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Mujer que es novia del dueño de un restaurante se entera de que él solo contrata a huérfanos - Historia del día

Mayra Pérez
01 may 2022
20:30
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Una mujer comienza a salir con un joven muy exitoso y humilde. Luego nota algo peculiar en los empleados de sus restaurantes: todos son huérfanos, al igual que ella.

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Cuando Sandra Hurtado regresó a su ciudad natal a la edad de 25 años, se sentía muy sola. Había crecido en un hogar de acogida en una ciudad diferente. Realmente no había ningún lugar al que pudiera llamar hogar y sentía nostalgia.

Era una fría y brumosa tarde de domingo y Sandra entró en un restaurante cercano. Pidió un chocolate caliente y se distrajo mirando por la ventana. Entonces una voz agradable interrumpió su ensueño.

Una mujer pasa el rato en una cafetería. | Foto: Unsplash

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“¡Hola! Esta es tu primera vez aquí, ¿verdad?”. La voz pertenecía a un hombre alto y guapo con una dulce sonrisa. “¡Conozco a todas nuestras clientes habituales, y ninguna de ellas es tan bonita como tú!”.

Sandra se rio. “¡Seguramente le dices lo mismo a todas!”, dijo.

“¡Solo a las que son así de lindas!”. El hombre sonrió. “Soy Javier Vásquez. ¿Te importa si me siento contigo?”.

Sandra aceptó con un gesto y en poco tiempo los dos charlaban alegremente como si se conocieran de toda la vida. La camarera trajo su pedido; fue amable y amistosa.

Todo el personal era muy agradable y servicial; charlaban alegremente con sus clientes. “¡Este es el lugar más feliz que he visto!”, comentó Sandra. “Deben tener un gran jefe”.

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El rostro de Javier se iluminó con una gran sonrisa. “¡Gracias!”, exclamó. “Siempre es bueno ser apreciado”.

“¿Tú eres el jefe?”. Sandra se sorprendió al ver la ropa informal de Javier.

“Me gusta mantener las cosas informales”, explicó. “Aquí somos una familia, más que cualquier otra cosa”.

Un hombre joven con una gran sonrisa. | Foto: Pexels

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“Familia…”, susurró Sandra. “Eso es algo que nunca he tenido”.

“Lo siento”, dijo Javier con empatía. “¿Perdiste a tus padres?”.

“No los conocí. Me crie en un orfanato”, respondió Sandra. “Todos fueron muy amables, pero... me sentía tan sola... Cuando cumplí 18 años, me sacaron de ahí. Las familias no hacen eso”.

La cálida mano de Javier cubrió la de ella y dijo en un tono comprensivo: “No, no lo hacen. Lamento mucho que hayas pasado por eso, Sandra. Pero sabes, algún día tendrás una gran familia. ¡Estoy seguro de eso!”.

Durante los siguientes seis meses, Javier y Sandra se veían a menudo y ella se enamoró de él. Él no solo era muy atractivo, era amable, considerado y, sobre todo, humilde.

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Para sorpresa de Sandra, a pesar de que Javier era dueño de una serie de restaurantes, conducía un automóvil promedio y vivía en un apartamento bonito, aunque nada lujoso. Y sus empleados claramente lo adoraban.

Una de las meseras elogió a Javier: “Es el mejor jefe, ¿sabes? ¡No estaría donde estoy sin su ayuda!”.

“¿Qué pasa con tu familia?”, preguntó Sandra, con más curiosidad que discreción. “¿No están contigo?”.

Una camarera sirve un café a una cliente. | Foto: Unsplash

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La camarera negó con la cabeza. “Crecí en un hogar de acogida. Mis padres... ¡Es complicado! Yo era una persona muy infeliz cuando Javier me ofreció un trabajo. Él fue muy paciente conmigo. Es un hermano mayor increíble”.

Posteriormente, en una conversación con el chef, Sandra supo que también era huérfano... De hecho, todos quienes formaban el personal de los seis restaurantes de Javier lo eran. ¿Pero por qué? Él había mencionado a su padre con mucho cariño, por lo que tenía una familia.

Un día, Sandra decidió preguntarle. “Javier”, dijo ella. “Me he dado cuenta de que gran parte de tu personal... Bueno, provienen de entornos similares... De orfanatos u hogares de acogida…”.

