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Anciano es echado de joyería hasta que el dueño lo ve en la cámara y le ruega que regrese - Historia del día

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Tras revisar la cámara de seguridad de su tienda, el dueño de una joyería se apresuró a ayudar a un hombre mayor que había sido expulsado del local por el personal.

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Domingo Lara, de 77 años, decidió esperar en la acera por un rato. Estaba pensando si su dinero sería suficiente para comprar el collar que quería. Era lo último de sus ahorros y necesitaba la joya a toda costa.

Esperaba que, si el dinero no alcanzaba, pudiera persuadir a los empleados de la tienda para que le hicieran un descuento. Entonces respiró hondo y caminó hasta la joyería de alta gama al otro lado de la calle.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

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Una mujer llamada Lidia se presentó como la dependienta y le dio la bienvenida con una brillante sonrisa. “Buenos días, señor. ¿En qué puedo ayudarlo?”, preguntó ella.

“Bueno”. Domingo sacó su teléfono y le mostró una foto del collar que quería comprar. “Estaba buscando algo con este diseño. ¿Puedo conseguir algo como esto en su tienda?”.

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“Por supuesto, señor”, respondió la mujer, sonriendo. “¡Debo decir que tiene buen ojo para los detalles! Siempre estamos listos para satisfacer las necesidades de nuestros clientes y también creamos joyas personalizadas... Ha venido al lugar correcto. Sígame...".

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Lidia llevó a Domingo a un mostrador y le mostró las joyas expuestas. Después de echarles un vistazo, el hombre mayor se decidió por un hermoso collar que se parecía al diseño que quería comprar.

“Este es uno de nuestros diseños más vendidos, señor”, dijo la dependienta mientras se lo pasaba al hombre para que lo viera mejor. “¡Es oro puro de 18 quilates, y la piedra esmeralda que lleva se vería increíblemente hermosa en esa persona especial!”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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“Es precioso...”, pensó mientras lo sostenía en sus manos. Sin embargo, cuando vio el precio, su sonrisa se desvaneció. No podía pagarlo.

“Solo tengo $600, pero el precio dice $800. Señorita, este collar me importa mucho. ¿Podría considerar hacerme un descuento?”.

La sonrisa de Lidia se desvaneció y quitó el collar del mostrador. “Lo sentimos, señor. No podemos”, dijo sin rodeos. “¡No debería haber venido aquí en primer lugar si no tiene el dinero!”.

“Ah, bueno, verá, sé que lo que pido es demasiado, pero mi esposa...”.

“Si ha terminado de hacernos perder el tiempo, ¡lárguese!”, le ordenó la dependienta a Domingo, señalando la puerta con el dedo. “¡La salida está ahí! Esta es una joyería de alta gama y no una tienda de segunda mano. ¡Por favor, salga!”.

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“Señorita, usted no entiende…”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Shutterstock

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“Sí, señor. Usted es el que no entiende. No me obligue a llamar a seguridad. ¡¡FUERA!!”, repitió ella.

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Los ojos de Domingo se llenaron de lágrimas, pero se las secó mientras salía de la tienda.

Unos minutos más tarde, el dueño de la tienda, Jacobo Fernández, estaba sentado en su oficina, monitoreando las cámaras de seguridad del local y tomando su café, cuando vio lo que había sucedido con Domingo.

“¿Esto es real? ¿Es ese...?”, dijo y salió corriendo en busca del anciano, quien afortunadamente todavía estaba cerca.

“¡Discúlpeme, señor!”, gritó Jacobo mientras corría hacia el hombre mayor. “¡Por favor, Sr. Lara, deténgase! ¡Por favor, regrese a la tienda, se lo ruego!”.

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Cuando Domingo se dio la vuelta y vio al joven, lo reconoció al instante. “¡Dios mío, Jacobo! Ha pasado mucho tiempo.

“Lamento cómo lo trató mi personal, Sr. Lara. Me disculpo en su nombre”, dijo. “Soy el dueño de la joyería. Lo hubiera atendido personalmente si hubiera sabido que era usted. Pero, no es demasiado tarde. ¿Qué tal si entra y le mostramos mejores diseños? Por favor, insisto”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Domingo asintió, sonriendo con lágrimas en los ojos. “Claro, gracias. Después de ti...”.

“Por favor, empaca el collar para el Sr. Lara”, le dijo a Lidia mientras el hombre mayor tomaba asiento. “Y ten cuidado en el futuro. ¡No empleamos a personas que les falten al respeto a nuestros clientes!”.

“Te lo agradezco mucho, Jacobo”, le dijo Domingo al joven. “¡No sabes cuánto significa esto para mí! A mi esposa...”, hizo una pausa, “le diagnosticaron una enfermedad terminal, y un mes es todo lo que le queda”.

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“Quería regalarle esto por nuestro 50º aniversario de bodas. Lo había estado pidiendo durante mucho tiempo, pero seguí posponiéndolo”.

“Vendí mi auto y saqué mis ahorros, pero parece no ser suficiente...”. Domingo le ofreció a Jacobo todo su dinero, pero el joven lo rechazó.

“Me temo que no puedo aceptar eso de usted, Sr. Lara. Usted fue uno de los maestros más maravillosos que tuve, y siempre me animó mientras que otros maestros pensaban que yo no servía para nada”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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“Sería injusto si yo no lo ayudara ahora, cuando usted me ayudó tanto y me enseñó mucho más…”.

Pero Domingo insistió y convenció a Jacobo de que aceptara el dinero. Luego fueron a un café cercano y hablaron un rato antes de que el hombre mayor se fuera a casa.

Cuando el anciano le entregó el regalo a su esposa, Estela, ella no pudo contener su alegría. “Ay, cariño, no tenías que hacer esto...”.

“Feliz aniversario, mi amor”, le dijo Domingo. “Espero que te guste el regalo”.

La mujer lo abrió y encontró un pañuelo envolviendo billetes de dólar dentro de la caja del collar. También le leía un mensaje garabateado en el pañuelo. Ella se lo mostró a su esposo, y él se dio cuenta de que era de Jacobo.

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La nota decía:

“Fue un honor ser su alumno, Sr. Lara. Lo que aprendí con usted es más valioso para mí que cualquier otra cosa. Gracias por creer en mí cuando nadie más lo hacía. Le estaré eternamente agradecido por eso. Jacobo”.

“¡Ah, ese chico! Tiene un corazón muy bondadoso. Muchas gracias, Jacobo. ¡Muchas gracias!”, dijo en hombre mayor, secándose las lágrimas de los ojos.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

La influencia positiva de un maestro nunca se puede borrar. Jacobo recordó que el Sr. Lara había sido un maestro maravilloso que siempre creyó en él. Y así, el joven decidió pagarle interviniendo para ayudarlo.

Un poco de amabilidad puede alegrarle el día a alguien y hacerlo sonreír. El acto reflexivo de Jacobo de ayudar a Domingo ayudó al hombre mayor a ver la hermosa sonrisa en el rostro de Estela.

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