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Niño triste usa disfraz de Superman para traer de vuelta a su madre fallecida: recibe inesperadamente una carta de ella - Historia del día

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Un niño de 6 años que recientemente había perdido a su madre creía que usar su disfraz de Superman la traería de vuelta. Llevó el traje al cementerio e inesperadamente recibió una carta de ella al día siguiente.

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La pérdida de uno de los padres no es fácil de superar, especialmente para los niños pequeños que aún tienen una larga vida por vivir. José Silva perdió a su madre, Ana, poco antes de cumplir seis años.

Ella se había enfermado, y ​​aunque habían hecho todo lo posible por curarla, sus esfuerzos fueron en vano cuando ella sucumbió a la enfermedad.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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José la extrañaba terriblemente y rezaba todas las noches para que volviera. El esposo de Ana, Álvaro, también la extrañaba mucho y se las arreglaba cada día para cuidar a su pequeño como padre soltero.

En casa, solo estaban José y Álvaro. Mientras estaban cerca el uno del otro y se apoyaban mutuamente, ambos se esforzaban para sobrellevar la pérdida de Ana.

“Mamá, regresa”, susurraba el niño por la noche. “Te lo prometo, seré un buen chico. Seré tan bueno como Superman. Solo regresa, por favor”, oraba.

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A José le encantaban los superhéroes y su padre los usaba para enseñarle valiosas lecciones sobre la vida. De todas las películas y programas de superhéroes que veían, su favorito era Superman.

El día de su sexto cumpleaños él no estaba de humor para celebrar porque extrañaba terriblemente a su mamá y quería que ella estuviera allí con ellos.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Cuando Álvaro se dio cuenta de que su hijo estaba a punto de llorar, decidió darle su regalo de cumpleaños. Le entregó una caja, y José la abrió con curiosidad: era una capa de Superman.

“Hijo”, le dijo el hombre a su pequeño. “¿Sabías que, al igual que Clark Kent, también tienes superpoderes?”.

“¿De verdad?”, respondió José. “¿Cuál es mi superpoder, papá?”, preguntó.

“Superman es poderoso. Al igual que él, tú también eres lo suficientemente fuerte como para continuar con cualquier cosa en tu vida. ¡Eres un chico fuerte!”, lo animó Álvaro.

“¡Soy fuerte!”, repitió José. “¡Si Superman puede soportar dificultades, yo también puedo!”.

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Álvaro asintió y abrazó al pequeño. “Feliz cumpleaños, hijo”, le dijo. “Te quiero más que a nada”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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José se sintió mucho mejor después de recibir la capa de su padre. Creía que esta le otorgaba superpoderes y que era tan fuerte e invencible como lo era Superman.

Para celebrar su cumpleaños el niño simplemente le pidió a su papá que vieran juntos la película del superhéroe y que luego cenaran en su restaurante favorito. Vieron el filme en casa y, cuando terminaron, a José se le ocurrió una idea.

Mientras Álvaro estaba ocupado haciendo algo de trabajo, el niño dijo que pasaría un “rato con mamá”. Su padre supuso que eso significaba que estaría en su habitación rezándole a Ana, pero el pequeño tenía otros planes.

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Él salió de la casa con su capa de Superman y caminó hacia el cementerio del vecindario. Allí se sentó junto a la tumba de su madre y comenzó a hablar con ella.

“¡Mamá, estoy aquí!”, dijo. “Tengo poderes como los de Superman. ¡Te devolveré la vida! ¿Estás lista?”.

José creía que podía traer de vuelta a su mamá con el poder de su mente. Cerró los ojos y comenzó a imaginarse a su madre viva, parada a su lado.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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“Mamá, te traeré de vuelta ahora. Vuelve”, dijo. “Voy a contar hasta diez, y cuando termine, abriré los ojos y te veré a mi lado”.

El niño contó lentamente hasta diez. Cuando llegó al número final, respiró hondo antes de abrir los ojos. Miró a los lados para comprobar si su madre había vuelto, pero ella no estaba.

