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Flickr / Jessica Merz
Fuente: Flickr / Jessica Merz

Anciana paga la boda de desconocido: a cambio, él le da regalo que ella anheló por 19 años - Historia del día

Vanessa Guzmán
23 jun 2022
08:20
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Una maestra de jardín de infantes jubilada se hace amiga de un amable huérfano y paga su boda, luego él le da el mejor regalo que ella jamás había esperado.

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Lucy Gómez amaba a los niños, por lo que fue un profundo dolor para ella y su esposo cuando descubrieron que no podían tener hijos. Ella se dedicó a su trabajo como maestra de jardín de infantes y eso le llenaba su corazón.

Lo peor vino años después, cuando su esposo falleció y Lucy se jubiló. Estaba sola y no tenía un trabajo que la mantuviera ocupada. Tampoco tenía familia propia… hasta que conoció a Víctor.

Mujer mayor con unos niños. | Foto: Unsplash

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Lucy se ofreció como voluntaria en un hospital local, visitando pacientes que no tenían familia. Sobre todo, trabajaba en el ala de pediatría, pero un día una enfermera le pidió ayuda.

"Señora Gómez", dijo la enfermera. "Tengo un paciente al que realmente le vendría bien un poco de compañía. Tuvo un accidente de trabajo y se rompió la pierna. Lo operaron, pero está postrado en cama. No parece tener amigos ni familia, y no habla. Sería bueno que pasara a charlar con él".

"¡Pobre chico!", dijo Lucy con la voz llorosa. “Pasaré mañana y veré si quiere que le lea".

Al día siguiente, antes de ir a pediatría, Lucy apareció para visitar al joven del que le había hablado la enfermera. Su nombre era Víctor Ferrara, y su estado era lamentable.

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La pierna rota de Víctor estaba enyesada hasta la cintura y levantada por poleas de aspecto complicado. Había púas de acero que sobresalían por todas partes.

El joven estaba acostado allí con los ojos cerrados cuando entró Lucy, arrastrando una hilera de globos de colores, un títere de payaso y varios libros ilustrados debajo del brazo.

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"¡Hola!", dijo Lucy alegremente.

Víctor abrió los ojos y miró con incredulidad a la pequeña mujer de cabello blanco rodeada de globos flotantes de colores brillantes. "¿Qué?", dijo con amargura. "¿Qué quieres?".

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"Soy Lucy", dijo. "Una de tus enfermeras dijo que necesitas animarte".

Enfermera cuidando a una niña. | Foto: Pexels

Víctor frunció el ceño. "¿Con globos?", preguntó amargamente. Entonces vio los libros. "¿Me vas a leer sobre dinosaurios y gallinas rojas?".

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"¿Por qué?", preguntó Lucy alegremente. "¿Te gustan los dinosaurios y las gallinas rojas?".

"Mira", dijo Víctor. "Solo déjame en paz, ¿de acuerdo?".

"¡Oh Dios!", exclamó Lucy. "¡Estás sintiendo lástima por ti mismo! ¿Por qué no me lo cuentas?".

"¿Lástima por mí mismo?", preguntó Víctor enojado. "¡No sabes nada de mí o de mi vida! ¡Vete!".

Lucy dejó los libros y la marioneta y ató los globos a la baranda de la cama de Víctor y luego se sentó. "Tienes razón", dijo en voz baja. "¿Por qué no me cuentas sobre ti?".

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"¿Por qué debería?", preguntó Víctor. "No te conozco, y no eres una amiga".

"Todavía no", respondió Lucy. "Pero si hablas conmigo lo seremos, entonces tal vez no te sientas tan solo".

Las lágrimas asomaron a los ojos de Víctor. "Lo siento..." murmuró. "No quise ser grosero. Es solo que he estado solo por tanto tiempo".

"¿No tienes una familia?", preguntó Lucy suavemente.

Víctor negó con la cabeza. "Mis padres murieron cuando yo era muy joven y me crie en hogares de acogida", explicó. "Todo lo que tengo es a Ángela".

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Habitación de hospital. | Foto: Pexels

"¿Y quién es Ángela?", preguntó Lucy.

"Ángela es mi prometida", le dijo Víctor. "Hemos estado enamorados desde que éramos niños, y ella es la razón por la que estaba trabajando en la plataforma petrolera".

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"¿Es ahí donde tuviste tu accidente?", preguntó la mujer mayor.

"Sí", dijo Víctor. “Trabajar allí es peligroso, pero la paga es muy buena, y Ángela y yo queríamos casarnos. Verás, desde que era pequeña, ella soñaba con una gran boda y un vestido como de princesa. Así que quería regalarle eso, pues no ha tenido muchos sueños”.

"¡Y luego tuviste tu accidente!", agregó Lucy con simpatía.

Víctor asintió y explicó: "Sí, y ahora estoy atrapado aquí en el hospital durante las próximas seis semanas. Y ella no puede venir a verme porque está en otra ciudad y si viaja podría perder su trabajo”.

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"¿Qué hace ella?", preguntó Lucy.

"Ella es maestra de escuela primaria", dijo Víctor con orgullo, y le mostró a Lucy una foto de una chica encantadora con rizos oscuros rodeada de niños.

"Escucha, Víctor", dijo Lucy. "¿Te importaría si vengo aquí mañana y hablo contigo de nuevo? Te prometo que no traeré los globos ni la marioneta..."

Niño llorando. | Foto: Unsplash

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Víctor sonrió. Parecía más alegre. "¡Podrías dejarme UN globo!", dijo. "¿El amarillo con la cara sonriente?".

A partir de ese día, Lucy siempre comenzaba sus rondas visitando a Víctor y hablaban sobre Ángela y sus sueños. La anciana y el joven se hicieron grandes amigos.

