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Niño encuentra un auto abandonado en el bosque y nota una caja vieja adentro - Historia del día

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Justo disfruta de las caminatas con su familia, pues es su pasatiempo favorito. Un día, mientras caminaba por el bosque, encontró un auto abandonado con una vieja caja cerrada adentro. Decidió averiguar qué había dentro.

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Justo y el resto de la familia Jiménez disfrutaban de las caminatas. Conducían a los mejores lugares para hacer caminatas por todo el país, ya fuera el bosque, las colinas o las montañas.

Un fin de semana, decidieron conducir hasta un bosque a 160 kilómetros de su casa. Armaron un campamento donde pasarían la noche.

Automóvil antiguo abandonado en medio del bosque. | Foto: Shutterstock

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Mientras buscaba hongos frescos para recoger, el niño se dio cuenta de que había perdido el rastro de su familia al alejarse demasiado. “¡Mamá! ¡Papá!”, gritó, pero nadie respondió.

Siguió caminando por el bosque, tratando de volver sobre sus pasos. Se sorprendió al ver un viejo auto abandonado en el camino. Como estaba oscureciendo, decidió esperar dentro del vehículo por si aparecía algún animal salvaje.

Después de varios minutos, escuchó a su padre desde la distancia. "¡Justo! ¿Dónde estás?".

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“¡PAPÁ! ¡Estoy aquí! ¡PAPÁ!”, gritó de vuelta. Escuchó pasos acercándose, y cuando finalmente vio a su papá, corrió a abrazarlo.

“¡Pensé que iba a tener que pasar la noche solo!”, dijo Justo, aliviado. “¡Mira lo que encontré!”, agregó.

Su padre se maravilló con el auto antiguo. Decidieron echar un vistazo al interior, preguntándose si encontrarían algo interesante. Cuando revisaron el baúl, vieron una caja vieja con un texto tallado: “Si encuentras esta caja, llévala a la siguiente dirección. 05/07/1995. Vicente Duarte”.

Campamento con carpas en medio del bosque. | Foto: Pexels

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“Esa dirección está a solo unos tres kilómetros de aquí”, le dijo Justo a su padre. “¿La llevamos?”, preguntó.

Su papá procedió a llevar la caja. Era grande y pesada. La dejó en el suelo y la abrió lentamente, y lo que encontraron dentro fue asombroso. Había varios lingotes de oro y fotos de personas con uniformes militares. También había joyas y varias medallas militares.

“¡Esto cuesta mucho dinero! Me sorprende que nadie haya encontrado esta caja antes”, comentó el padre de Justo. “Vamos a llevarla al campamento”, dijo, guiando a su hijo de regreso a donde estaba su mamá.

Cuando llegaron al sitio, Justo le mostró a su madre lo que encontraron. “Bueno, ¿qué quieres hacer con eso?”, preguntó la mujer.

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Sin pensarlo mucho, el chico respondió: “Deberíamos llevar la caja con su contenido a la dirección escrita, por supuesto. Alguien debe estar buscándola”.

Sus padres sonrieron. “Buen trabajo. Estamos orgullosos de ti por elegir lo correcto”, dijo su madre.

Al día siguiente, después de completar su viaje de campamento, se dirigieron a la dirección escrita en la caja. Cuando el padre de Justo llamó a la puerta, salió una mujer de unos 60 años. “¿En qué puedo ayudarle?”, preguntó la anciana.

Un hombre y un niño caminando juntos a través de un sendero en el bosque. | Foto: Pexels

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“Hola señora, ¿cuál es su nombre?”, preguntó Justo.

“Mi nombre es Laura Díaz”, respondió ella. Después de confirmar su apellido, el papá de Justo le mostró la caja. Ella contuvo la respiración, muy sorprendida de que alguien finalmente hubiera encontrado el baúl.

“Vaya…”, dijo ella, con lágrimas en los ojos. “Mi esposo se enteró de que su abuelo le había dejado una herencia hace como 25 años. Su abuelo la enterró en el bosque para que el papá de mi esposo no se la robara”, comenzó a explicar.

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“Mi marido fue a buscarla, pero nunca regresó. Encontramos su cuerpo cerca de la carretera, congelado. Intentamos buscar el auto, pero nadie lo encontró en los bosques cercanos. Es un milagro que hayas encontrado eso”. Dijo Laura, limpiándose las lágrimas.

“Las autoridades dijeron que probablemente su automóvil se averió y salió a buscar ayuda. Nunca encontró auxilio y murió en el camino. Probablemente se perdió”.

A Laura no podría importarle menos el oro dentro de la caja. En cambio, apretó las fotos de su esposo cerca de su pecho, de repente anhelando su compañía. “Te extraño mucho, José”, pensó para sí misma.

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Una anciana parada frente a un espejo. | Foto: Pexels

La familia de Justo le dio un momento para revisar la caja. Después de un tiempo, la anciana levantó la vista y dijo: “Nunca tuvimos hijos, y no tengo nada en qué gastar”.

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“No necesito el oro, por favor, consérvenlo. Solo me gustaría tener sus medallas, las fotografías y las joyas porque esta es una reliquia familiar de mi esposo”, agregó.

“No, no podemos aceptar el oro, señora. Esto es suyo”, dijo el padre del niño, negándose.

“Insisto. Por favor, úsenlo en algo bueno”, dijo Laura, empujando la caja hacia Justo.

Aunque el chico y sus padres intentaron negarse unas cuantas veces más, la anciana no aceptó un no por respuesta. Entonces, se fueron con una caja de oro en su haber.

Cuando regresaron al auto, Justo le preguntó a su padre: “Papá, la casa de Laura se veía muy vieja, casi parecía abandonada. ¿Podemos arreglarla?”.

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El padre del niño sonrió y estuvo de acuerdo. “Por supuesto que podemos. Venderemos el oro y repararemos su casa. Lo que quede del dinero, lo donaremos a la caridad”.

Entonces, un día, Laura se sorprendió al ver a Justo y a su familia en su propiedad. Le contaron sus intenciones y ella lo apreció mucho. Siempre había soñado con arreglar su casa, pero no creía que fuera necesario.

Unos hombres restaurando una vivienda. | Foto: Pexels

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Ese día marcó el comienzo de una preciosa amistad entre la anciana, Justo y sus padres. La visitaban constantemente y ella cocinaba para ellos con entusiasmo sus recetas favoritas que no había cocinado en mucho tiempo.

A veces, la familia también invitaba a Laura a su casa para que no tuviera que pasar las vacaciones sola.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Siempre debemos hacer lo correcto, sin importar cuán tentador sea no hacerlo. Los padres de Justo lo pusieron a prueba cuando le preguntaron qué quería hacer con la caja. No dudó en decir que quería devolverla a su legítimo propietario en lugar de quedársela.

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Siempre debemos tratar de devolver el favor. Laura quería que Justo y su familia se quedaran con el oro después de que le devolvieron la caja de su difunto esposo. Si bien podrían haberlo conservado, la familia decidió usarlo para renovar la casa de la anciana.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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