“Tal vez todavía necesito un poco de práctica, mamá. Déjame intentarlo de nuevo”, dijo José. Volvió a cerrar los ojos e imaginó a su mamá frente a él.

“Mamá”, pensó. “Está bien que vuelvas ahora. Te llevaré a casa conmigo. Vamos a sorprender a papá juntos. Voy a contar hasta veinte, y para cuando termine, abriré los ojos y te veré delante de mí”.

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José respiró hondo y contó hasta veinte. Su corazón latía con fuerza, esperando y deseando que su superpoder le devolviera la vida a su madre. Cuando alcanzó los veinte, cerró los ojos por un par de segundos más antes de abrirlos lentamente.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Pero su mamá aún no estaba frente a él. “¿Por qué?”, preguntó. “¡Mamá, por favor, vuelve!”, sollozó.

Mientras esto sucedía en el cementerio, Álvaro buscaba desesperadamente a su hijo en casa. No podía encontrarlo en ninguna parte de la vivienda y estaba tratando de recordar lo que el niño le había dicho.

Entonces recordó: José había mencionado que iba a hablar con Ana. El hombre corrió al cementerio esperando que su hijo estuviera allí.

Cuando llegó lo encontró en el suelo, llorando frente a la tumba de su madre. Eso rompió el corazón de Álvaro. Comprendía lo difícil que era para su pequeño no tener a su madre a su lado.

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“Hola, hijo”, dijo el padre mientras se sentaba al lado de José. “¡Papá!”. El hombre abrazó a su pequeño para que se apoyara en su hombro.

“¡Papá!”, dijo José llorando. “Intenté devolverle la vida a mamá, pero no regresó. ¡Utilicé mis superpoderes! ¿Por qué no funcionaron?”, preguntó, frustrado.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Álvaro suspiró. No sabía qué decirle a su hijo. Se dio cuenta de que podría haberle dado falsas esperanzas al pequeño al decirle que tenía superpoderes.

“Mamá todavía está de viaje, hijo”, le dijo el hombre al niño. “Estamos solos tú y yo en este momento. Sé que es difícil, pero lo superaremos, ¿de acuerdo? Solo necesitas ser fuerte”, agregó, frotando la espalda de su hijo.

Álvaro se quedó consolando a José hasta que dejara de llorar y estuviera listo para irse. “Lo intentaré de nuevo la próxima vez. Tal vez para entonces, mamá esté lista para volver a casa”, dijo el niño antes marcharse a casa con su padre. “Te veré pronto, mamá”.

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El hombre sintió un profundo dolor cuando escuchó a su hijo decir eso. No quería romper más el corazón de su pequeño, pero tampoco sabía por cuánto tiempo el niño podría continuar el juego para que Ana regresara.

Un día, José recibió una carta de su madre por correo. “¡Papá!”, exclamó, corriendo desde el buzón hacia su casa. “¡Recibí una carta de mamá!”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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“¿En serio? Ve y léela, hijo”, animó Álvaro a su pequeño. “¿Te gustaría estar solo mientras lees, o me quieres a tu lado?, preguntó.

“Quédate a mi lado, papá. Quiero que estés conmigo mientras la leo”, respondió el pequeño. El hombre asintió y sostuvo la mano de su hijo mientras este leía la misiva.

La carta decía:

“Querido José,

¿Cómo estás, mi amor? Siento que mami haya tardado tanto en escribirte una carta. Verás, estaba en un largo viaje y acababa de llegar a mi destino final. Es hermoso aquí arriba. Puedo verlos a ti y a papá desde donde estoy, y es un placer verlos a los dos juntos.

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Los extraño terriblemente a ambos, y me duele no poder estar allí con ustedes físicamente. ¿Sabías que los cuido a los dos y rezo por ustedes? Que no puedan verme no significa que ya no exista. Siempre estoy con ustedes: cuando ven películas de superhéroes, cuando visitan el restaurante y cuando van al parque.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Te estarás preguntando por qué no puedes verme. Estoy en el cielo ahora, cariño. ¿Recuerdas todas las historias que te conté sobre los ángeles y Dios? Bueno, le pedí a Dios si yo podía ser tu nuevo ángel guardián. Por supuesto, dijo que sí”.