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Javier asintió. “Sí”, respondió. “Siempre que puedo, trato de darles a quienes salen del sistema sus primeros trabajos. Salen al mundo a los 18 años y se sienten tan perdidos”.

“Entonces comienzan a trabajar aquí, los ayudo a encontrar un apartamento y, lo mejor de todo, se vuelven parte de la familia en la que somos iguales en muchos sentidos”.

“Aunque el negocio me pertenece, todos los empleados, incluyéndome, percibimos exactamente los mismos ingresos”.

“Los conozco a todos, cuáles son sus sueños, lo que anhelan, conozco a cada uno como a un hermano. Los animo a estudiar, a seguir su pasión y cuando encuentran su propio camino, siempre se mantienen en contacto”.

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“¡Eso es increíble!”, dijo Sandra. “¡Hubiera significado mucho para mí haber sentido ese tipo de apoyo cuando dejé el orfanato!”.

Un cocinero pica algunas zanahorias. | Foto: Unsplash

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Javier agachó la cabeza. “Lo siento mucho”, dijo. "Pero te perdí el rastro cuando te llevaron con una familia adoptiva en otra ciudad”.

Sandra estaba atónita. “¿Qué quieres decir con que me perdiste el rastro?”.

Javier metió la mano en su bolsillo y sacó un viejo cuaderno y se lo entregó a Sandra. Ella lo abrió vacilante. Las dos primeras páginas eran una lista de personas que ya había conocido en sus restaurantes.

Pasó la página y había otra lista, pero esta vez Sandra no reconoció ninguno de los nombres. Javier le explicó: “Esos son chicos a punto de salir del sistema y pronto los voy a contratar”.

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Sandra pasó una página más, ¡y allí estaba su propio nombre! “¿Qué hace mi nombre aquí?”, preguntó sorprendida. “Cuéntame lo que está pasando”.

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“Escucha”, dijo Javier en voz baja. “Cuando tenía 8 años, mis padres murieron en un accidente y me internaron en un orfanato. Estaba tan asustado y desconsolado que quería morir. Pero una niña pequeña vino, se sentó a mi lado y me tomó de la mano”.

“Solo estuve en el orfanato durante tres meses. En ese tiempo, esa niña estuvo allí para mí. Ella me salvó la vida, y esa niña eras tú, Sandra Hurtado. Fui adoptado por un hombre maravilloso, y heredé sus restaurantes”.

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Un par de niños al aire libre. | Foto: Pexels

“Estaba decidido a ayudar a otros huérfanos y así lo hice, aunque nunca dejé de buscarte. Un día, simplemente entraste. Reconocí tus ojos. Te amaba cuando era niño, y te amo ahora que te has convertido en una gran mujer, una absolutamente encantadora”.

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“Hago lo que hago por ti, me has hecho el hombre que soy y quiero que seas mi esposa”.

Sandra miró a Javier a los ojos, y bajo la máscara que el tiempo y la madurez le habían dado, vislumbró otro rostro, el rostro de un niño desconcertado y destrozado cuyo mundo se había derrumbado.

Ella era la niña más pequeña del orfanato y, sin embargo, había encontrado en su pequeño corazón la fuerza y ​​la compasión para ofrecerle apoyo. Esa ternura que ella le había mostrado lo había ayudado a superar esos primeros días de pesadilla e inspiró la misión de su vida.

Sandra se inclinó sobre la mesa y tomó su mano, tal como lo había hecho hace tanto tiempo. “¡Sí!”, exclamó feliz. “¡Sí, siempre sí!” y gruesas lágrimas de alegría rodaron por su rostro.

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Sandra y Javier se casaron y a su boda asistieron cientos de invitados: las personas a las que él había ayudado a lo largo de los años. Estaban rodeados de la familia que él había forjado, inspirado por una niña generosa.

Una pareja celebra su boda. | Foto: Unsplash

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

El verdadero amor ocurre en un instante y dura toda la vida. Javier amaba a Sandra por su amabilidad con un niño huérfano, y cuando la volvió a ver, veinte años después, su amor por ella solo creció.

Siembra semillas de la bondad y cosecharás amor a raudales. La amabilidad de Javier hacia otros huérfanos terminó construyendo una familia enorme y llena de amor verdadero.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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