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Anciana endeudada es desalojada de su casa, recibe llamada diciéndole: "Compré su casa para usted" - Historia del día

Georgimar Coronil
24 ago 2022
09:35
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Una anciana es desalojada de su casa cuando se arruina financieramente y termina viviendo en un albergue, hasta que recibe una sorprendente llamada.

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No es así como imaginé que se desarrollaría mi vida. Sin hogar a los 87 años y viviendo en un albergue, con lo que tenía en un bolso de mano. Cuando eres joven y la vida te golpea, todo es diferente.

A mi edad, sabía que no tenía tiempo para recuperarme. Estaba derribada, y fuera de combate. Pensé que nadie lo sabría ni le importaría. Pero me equivoqué.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

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Había vivido en esa casa durante toda mi vida de casada. Allí había nacido mi hija y creía que iba a morir en ese lugar. Habíamos comprado esa vivienda recién casados, Humberto y yo.

Él me había dicho: "Bárbara, la hipoteca puede ser grande, pero también es una inversión en nuestro futuro. Esta es nuestra casa y nadie nos la puede quitar".

¡Qué equivocado estaba! Estoy segura de que si Humberto hubiera estado vivo, esto no habría ocurrido. Humberto era más sabio que yo. Siempre había sido demasiado blanda con Jenny...

Jenny era una de esas personas que simplemente no son buenas. Pasé muchas noches sin dormir preguntándome en qué me había equivocado con ella, qué había hecho de más, qué no le había dado.

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Mi vecina Sara siempre decía: "Bárbara, habría sido un encanto si hubiese tenido una madre tan dulce como tú . Eres la mamá de todo el vecindario y nos malcrías".

Era cierto. Prodigaba todo el amor que Jenny rechazaba a los que me rodeaban, sobre todo después de la muerte de Humberto. Solo tenía sesenta y nueve años cuando falleció. Los médicos me dijeron que fue un ataque al corazón, pero yo creo que solo tenía el corazón roto.

Fue entonces cuando finalmente nos dimos cuenta de quién era Jenny. Una mentirosa, una estafadora, sin escrúpulos e insensible. Y, sin embargo, cuando vino a mí hace seis meses suplicando ayuda, no la rechacé.

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¿Cómo podría rechazar a mi propia hija? "Mamá", me dijo. "Me he enderezado. He pasado página y necesito tu ayuda".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

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Era una Jenny muy diferente. Estaba envejeciendo. Podía ver las líneas de expresión alrededor de su boca, las arrugas de su cuello. Mi hermosa Jenny lucía mayor antes de tiempo, envejecida por la vida que llevaba.

"Tengo la oportunidad de abrir un restaurante, mamá", dijo. "Asociarme con un gran chef. Todo lo que necesito es que garantices mi préstamo".

"¡No puedo hacer eso!", objeté. "¡No tengo esa cantidad de dinero en el banco!".

"Pero mamá", expresó Jenny. "¡Tú eres la dueña de tu casa! Puedes usarla como garantía. Te prometo, mamá, que pagaré cada centavo de ese préstamo".

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Firmé los papeles que me dejaron sin hogar. Fue mi culpa. No tenía derecho a sentirme sorprendida o traicionada cuando me informaron que Jenny había tomado el dinero y había huido.

No había restaurante, ni pareja. Yo solo le había proporcionado a Jenny el dinero para la huida. El banco embargó mi casa y se llevó mis ahorros para pagar los intereses. Me quedé sin nada.

Estaba demasiado avergonzada para decirle a Sara que había permitido que mi hija me engañara una vez más. Prefería morir antes de que las personas que me querían y respetaban supieran lo tonta que fui.

Acudí a los servicios sociales y me encontraron un cupo en un hogar para ancianos sin hogar. Cómo lloré aquellas primeras noches. Echaba de menos mi casa y, sobre todo, a mis vecinos y amigos.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Las personas que me rodeaban estaban perdidas en su propia miseria, algunas, peor que yo. Así que hice lo que pude para vivir el día a día. La pensión de Humberto era demasiado pequeña para cubrir todos mis gastos, pero me permitía algunos lujos, como mi teléfono móvil.

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No es que lo usara a menudo. Me gustaba pensar que podía volver a mi antigua vida. Nunca contesté a ninguna llamada de Sara, pero escuché sus mensajes cariñosos y preocupados con lágrimas en los ojos.

Entonces, un día escuché el mensaje de una persona anónima que llamaba. La voz decía: "He comprado tu casa para ti, Bárbara. Por favor, vuelve a casa".

¡Era la voz de Sara! Tomé un autobús y volví a mi antiguo barrio. Nada había cambiado en los últimos seis meses, excepto mi casa.

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Había una cuadrilla de hombres fuera de la casa, pintándola, arreglando el techo... ¿Estaba Sara haciendo todo esto? ¿Por mí? Entonces la vi junto a la puerta principal, con una enorme sonrisa en la cara.

"¡Bárbara!", dijo, saludándome con la mano. Corrí hacia ella y me abrazó con fuerza. No podía dejar de llorar, así que me llevó a su casa y me dio un poco de té.

"¿Qué has hecho?", le pregunté.

"Bueno, el banco puso tu casa en subasta, y la compré. Quiero que vuelvas Bárbara. Este es tu hogar y nunca deberías haberla dejado".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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"Yo... no podía negarle la ayuda a mi propia hija..." susurré. "Me sentí muy avergonzada cuando me di cuenta de que me había estafado. Por eso no te lo dije, por eso no contesté el teléfono".

"Lo sé", dijo Sara con suavidad. "Pero verás, te necesito en mi vida más que el precio de esa casa, Bárbara. Has sido la madre que nunca tuve y no podía tenerte viviendo en un refugio".

El día que me mudé de nuevo a mi casa, me hicieron una fiesta. Mientras estaba allí, rodeada de rostros cariñosos, me di cuenta de que no moriría sola. Tenía una familia.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

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La familia es la gente que te quiere y te apoya: Mientras la hija de Bárbara la estafó y la dejó sin hogar, su vecina Sara se aseguró de que tuviera un hogar.

Por mucho que quieras a tus hijos, tienes que cuidar de ti misma: Bárbara nunca debió poner en riesgo su bienestar, especialmente cuando sabía que su hija no era de fiar.

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Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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