“Por favor, no llores porque mami siempre está contigo. Puede que esté en el cielo, pero siempre estoy aquí para ti, observándote desde aquí arriba. Ahora soy tu ángel de la guarda, amor”.

Cada vez que me extrañes, solo mira el cielo y saluda. Veré tu hermoso rostro desde aquí arriba y te mostraré un arcoíris. Cuando ves un arcoíris, significa que te estoy mirando, sonriendo desde el cielo.

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No llores más, José. Mami está bien. Disfruta tu vida con papá, y siempre da lo mejor de ti. Te amo mucho a ti y a papá, y recuerda que, aunque no me veas a tu lado, siempre estoy contigo en espíritu.

Sigue siendo un superhéroe. Sé amable, sé respetuoso y crece para ser una persona compasiva. Mami ya está orgullosa de ti, y yo siempre te estaré guiando en cada paso del camino. Dale a papá un gran abrazo de mi parte todos los días, ¿de acuerdo? Cuídense el uno al otro.

Te amo, tu mami”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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José estaba llorando cuando terminó de leer la carta. Su mano agarró la de Álvaro con fuerza. “Mamá está en el cielo”, dijo. “Ella ya no volverá a bajar”.

Álvaro abrazó a su hijo. “Mami siempre está pendiente de nosotros”, le aseguró el hombre. “Cada vez que la extrañes, simplemente coloca tu mano sobre tu pecho. Ella siempre está en tu corazón”.

José asintió y colocó una mano sobre su pecho. “Y cada vez que la extrañe miraré hacia el cielo y esperaré un arcoíris. De esa manera sabré que nos está cuidando. Cuando veamos un arcoíris, sabremos que le está yendo bien en el cielo porque está sonriéndonos”.

Álvaro cerró los ojos, agradecido de que José finalmente estuviera en paz con la muerte de Ana. Había estado pensando en maneras de ayudar a su hijo. Le dolía verlo esforzándose por sobrellevar la situación emocionalmente porque sabía que lo estaba afectando.

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Después de días de reflexionar sobre lo que podía hacer, decidió escribirle esa carta a su hijo, fingiendo que era de parte de Ana. Hizo esto para que José pudiera hacer las paces lentamente con el hecho de que ella no regresaría.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Al día siguiente, José se despertó con el olor a lluvia. Miró por la ventana mientras se estiraba. Notó que ya había dejado de llover y el sol se abría paso lentamente entre las nubes.

De repente, vio un hermoso arcoíris en el cielo, justo cuando el sol comenzaba a brillar. Él sonrió y puso su mano sobre su pecho. “Hola, mamá. Te ves hermosa hoy”, dijo, recordando lo que ella había dicho en su carta.

José salió corriendo de su habitación y llamó a su padre. Sacó a Álvaro de la casa y se sentaron en el porche delantero para mirar juntos el arcoíris.

“Mamá se ve hermosa hoy, papá”, dijo el niño mientras le sonreía al cielo.

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“Tu mamá siempre ha sido hermosa, hijo. ¡Es la mujer más hermosa en la tierra y el cielo!”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

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Perder a un ser querido es doloroso. Está bien tomarse un tiempo para llorar la pérdida y reconocer tus emociones. José y Álvaro tardaron meses en sobrellevar la pérdida de Anna. Aunque el dolor de su pérdida nunca desapareció por completo, comenzaron a aceptar la situación.

Puede que nuestros seres queridos que han partido ya no estén con nosotros físicamente, pero siempre están en nuestros corazones. Es difícil no tener cerca a nuestros seres queridos, especialmente a aquellos que han partido del mundo terrenal. Sin embargo, siempre es bueno recordar que, aunque ya no estén con nosotros físicamente, siempre están en nuestros corazones.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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