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Dos hermanos van a buscar su herencia y descubren que ha desaparecido - Historia del día

Georgimar Coronil
27 may 2022
12:35
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Jorge y su hermano mayor, Daniel, se sorprendieron cuando descubrieron que les habían robado parte de su herencia. Aunque el sospechoso fue detenido, Jorge sabía que algo no iba bien. Un día, oyó por casualidad al loro de su difunto padre hablar de los objetos robados, lo que dio a conocer al verdadero ladrón.

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Adán y Estela Jurado eran una pareja con dificultades que apenas tenía lo suficiente para llegar a fin de mes. Eran tan pobres que cuando nació su primer hijo, Daniel, ni siquiera podían permitirse juguetes y ropa adecuada para él. Sin embargo, su suerte cambió cuando llegó su segundo hijo.

Cuando Estela dio a luz a Jorge, los Jurado ya tenían una gran mansión. El negocio de muebles de Adán prosperaba y estaba abriendo varias sucursales fuera de la ciudad.

Ave. | Foto: Pexels

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Fueron una familia feliz por un tiempo, hasta que Estela falleció y todo cambió. Antes de morir, ella le regaló a su esposo un loro llamado Pedro que se convirtió en su mejor amigo.

Por otra parte, los hijos de la pareja se convirtieron en exitosos profesionales que se mudaron fuera de la ciudad. Visitaban a menudo a su padre, pero poco a poco, Daniel empezó a distanciarse, sobre todo porque sentía envidia de Jorge, porque sentía que había tenido mucha suerte desde que nació.

Con el tiempo, Daniel se centró más en su carrera y su matrimonio. Apenas hablaba con Adán por teléfono de vez en cuando.

Por el contrario, Jorge siempre fue un buen hijo. Sabía que su padre estaba enfermo y viejo, así que siempre se esforzaba por asegurarse de que fuera feliz.

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Un día, hizo una visita sorpresa a Adán. Él estaba encantado porque estaba esperando con ansias recibir los dulces que Jorge siempre le llevaba y eran sus favoritos.

"¡Hola, Pedro!", gritó Jorge desde el porche al ver al loro de su padre.

La pequeña ave era más que una mascota para Adán, siempre trataba al pájaro como su tercer hijo y nunca iba a ningún sitio sin él. Además, el hombre estaba orgulloso de la increíble capacidad de hablar que tenía Pedro.

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Durante varios años, Adán había entrenado al loro para que hablara haciéndole repetir cosas que oía decir a la gente, ya fuera en persona o en la televisión.

Hombre viendo una foto. | Foto: Pexels

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"¿Cómo estás?", decía Pedro a menudo, imitando a Jorge cada vez que visitaba a su padre.

Lamentablemente, esa visita de Jorge resultó ser la última. Su padre fue ingresado en una sala de urgencias del hospital tras el empeoramiento de su salud.

Aunque Jorge esperaba que su padre se recuperara, el destino tenía otros planes. Adán falleció varios días después. Su funeral se convirtió en una reunión multitudinaria a la que asistieron decenas de personas.

Como Adán siempre mantuvo una relación amistosa con todos los habitantes de la ciudad, la gente acudió a presentar sus últimos respetos. Incluso Daniel vino, pero prefirió ser un invitado más en el funeral de su padre.

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"¿Cómo estás, hermano?", preguntó Jorge a Daniel de forma amistosa. "Me alegro de verte... Ha pasado mucho tiempo".

Daniel permaneció indiferente y frío. Ignoró a Jorge durante toda la reunión, esperando ansiosamente a que el abogado hablara del testamento de su padre tras la ceremonia.

Cuando los invitados se marcharon, solo quedaron los dos hermanos, distantes pero bajo el mismo techo. El abogado de la familia, Joel Nelson, les habló del testamento un poco más tarde.

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"Los veré mañana en mi despacho", les dijo. A Jorge no le interesaba la herencia tras la muerte de su padre, pero la emoción de Daniel por la misma sí era muy evidente.

Hombre en un funeral. | Foto: Pexels

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Al día siguiente, los hermanos visitaron al abogado para la lectura del testamento. Daniel se emocionó cuando se anunció que iban a repartir todas las joyas de la familia, al igual que el negocio de su padre.

