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Millonario planea demoler un viejo refugio hasta que entra y ve una foto suya de la infancia - Historia del día

Mayra Pérez
14 may 2022
01:20
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Un hombre rico quería demoler un refugio y convertirlo en un importante centro de entretenimiento para expandir su negocio. Sin embargo, sus planes dieron un giro cuando encontró en la casa una foto suya de cuando era niño.

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El empresario millonario Jordan Morgan era un hombre muy ambicioso, que no se detenía hasta lograr sus objetivos. Ahora, su mirada estaba puesta en transformar un refugio para personas sin hogar en su ciudad natal en un gran centro de entretenimiento.

Jordan había sido un niño muy pobre, que se había labrado su riqueza con mucho esfuerzo. Comenzó como cargador y se abrió camino convertirse en el dueño de una gran empresa de construcción.

Un hombre joven frente a un amplio ventanal. | Foto: Pexels

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Y ahora, Jordan estaba decidido a hacer realidad su sueño de establecer un centro de entretenimiento. Quería comprar el terreno donde se encontraba el refugio. 

Los residentes habían protestado enérgicamente, alegando que el lugar era un faro de esperanza para los desfavorecidos y su único hogar. El asunto se había convertido en una batalla legal.

Una mañana, Jordan se dirigía al tribunal rebosante de felicidad. Estaban a punto de pronunciar el veredicto final del caso y él no podía esperar.

Apenas unos minutos antes del gran momento, estalló una conmoción dramática dentro del recinto, protagonizado por las personas sin hogar. El acto fue aplazado. Jordan estaba furioso, aunque confiaba en que igual fallarían a su favor.

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Cuando estaba a punto de abordar su vehículo, un anciano se le acercó y lo tomó de la mano.

“¡No puedes quitarnos nuestro hogar!”, gritó el pobre anciano, temblando. “Estás obligando a varias familias y a sus hijos a dormir en las calles. No cometas ese error. Lo más importante en el mundo no es el dinero”.

Jordan sonrió burlonamente mientras apartaba la mano del anciano. “¿Un hombre que no puede alimentarse me está dando lecciones sobre el dinero? ¡Empieza a empacar tus pertenencias lo antes posible! ¡Porque este pedazo de tierra será mío! ¡Ahora apártate del camino!”.

Jordan se sentó en su automóvil y le indicó a su conductor su próximo destino. El desafortunado anciano siguió rogándole e incluso corrió detrás del auto, pero sus gritos no fueron escuchados.

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Rostro de un anciano. | Foto: Pexels

Unos minutos más tarde, el auto de Jordan se detuvo al costado de una floristería, donde compró un enorme ramo de las flores. Luego, se dirigió al hospital donde estaba internada su madre. 

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Recientemente, ella se había sometido a una cirugía de corazón y Jordan quería contarle sus planes de construir un centro de entretenimiento en su ciudad natal. Pensaba que eso le levantaría el ánimo.

Sin embargo, cuando le dio la noticia a la señora Morgan, el rostro de ella cambió. “Jordan”, dijo en voz baja. “¿Cómo vas a demoler una casa que alberga a tanta gente necesitada?”.

“¡Vamos, mamá! ¿Te das cuenta de lo valiosa que es esa propiedad? Si desarrollo ese centro de entretenimiento, podré extender mi negocio”.

“Pero, cariño”. La anciana estaba a punto de decir algo cuando comenzó a sentirse mal. Jordan se dio cuenta, y rápidamente llamó a un médico, quien le aconsejó que la dejara descansar. 

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Más tarde, le informaron que su madre aún se estaba en recuperación y que hablar o preocuparse podría forzar su corazón.

Esa noche, Jordan hizo planes para hacer un recorrido por el refugio con un equipo de especialistas, a fin de establecer un plan de construcción. Eran las 10 a.m. cuando todos ingresaron al lugar. 

De repente, una anciana se le acercó. Caminaba con un bastón, su ropa estaba sucia y parecía tener más de 80 años. No dijo nada, solo lo miró fijamente por un momento antes de sonreír. 

Una anciana preocupada. | Foto: Pexels

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“¡Mírate! ¡Cómo has crecido!. Pero no has cambiado ni un poco. Eres el mismo pequeño Jordan que recuerdo de hace años”.

“¿Disculpe? No la conozco. ¿Nos hemos visto antes?”, preguntó Jordan, levantando una ceja.

