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Hijo echa a su padre porque se niega a pagar renta para quedarse en su casa - Historia del día

Mayra Pérez
12 may 2022
14:00
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Pasé años de mi vida lleno de resentimiento contra mi padre porque me había abandonado cuando más lo necesitaba. Cuando regresó a mi vida, no me fue fácil manejar tanto odio.

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Un día abrí la puerta y vi a alguien que no esperaba. Era mi padre. No lo había visto por años. De hecho, no había querido verlo.

“Hola hijo. Lamento venir así. Intenté llamarte, pero no contestaste tu teléfono”, me dijo.

Un gran pastel de cumpleaños número 18. | Foto: Pexels

Un gran pastel de cumpleaños número 18. | Foto: Pexels

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“¿Qué quieres?”, pregunté en mal tono.

“Me preguntaba si tal vez podría quedarme contigo... No tengo un lugar en este momento, así que…”.

“Puedes quedarte. Pero tienes que pagar el alquiler”.

“Pero no tengo nada de dinero... y tú eres la única persona que puede ayudarme”.

“No me importa”, dije, sintiendo que mi corazón se aceleraba. “Puedes vivir en la calle. ¡Ojalá Dios te hubiera llevado a ti en lugar de a mi mamá!”.

Cerré la puerta y vi a mi esposa justo detrás de mí. Estaba enojada con lo que acababa de pasar; ella no tenía idea de lo que yo había vivido con ese hombre. Me presionó para que le contara, así que lo hice.

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Todo comenzó cuando cumplí 18 años. Mi madre había fallecido 2 años antes, así que creo que mi padre todavía se estaba adaptando para asumir ambos roles. Me preparó una fiesta sorpresa de cumpleaños.

Después de la celebración, me preguntó sobre lo que planeaba hacer con mi vida y yo dije: “¡¿qué te importa?!

Una pareja discutiendo. | Foto: Pexels

Una pareja discutiendo. | Foto: Pexels

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Me dijo que yo era mayor de edad y que si quería quedarme con él en la casa tenía que pagar algún tipo de renta. Yo estaba tan enojado. ¿Pagar renta? ¿A mi propio padre? ¿Está loco?

Me explicó que eso era lo normal y que tenía que crecer. Cuando le dije que prefería vivir en un dormitorio de la universidad antes que pagarle un alquiler, dijo que no podía pagarme estudios y que tendría que pagarlos yo. Que debería conseguir un trabajo o un préstamo.

“Me sentí traicionado, Julia. No me esperaba eso. Por eso me fui”, le dije a mi esposa.

Julia me contó que mi padre se le había acercado unos días antes y ella le había dado nuestra dirección. Y había decidido ocultarme esa información…

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Y luego, me sugirió que perdonara a mi padre. “Han pasado años”, dijo.

Pero no, yo no estaba listo. No quería perdonarlo. Él me había echado a la calle. “No, Julia, trabajo mucho para cubrir nuestros gastos y no quiero cargar con él. ¡Él me abandonó y no puedo perdonarlo!”, le dije.

“¡Vamos, cariño, él es tu padre!”, dijo mi esposa.

“¡No entiendes! Solo mi madre me amaba de verdad. Y ella nunca habría permitido que me echara de mi propia casa”.

Una pareja en una discusión. | Foto: Pexels

Una pareja en una discusión. | Foto: Pexels

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“Nacho”, interrumpió Julia, “¿conoces el lado de la historia de tu padre? Quiero decir, perdiste a tu madre, pero él perdió a su esposa... ¿Has pensado en cómo esto también lo afectó a él?”.

“¿Sabes que? ¡Basta!”, le grité: “¡¡No quiero seguir escuchándote!!”.

Julia casi se echó a llorar. Solíamos llevarnos muy bien y yo sabía que ella estaba tratando de ayudarme. Decidí tomar un poco de aire fresco y salí a caminar.

En unos de los bancos del parque vi a un hombre durmiendo. Parecía un vagabundo. Al mirarlo con atención… ¡Era mi padre!

“¡Papá, despierta! ¿Estás bien?”.

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Se despertó de inmediato, “Nacho, ¿eres tú?”.

“¡Sí, papá, lo siento mucho! Yo solo…”.

“Hijo, quiero que me escuches. Yo solo quería que te fuera bien en la vida y…”.

“Tranquilo papá, está bien, está bien”.

Una persona duerme en un banco público. | Foto: Pexels

Una persona duerme en un banco público. | Foto: Pexels

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Se echó a llorar. “Pensé que si tenías que pagar el alquiler, entonces tal vez… tal vez seguirías adelante. Quería ayudarte, hijo. Pasabas todo el día sentado en el sofá. No estabas haciendo nada”. Estaba visiblemente emocionado: “Quería motivarte para que consiguieras un trabajo y vivieras tu vida”.

“No pude pagar tu universidad porque invertí el dinero en mi negocio y… te lo iba a dejar en herencia. Pero lo perdí todo, Nacho”.

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Finalmente, entendí lo que Julia quería decir. Su parte de la historia. Todo lo que había hecho fue con buenas intenciones. Y yo no podía dejarlo así. Sabía que era la única persona que le quedaba.

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“Ahora entiendo, papá”, respondí. “De no ser por ti, me hubiera quedado en ese sofá y no hubiera logrado nada. Me empujaste, me hiciste reaccionar. Necesitaba salir de mi zona de confort”.

“Sí, eso es lo que quería, Nacho”.

“No pude verlo en ese momento. Pensé que me estabas traicionado. Pero debido a que hiciste lo que hiciste, ahora tengo un gran trabajo y una buena vida. ¡Y todo es gracias a ti!”

Un hombre mayor muy preocupado. | Foto: Pexels

Un hombre mayor muy preocupado. | Foto: Pexels

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“Sé que hice muchas cosas… sé que te lastimé, hijo. ¿Puedes perdonarme?”.

De repente, sentí que algo se movía dentro de mí. Nunca antes había podido perdonar a mi padre, pero ese día lo hice. Por fin.

“Así es, papá. Y quiero que también me perdones a mí. He tenido esta rabia durante tantos años… intenté superarla sin mucho éxito. Pero ahora, lo entiendo… y sé que estaba equivocado”. Me puse de pie y lo tomé de la mano. “Vámonos a casa, papá. Tenemos mucho de que hablar…”.

“Gracias hijo. ¡Te quiero! ¡Siempre te he querido!”

“¡En casa te esperan dos pequeños que ya te adoran! ¡Eres abuelo!”.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Siempre debemos apreciar a nuestros padres. En general, cada uno de ellos hace lo mejor que puede, con errores y aciertos. Debemos ser honrados y agradecidos con ellos por darnos la vida y cuidarnos.

El perdón te permite seguir adelante y vivir en paz. Nacho guardó rencor contra su padre durante tantos años y se sintió libre cuando por fin pudo perdonarlo.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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