Un día, Lucy dijo: "Tengo esta idea. Una de mis amigas tiene una escuela privada y está buscando una nueva maestra. ¿Crees que Ángela podría estar interesada en mudarse aquí?".

Víctor se enderezó lo más que pudo. "¿En serio?", preguntó emocionado. "¡Creo que a ella le encantaría!".

"No puedo prometer nada", advirtió Lucy. "Puedo conseguirle una entrevista, ¡pero el resto debe hacerlo ella sola!”.

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Ángela estaba muy emocionada y viajó hasta Santa Cruz, dónde estaba Víctor y Lucy, para la entrevista. Lucy la conoció y fue tan encantadora y amable como se había imaginado. Las dos mujeres se hicieron grandes amigas.

Ángela consiguió el trabajo y regresó a casa para organizar su mudanza, mientras Víctor esperaba sus últimas dos semanas en el hospital.

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"Te voy a extrañar", le dijo Víctor a Lucy con tristeza.

"¿Por qué?", preguntó Lucy. "¡Pronto nos veremos!".

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Mujer mayor. | Foto: Unsplash

Víctor se encogió de hombros. "Supongo que estoy acostumbrado a perder gente", explicó.

"¡No te olvidaré, Víctor!", respondió Lucy, pero se fue a casa con la expresión triste del joven, impresa en su mente. Pasó la noche dando vueltas y vueltas, y entonces tuvo una idea brillante.

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La próxima vez que fue a visitar a Víctor, tenía consigo algunos documentos que parecían jurídicos. "Víctor", dijo ella. "¿Quieres ser mi hijo?".

"¿Qué?", preguntó Víctor con la respiración agitada. "¿Qué quieres decir?".

"Mi esposo y yo nunca tuvimos hijos", explicó Lucy. "Durante 19 años tratamos de adoptar, pero siempre nos rechazaron debido a nuestra edad. He llegado a amarte, así que déjame adoptarte".

"Déjame ser tu madre, y tú puedes ser mi hijo. Nos necesitamos, ¡y algún día tal vez pueda ser abuela!".

Víctor estaba llorando tanto que no podía hablar y simplemente le tendió los brazos a Lucy. Corrió hacia él y lo abrazó. "Está bien, muchacho", dijo con ternura mientras lo mecía en sus brazos. "¡No me iré, nunca te dejaré!".

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Dos meses después, Lucy y Víctor entraron orgullosos al Tribunal de Familia para que un juez ratificara su procedimiento de adopción, pero la nueva mamá tenía una sorpresa más bajo la manga.

Esa noche, Lucy, Víctor y Ángela tuvieron una cena especial para celebrar la adopción. Cuando Ángela trajo el postre, Lucy sacó un sobre. "Esto es para mi hijo", dijo.

Celebración de una boda. | Foto: Unsplash

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Víctor abrió el sobre y quedó impactado. Era un cheque y adjunto la tarjeta de un organizador de bodas. "Quiero que tengan la boda de sus sueños", dijo Lucy con ternura a Ángela y Víctor.

¡Y fue una boda de ensueño! Lucy fue la dama de honor y caminó por el pasillo con la hermosa novia. La ceremonia fue muy larga porque el novio, la novia y la dama de honor no dejaban de romper en llanto y consolarse mutuamente.

Después, Ángela y Víctor se fueron de luna de miel. Lucy volvió a sus visitas a los niños en el hospital y todos los domingos almorzaba en familia con su hijo y su esposa.

Cuando Lucy cumplió setenta y cinco años, Víctor y Ángela la invitaron a cenar. Le presentaron una caja grande y elegante con un gran lazo en la parte superior y, cuando la abrió, había paquetes adentro.

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Primero, había una caja de sus chocolates belgas favoritos, luego un álbum de fotos con imágenes de todos los niños a los que había enseñado en el jardín de infantes, y al final había un regalo más.

Lucy estaba llorando. "¿De dónde sacaste todas las fotos?", preguntó llorando. "¡Oh, este es el mejor regalo que he tenido!".

Ángela y Víctor se miraron y sonrieron. "¡Abre el regalo, mamá!", instó su hijo.

Abuela con su nieta. | Foto: Unsplash

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"Chicos traviesos", gritó Lucy. "¿Qué hicieron?". Rompió los envoltorios con dedos temblorosos y salió una camiseta amarilla que decía: 'LA MEJOR ABUELA'.

Lucy se quedó mirándolo, sin entender, hasta que notó que había otra camiseta diminuta en el paquete. Era para un recién nacido y decía: 'EL MEJOR NIETO'.

Lucy gritó y se tapó la boca con las manos. Acto seguido se puso a llorar. "¿En verdad? ¿Voy a ser abuela?".

Ángela y Víctor la abrazaron y le dijeron que sí, que dentro de seis meses sería una abuela orgullosa. "¡No puedo creerlo!", Lucy sollozó. "Diecinueve años soñé... ¡Y ahora por fin se ha hecho realidad!".

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Nunca pierdas la esperanza. El amor y la felicidad llegan cuando menos los esperamos: Lucy estaba sola y había pensado que nunca tendría una familia, pero conoció a Víctor y se convirtió en su madre.

La familia se trata de amor y compromiso, no de biología: A pesar de que era un adulto, Víctor todavía sentía la soledad de un niño huérfano, hasta que Lucy se ofreció a adoptarlo.

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Este relato está inspirado en la historia de nuestro lector y escrito por un escritor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes son solo para fines ilustrativos. Comparte tu historia con nosotros; tal vez cambie la vida de alguien. Si desea compartir su historia, envíela a info@amomama.com.

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