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Flickr / Department of Conservation
Fuente: Flickr / Department of Conservation

Mujer que trabaja como enfermera para anciana rica reconoce que es la conserje de la que se burlaba en la escuela - Historia del día

Mayra Pérez
17 jun 2022
19:00
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Linda solía desahogar sus frustraciones con los demás. Pero la persona más afectada fue el conserje de su escuela secundaria, cuya vida arruinó por diversión. Años más tarde, fue contratada para cuidar a una anciana adinerada, que resultó ser la misma mujer.

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Con nada más que una mochila y un teléfono viejo, Linda, de 18 años, cruzó medio país. Su destino no estaba claro, pero estaba segura de que no volvería a casa con sus padres otra vez.

“Si te llaman, diles que me voy para siempre”, le dijo a su mejor amiga Carmen antes de apagar su celular.

Mientras crecía, Linda tuvo una vida complicada con su madre y su padrastro. Él había llegado a sus vidas diez años antes y todo fue tolerable hasta que él se negó a darle la gran cantidad de dinero que ella le pidió. Así que decidió robar algo de efectivo de la casa y huir.

Una joven mujer sola en la calle. | Foto: Unsplash

Una joven mujer sola en la calle. | Foto: Unsplash

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Habían pasado diez meses y Linda todavía vagaba por las calles, sin hogar y pobre. Un día, se detuvo en el supermercado para comprar algo de comida. Pero solo después de entrar se dio cuenta de que no tenía suficiente dinero para comprar ni siquiera una barra de pan.

“¿En qué puedo ayudarla? ¿Necesita un carrito?”, le preguntó la vendedora a Linda.

“¡No, gracias! Me encargaré yo misma”, dijo Linda y caminó hacia el pasillo de comestibles. Miró a su alrededor varias veces antes de deslizar cuatro paquetes de galletas y dos latas de jugo en su sudadera. La hogaza de pan era demasiado grande para ocultarla y pensó que la atraparían.

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Colocó una barra de chocolate en la caja y dijo que era todo lo que necesitaba, pero la vendedora gritó: “¡Seguridad, por favor llévenla adentro y revísenla! ¡Ha estado robando y está grabado en la cámara de circuito cerrado de televisión!”.

Linda se estremeció. Estaba asustada, y esto sería lo peor que le pasaría. En ese momento, un extraño se adelantó y dijo: “¡Ella está conmigo! Yo me encargo de su compra”.

Linda estaba asombrada, y cuando se dio la vuelta, vio a un desconocido que se dirigía a ella: “Te dije que quería el paquete de papas fritas, ¿no lo tomaste?”, le preguntó el hombre. Linda estaba desconcertada.

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Afuera de la tienda, el hombre se presentó como Wilson. “Estoy tan agradecida contigo... Pero no tengo nada de dinero... No estoy segura de poder pagarte”, dijo Linda.

Wilson miró a Linda y sonrió. Varios pensamientos amargos empañaron la mente de ella. Después de una breve pausa, él le comenzó a hablar.

“Estaba buscando a alguien que cuidara de mi madre, que está delicada de salud”, dijo. “Estaré en un largo viaje de negocios, así que me preguntaba si podrías ayudarme. Te pagaré por hora”.

Aunque Wilson había sorprendido a Linda robando en una tienda, se dio cuenta de que lo había hecho por desesperación. Como no había podido encontrar a nadie para cuidar a su madre, en el último momento decidió ofrecerle el trabajo.

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Una joven en un supermercado. | Foto: Unsplash

Una joven en un supermercado. | Foto: Unsplash

Linda aceptó de inmediato. Pensó que era una oferta increíble que le permitiría ahorrar algo de dinero para comenzar en la universidad. Se fue con Wilson y pronto llegó a una gran propiedad en las afueras de la ciudad.

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“¡Vaya! Esta casa es hermosa”, murmuró Linda. “Entonces, ¿tú y tu mamá viven aquí solos?”. Wilson le respondió con una sonrisa.

Él le mostró las habitaciones del personal, pero insistió en que se quedara en la habitación contigua a la de su madre. Linda recorrió la casa y, momentos después, la llevaron a una habitación de lujo.

“Conoce a mi madre, Janet”, le dijo Wilson a Linda, quien quedó en estado de shock. La señora le recordaba a alguien familiar.