Las pertenencias estaban en un armario en el despacho de su padre en casa, así que se pusieron a buscarlos al día siguiente. Sin embargo, se sorprendieron al ver el lugar destrozado y las joyas desaparecidas.

"¿Qué demonios ha pasado aquí?", gritó Daniel. "Creo que nos han robado".

Jorge tampoco podía entenderlo. Exploró en el sitio y encontró todo desordenado. La gaveta de su padre estaba vacía.

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Mientras tanto, Daniel sacó su teléfono y llamó a la policía. Sonaba confiado cuando informó a los oficiales sobre quién sospechaba que había robado las joyas.

"Sí, oficial... así es. Debe ser él", dijo.

Unos minutos después, la policía llegó al lugar. Jorge y Daniel declararon sobre las joyas desaparecidas, y Daniel intervino y dijo a los agentes que sospechaba de su abogado.

"Es el único además de nosotros que sabía de las joyas y de su ubicación", reveló Daniel. "Estoy seguro de que es él. ¿Por qué no lo arrestan y lo investigan?".

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Joyas. | Foto: Pixabay

El Sr. Nelson fue llamado al sitio. Llegó en breve para dar su testimonio. Explicó que no había robado nada y que no tenía las llaves de la casa. Sin embargo, fue puesto bajo custodia para ser investigado.

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Después de que los policías se fueran con el abogado, los hermanos cerraron la casa y se fueron. Esa noche, Jorge volvió para ordenar el despacho de su padre y pasar un rato en silencio junto a la chimenea.

Los ojos de Jorge se llenaron de lágrimas cuando atravesó la oficina. Pasó las manos por el escritorio y la silla de su padre. El olor de los viejos libros y papeles llenó de recuerdos la habitación poco iluminada.

Comenzó a limpiar el lugar, y mientras recogía la basura, escuchó a Pedro decir algo sobre las joyas robadas. No tenía sentido para él, así que se acercó y escuchó con atención.

"ESTO ES POR TODO LO QUE ME ROBASTE DE MI INFANCIA, HERMANO... ESTAS JOYAS SON AHORA MÍAS...". Pedro repitió la frase varias veces.

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Jorge se quedó sin palabras. Ahora tenía claro quién había robado las joyas. Se apresuró a ir a la habitación del piso de arriba que antes usaba Daniel y buscó por todos lados. Luego revisó el cajón de su escritorio y encontró todas las alhajas perdidas.

Sin perder un segundo, llamó inmediatamente a la policía, y Daniel volvió corriendo a la casa después de que los agentes le llamaran para que se diera prisa.

"Lo sentimos, señor Jurado", le dijo el agente a Jorge. "Vamos a liberar inmediatamente al Sr. Nelson".

Hombre esposado. | Foto: Pixabay

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Los agentes detuvieron entonces a Daniel, que se quedó helado de incredulidad. Estaba furioso con Jorge por haberle expuesto a la policía, y su detención no hizo más que alimentar su resentimiento hacia su hermano.

"Podrías haberme pedido directamente las joyas y te las habría dado con gusto, hermano", le dijo Jorge a Daniel, que salió esposado de la casa.

Jorge suspiró porque sabía que no soportaría ver a su hermano en la cárcel. Habló con su abogado para sacar a Daniel de inmediato. Sabía que un día en prisión sería suficiente para que Daniel se diera cuenta de su error.

"¡Hola, Pedro!", exclamó Jorge con alivio mientras ponía en su brazo al loro de su padre. Había regresado a su casa y se había llevado al ave con él.

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Desde entonces, Pedro y Jorge han sido inseparables. Jorge sabía que el pájaro podía hablar, pero quería experimentar con su capacidad de cantar. Así que, todas las tardes, los dos pasaban tiempo al piano.

Ave. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Los malhechores se enfrentan a las consecuencias de sus actos tarde o temprano: Daniel robó las joyas de la herencia de su padre e inculpó a su abogado. Pero al final, Jorge descubrió que Daniel había era el ladrón y consiguió que lo arrestaran.

Aprende a comunicarte con tus mascotas: Jorge sabía que Pedro, el loro de su padre, tenía la capacidad de hablar, pero se quedó sin palabras cuando la mascota repitió lo que dijo su hermano mientras robaba las joyas, y eso ayudó a resolver el misterio.

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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