ella.

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“¡Mamá! ¡Mamá! Hay un sobre en la puerta de nuestra casa. No tiene nombre. Tengo curiosidad por saber quién lo dejó. Lo pondré sobre la mesa”.

¿Un sobre? Cynthia era huérfana y su esposo había muerto años antes, por lo que se preguntó quién se lo enviaría. Sin embargo, apenas lo abrió, todo comenzó a tener sentido. Lo había dejado Carolina. Contenía dos gruesos fajos de dinero en efectivo y una nota.

Una mujer sostiene un sobre blanco entre sus manos. | Foto: Pexels

Una mujer sostiene un sobre blanco entre sus manos. | Foto: Pexels

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Al comenzar a leerla, gruesas lágrimas se deslizaron por el rostro de Cynthia.

“Queridas, Cynthia y Anna,

Gracias por ayudarme y permitirme quedarme en su casa. Ahorré este dinero a lo largo de los años para dárselo a Samuel con la esperanza de que dejara de hacer las cosas terribles que hacía y dejara de andar con hombres aterradores.

Nunca pude dárselo y ahora no tiene ningún sentido guardarlo. Pienso que a ustedes puede serles de mayor provecho, así que he decidido dárselo en agradecimiento. Espero que les sea de mucha ayuda. Gracias, una vez más, por ayudarme.

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Con amor,

Carolina”.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

No hay nada más difícil y doloroso que la muerte de un hijo. Para Carolina, la partida de su hijo era tan dura de aceptar que, por momentos, su mente se evadía y negaba la realidad.

Ayudar y ser amable con el prójimo es siempre una buena decisión. El buen corazón de Cynthia y su empatía con la situación de Carolina en una noche difícil fue bien recompensado por la anciana y así ambas se ayudaron mutuamente.

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