“Creo que te conozco ¿Eres Janet Quintero?”, preguntó, totalmente sorprendida. La mujer afirmó con un gesto y Linda permaneció en silencio.

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Luego entró en su habitación y cerró la puerta, y empezó a recordar. “No, no puede ser... No puede ser Janet Quintero, la conserje de mi escuela... No puede ser”, sollozó.

Durante sus días de escuela, Linda a menudo desahogaba sus frustraciones con los demás sin motivo alguno. Su resentimiento por su padrastro y su madre generalmente salía de esta manera, y personas inocentes habían sufrido sus malos tratos.

En ese tiempo, Janet era una mujer pobre que trabajaba como limpiadora en su escuela. También fue un blanco fácil donde algunos estudiantes, entre ellos Linda, drenaban su carga emocional y la ridiculizaban. Pero lo que ocurrió aquel fatídico día lo superó todo.

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Linda acusó a Janet de robar el dinero de los estudiantes y consiguió que la despidieran. Nunca se arrepintió de sus mentiras, aunque la mujer había perdido su única fuente de ingresos.

Fachada de una gran mansión. | Foto: Unsplash

Fachada de una gran mansión. | Foto: Unsplash

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Las lágrimas rodaron por las mejillas de Linda al recordar las cosas desagradables que le había hecho a Janet. Pero decidió no revelar su identidad por temor a que la despidieran.

Día tras día, el vínculo entre Linda y Janet se fue haciendo más estrecho. La jovencita la atendía muy bien y con cariño, pero no dejaba de desconcertarle la repentina riqueza de la antigua conserje.

Más tarde, se enteró de que Janet se había casado con un rico hombre de negocios y se había mudado allí. Él había fallecido en un accidente automovilístico y tanto ella como su hijo, de un matrimonio anterior, habían heredado la hermosa propiedad y mucho dinero.

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A Linda no dejaba de sorprenderla como la vida de ambas había cambiado drásticamente en unos pocos años. Una parte de ella sentía que debía salir de allí, pero la verdad es que no tenía a donde ir.

Con cada día, hacía todo lo posible por cuidar a Janet. La mujer correspondió con amabilidad y la trató como a su hija. “Incluso si tuviera una hija, dudo que me hubiera querido como tú”, le dijo una noche. En este punto, Linda ya no pudo seguir callando.

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“Sé que esto que te diré no te va a gustar... pero quiero decirte algo sobre mí”, le dijo Linda tímidamente a Janet.

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La mujer dejó de sorber su té y miró a Linda. “¿Acerca de ti? ¿Qué hay de ti?”.

Linda la miró a los ojos. “Soy Linda Sarmiento... lo siento, pero yo fui quien te acusó de robo en la escuela... y... y conseguí que te despidieran”.

Janet colocó la taza de té sobre la mesa. El platillo traqueteó, seguido de un silencio espeluznante.

“Lo siento mucho, y me avergüenzo de mí misma... Lo hice por diversión... Lo siento, señora Quintero”, repitió Linda.

Janet tomó las manos de Linda y le dijo que ya conocía su identidad. “Estoy impresionada por cómo te ha cambiado el tiempo, querida... ¡Tal vez no hubiera llevado esta vida si no me hubieran despedido!”. Janet se rio entre dientes. “¡Gracias a ti por eso!”.

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Una anciana y una joven mujer se abrazan. | Foto: Pexels

Una anciana y una joven mujer se abrazan. | Foto: Pexels

Linda no podía creer lo que escuchaba. Era demasiado bueno para ser verdad cuando Janet le dijo que la perdonaba. La amistad y el cariño entre ambas se consolidó a partir de ese momento. Se ofreció a pagarle la universidad y la enseñó a bordar.

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Cuatro años después de esa noche, Linda aún cuida a Janet. Logró graduarse y encontrar el trabajo de sus sueños, pero la mejor parte de su vida siguió siendo su conexión con la dulce mujer a la que alguna vez menospreció.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Tus problemas personales no son una excusa para tratar mal a otros. Linda no solo trataba mal a quienes la rodeaban, sino que incriminó a la conserje en un robo y provocó su despido por diversión. Solo se arrepintió de sus acciones años después, cuando la vida cambió las cartas y se convirtió en su enfermera.

El perdón es sanador. Aunque Janet reconoció a Linda, en su corazón ya la había perdonado y le dio la oportunidad de acercarse a ella y le dio la oportunidad de tener una mejor vida.

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