“Por supuesto, querido. ¿No recuerdas este refugio?”, respondió ella con una sonrisa. “Quizás deberías preguntarle a tu madre”, dijo con los ojos llorosos. “Eso te ayudaría a entender lo importante que es para muchas personas”.

Jordan perdió la calma. “Señora. ¡Por favor, apártese de mi camino o le pediré a mi secretaria que la eche de aquí!”.

El rostro de la anciana mostró su angustia. “¡Por favor, te lo ruego! No tenemos otro lugar donde vivir. ¿Adónde iríamos a esta edad?”, rogó. Jordan la ignoró. Le hizo un gesto a su secretaria para que se deshiciera de la anciana y se trasladó a la habitación contigua.

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Estaba detallando la siguiente etapa de su plan de construcción a su equipo, cuando su mirada se dirigió a un estante de madera en una esquina que contenía algunas fotos enmarcadas. De repente, le llamó la atención una de ellas. La cogió para echar un vistazo más de cerca.

“¿Por qué hay una foto mía y de mi mamá en una casa para personas sin hogar?”, se preguntó el hombre, mientras sostenía el marco que contenía la antigua fotografía.

Una anciana con sombrero de playa. | Foto: Pexels

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El señor David, propietario del refugio, y quien también estaba recorriendo las instalaciones con Jordan y su equipo, lo observó con detenimiento y sonrió.

“¿Está bien, señor Morgan? Parece que la foto le resulta familiar”, dijo mientras se acercaba a él.

“¿Cómo terminó esta fotografía aquí?”, preguntó Jordan algo alterado. “¡¿POR QUÉ HAY UNA FOTO DE MI MADRE Y YO EN ESTE LUGAR?!”.

El señor David sonrió y dijo: “He estado trabajando aquí durante los últimos 40 años, y aunque soy un viejo, nunca olvidaré a las personas que han vivido aquí. Tu madre fue una de ellas”, reveló.

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“Ella vino aquí cuando tenías un año. Dijo que su esposo había muerto y que no tenía adónde ir. Los acogimos y vivieron aquí hasta que pudo conseguir un trabajo y un lugar propio para vivir. Creo que tenías tres años cuando se fueron.

Jordan estaba desconcertado. Era consciente de que su madre lo había criado con dificultades y que habían sido muy pobres en el pasado, pero no tenía idea de que estaba a punto de demoler la casa donde los habían albergado a él y a su madre. Se sintió terrible y tomó una gran decisión.

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Después de unos días, el tribunal concluyó que la tierra era de Jordán y que podía construir en ella. En la sala del tribunal, las personas comenzaron a acusarlo de ser insensible y duro.

Una pared llena de fotografías. | Foto: Pexels

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“¡Orden! ¡Silencio en la corte!”, dijo el juez. Jordan se levantó de su asiento y se volvió hacia los presentes en la sala. Su madre también estaba allí, en una silla de ruedas.

“PIDO DISCULPAS A TODOS”, gritó a todo pulmón. Se hizo un silencio absoluto en el tribunal y todos los ojos estaban fijos en él.

“Lo siento”, repitió. “Estaba tan consumido por la codicia que olvidé del prójimo. La tierra por la que luché ahora es mía, pero no llevaré a cabo ninguna construcción para beneficio personal. Tengo la intención de renovar el refugio con el fin de hacerlo más adecuado para los necesitados”.

“Lo siento, mamá”, continuó. “No me di cuenta de que estaba a punto de demoler el lugar donde tuviste que acudir con un bebé hace 32 años. Me disculpo una vez más, y me gustaría enmendarme. Me he dado cuenta de que hay varias cosas en la vida que son más importantes que el dinero, como el amor, la bondad y la unión”.

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El anciano que lo había abordado días atrás, se levantó de su asiento y comenzó a aplaudir. Otros hicieron lo mismo, y la señora Morgan estaba derramando lágrimas de orgullo por la sabia decisión de su hijo.

Un hombre en una sala de conferencias. | Foto: Unsplash

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

En cada decisión de vida, debería prevalecer el amor y el respeto al prójimo. Jordan se dio cuenta de que estaba equivocado al privar a tanta gente de su hogar, solo cuando supo que, alguna vez, él y su madre habían estado en su posición.

El dinero no siempre justifica acciones que perjudiquen a otros. Para Jordan, destruir el hogar de personas con problemas económicos para aumentar aún más su riqueza era justificable y durante un tiempo no fue capaz de escuchar ningún otro argumento. 

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com

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