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Maestro jubilado es voluntario en un orfanato: un día ve allí a niña idéntica a su nieta - Historia del día

Mayra Pérez
22 ago 2022
17:00
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Un maestro jubilado decidió ser voluntario en un hogar comunitario y se sorprendió al ver a una niña idéntica a su nieta. Luego, descubrió un secreto largamente guardado que cambiaría sus vidas para siempre.

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Pablo había sido maestro toda su vida. Ahora vivía solo en un pequeño departamento después de haberse separado de su esposa una década atrás.

A los 60 años decidió jubilarse para pasar más tiempo con su hija y su nieta, con quienes se había reencontrado recientemente. Habían estado separados durante años y él quería compensar el tiempo perdido.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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En los días que no podía estar con su familia, se ofrecía como voluntario en orfanatos para ayudar. Le gustaban los niños y, a menudo, ofrecía allí servicios de tutoría gratuitos.

Un día, Pablo decidió ser voluntario en un orfanato más alejado de la ciudad. Cuando llegó, se sorprendió al ver allí una niña idéntica a su nieta.

Decidió acercarse para conocer mejor a la niña. “Hola, soy el maestro Pablo. ¿Cómo te llamas, y cuántos años tienes, pequeña?”.

“Hola, soy Andrea y tengo cinco años”, dijo llena de orgullo. “¿Tú nos vas a enseñar matemáticas hoy? A mí me encantan las matemáticas”, respondió la dulce niña.

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Pablo se sorprendió al saber que la niña tenía cinco años; era la misma edad que tenía su nieta. Tenía el mismo cabello castaño claro, ojos color avellana brillantes y piel blanca. Solo se diferenciaban por un pequeño lunar que ella tenía junto a su ojo derecho.

Ese día, Pablo enseñó a Andrea, junto con otros niños. “Gracias por ser tan aplicados hoy”, les dijo después de que terminaron su lección.

“¡Gracias, señor Pablo! ¿Volverá pronto?”, preguntó uno de los niños. “¡Su clase es muy divertida!”, intervino otro.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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Pablo sonrió y asintió con la cabeza. “Por supuesto. Me encantaría volver”, dijo. Pero sus pensamientos estaban en Andrea y en cómo se parecía tanto a Mindy, su amada nieta.

Estaba decidido a averiguar más sobre su similitud, por lo que invitó a su hija a que lo acompañara al orfanato la próxima vez.

“Este orfanato está fuera del vecindario y necesita más voluntarios durante el fin de semana. ¿Puedes venir conmigo?”, le preguntó a su hija Lisa. Decidió no contarle sobre Andrea porque quería una reacción genuina de ella al ver a la niña.

“Por supuesto, papá. Puedo ir contigo el sábado", estuvo de acuerdo su hija Lisa.

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Cuando llegaron al orfanato ese fin de semana, Lisa no tardó en ver a Andrea. Tan pronto como la vio, comenzó a llorar y salió del edificio.

“¡Lisa! ¿Qué ocurre?”, preguntó Pablo. “¿Por qué estás llorando?”.

Lisa tenía una expresión culpable en su rostro mientras miraba a su padre. “Lo siento, papá... te he estado ocultando un secreto todos estos años”.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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“¿Qué secreto has estado guardando?”, preguntó mientras se sentaban en uno de los bancos fuera del orfanato.

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Lisa recordó el momento en que estuvo apartada de su familia durante varios años debido a su relación con un hombre mucho mayor que ella. “Cuando quedé embarazada, Maximiliano me dejó y me quedé totalmente sola. Estaba esperando mellizas”, explicó.

“Durante el primer año de vida de las niñas, mamá me ayudó a cuidarlas. Ella nos acogió y me ayudó durante todas las largas noches y los días agotadores. Luego, se enfermó, y para cuando las gemelas cumplieron un año, falleció”, reveló Lisa.

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“Sabía que no podía criar a dos niñas sola, papá. Tuve que tomar la dolorosa decisión de dejar a Andrea en el orfanato. No pensé que todavía estaría aquí. Creí que alguien ya la habría adoptado. Ella era una bebé tan dulce”, sollozó Lisa y siguió disculpándose con su padre.

Pablo se sentó en silencio antes de finalmente poner un brazo tranquilizador sobre el hombro de su hija. "Hiciste lo que pensaste que era mejor en ese momento, cariño", le dijo. "Lamento no haber estado allí para ayudarte en todo esto".

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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“Pero siento que no es demasiado tarde, cariño. Andrea sigue siendo tu hija y todavía puede tener una familia”, le dijo. “Solo han pasado cuatro años, todavía hay mucho tiempo. No vas a estar sola. Yo estaré a tu lado y te apoyaré y ayudaré en todo”.

Lisa hizo una pausa por un momento, sumida en sus pensamientos. Luego asintió con la cabeza y estuvo de acuerdo con su padre. “Tienes razón”, dijo ella. “No es demasiado tarde, papá. Llevemos a Andrea a casa”.

Después de pasar un día con Andrea y el resto de los niños, Lisa no pudo evitar sentirse emocionada. Ambas tuvieron una conexión instantánea que era difícil pasar por alto.

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Lisa y Pablo se ayudaron mutuamente con todo lo necesario para finalizar la adopción de la pequeña. Cuando la llevaron a casa, Andrea y Mindy se sorprendieron al ver lo idénticas que se veían.

“¿Eres mi hermana gemela?”, dijo Mindy, llorando mientras abría los brazos para abrazar a Andrea.

“Siempre he querido una hermana”, dijo Andrea. “Gracias por traerme a casa”, gritó.

Todos los días, Lisa y Pablo trabajaron mano a mano para criar a las niñas. Se turnaron para cocinar, limpiar y llevarlas a la escuela. El abuelo se convirtió en el tutor de sus dos nietas para que pudieran crecer valorando su educación y algún día seguir sus sueños.

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Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Nunca es demasiado tarde para empezar de nuevo. Lisa nunca pensó que volvería a ver a la hija tras darla en adopción, hasta que su padre la encontró. Decidieron llevarla a casa, esperando darle un futuro mejor.

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Las personas destinadas a estar en tu vida siempre encontrarán el camino de regreso. Pablo no tenía idea de que su amor genuino por ayudar a los huérfanos lo llevaría a descubrir un secreto y a darle un amoroso hogar a su nieta.

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