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Fuente: flickr.com/eyeliam

Niña se lleva bebé abandonado a casa, años más tarde un abogado le informa de la herencia de $2,7 millones del niño - Historia del día

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Una niña encontró un bebé abandonado un día y lo llevó a casa. Les rogó a sus padres que lo adoptaran. Años más tarde, recibió una llamada de un abogado con una sorprendente noticia.

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Durante años, Clara había rogado a sus padres por un hermanito o una hermanita, pero el sueldo de Marcos y Cindy no era la gran cosa. Agregar otro miembro a su hogar no era una buena idea en términos económicos.

Cindy no quería romper el corazón de su hija ni hacer que se preocupara por el dinero. Entonces, en lugar de decirle la verdad, ella le dijo: “Si rezas mucho, es posible que algún día tengas un hermanito”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Clara tomó esas palabras en serio, y todas las noches antes de acostarse, le rogaba a Dios por una nueva incorporación a su familia. Prometió ser la mejor hermana del mundo y esperaba que pronto Dios escuchara sus oraciones.

A los 10 años, pensó que tal vez nunca sucedería, pero estaba contenta con su familia. Marcos y Cindy la querían mucho y, a pesar de sus dificultades con el dinero, eran tan felices como podían serlo.

Un día, Clara se fue caminando de la escuela a su casa. Su madre pensaba que ya tenía la edad suficiente para irse a pie y eso solo tomaba unos diez minutos. Ella dijo que le daría responsabilidad. A veces, una amiga caminaba con ella porque vivía cerca, pero ese día iba sola.

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Ella iba mirando sus zapatos mientras saltaba alegremente. Entonces, la niña no se dio cuenta de la carriola en el medio de la acera. Tropezó, sacudiendo la carriola, y escuchó un débil grito desde adentro.

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“Ay”, murmuró. Entonces se inclinó y vio a un bebé dentro. Sus grandes ojos estaban muy abiertos y curiosos. Pero pronto comenzó a gemir.

“No llores”, susurró ella y comenzó a balancear el cochecito de lado a lado. Afortunadamente, el bebé se calmó. Entonces Clara miró hacia la calle para ver si veía a su madre.

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Su familia vivía en un pequeño y agradable vecindario de casas modestas. Las madres a menudo caminaban con sus cochecitos por las aceras del lugar, pues era bastante seguro, pero nadie se atrevería a dejar a un bebé solo así.

Esto es extraño, pensó la niña, frunciendo el ceño ante el cochecito aparentemente abandonado. Esperó unos minutos más, pero sabía que su madre se preocuparía si no regresaba pronto a casa.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Por otro lado, no podía dejar a este bebé en la calle así como así. La única opción era llevárselo a casa; su madre sabría qué hacer.

“Clara, ¿QUÉ ES ESO?”, exclamó la madre de la niña, viendo a su hija entrar en su casa con un cochecito.

“¡Mamá! Encontré este cochecito abandonado en la calle. ¡Hay un niño dentro, pero no había nadie! ¡No podía dejarlo solo!”, se apuró a explicar la pequeña.

Los ojos de su madre se agrandaron, su sorpresa y confusión eran evidentes, pero levantó al bebé y lo acunó contra su pecho. “Dios mío, ¿quién haría esto? Vamos a tener que llamar a la policía”, dijo, palmeando la espalda del bebé.

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Clara frunció los labios y miró a su madre, esperanzada. “Mamá, ¿y si es el hermano por el que he estado orando todos estos años? ¿Y si es mi respuesta de Dios?”.

“¿Qué? Ay, cariño. No es así como funciona. No realmente. Necesitamos saber si lo dejaron por error. Sus padres podrían estar muy preocupados por él”, explicó Cindy, meciendo al bebé con calma.

La niña no dijo nada más, pero buscó en el cochecito alguna pista. De repente, encontró una hoja de papel. “¡Mamá, hay una carta!”.

Cindy la agarró con una mano y comenzó a leer: “A quien lo encuentre, por favor cuídalo. Su nombre es Gabriel. Yo no puedo. Tengo 18 años y me echaron de casa. Por favor. Gracias”.

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“¿Su mamá lo dejó?”, preguntó Clara en estado de shock.

“Creo que sí, cariño”, respondió Cindy, con las cejas arqueadas por la preocupación.

El bebé era pequeño y necesitaría fórmula, así que llamó a su esposo y le explicó la situación. Él compró comida y pañales baratos. Cuando llegó a casa, le dieron de comer y llamaron a las autoridades.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Unos oficiales se acercaron y escucharon su historia. Le pidieron a la familia que se quedara con el bebé por la noche, y un trabajador social vendría por él al día siguiente.

Pero esa noche cambió todo para ellos. Gabriel era increíble. Se divirtieron teniendo un bebé en la casa, incluso con los llantos y los pañales sucios.

Antes de que todos se fueran a la cama, Clara volvió a rogar a sus padres. “Creo que nos lo enviaron. Es la respuesta a mis oraciones. Es mi hermano pequeño”, les dijo antes de irse a su habitación.

Cuando la trabajadora social apareció al día siguiente, la niña no pudo dejar ir al bebé e instó a sus padres a adoptarlo.

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La pequeña convenció a Marcos y a Cindy. Entonces ellos hablaron con la funcionaria sobre quedarse con el bebé mientras las autoridades completaban la investigación.

La trabajadora social estuvo de acuerdo, pero les dijo que primero debían obtener una certificación de padres de crianza temporal, lo cual hicieron de inmediato.

La investigación no llevó a nada, y unos años más tarde, Marcos y Cindy adoptaron a Gabriel oficialmente. Clara cumplió su promesa a Dios. Era la mejor hermana de todas.

Ayudaba con la alimentación y el cambio de pañales y jugaba con su hermano pequeños tanto como podía. Ella cuidaba al niño todo el tiempo porque sus padres no podían pagarle a una niñera.

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El dinero se hizo aún más escaso durante esos años, pero eran felices. Realmente parecía que Gabriel les había sido enviado por Dios o quienquiera que hubiera sido esa pobre madre.

A los 19, Clara asistía a la universidad local pero aún vivía en casa. También tenía un trabajo de medio tiempo, pero pasaba mucho tiempo con su hermano pequeño, que tenía casi 10 años.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Clara oyó que sonaba el teléfono de la casa. Atendió. Era una llamada de un abogado.

“¿Hola?”, dijo, diciéndole a su hermano que estaría allí para jugar Monopoly en un segundo.

“Hola, ¿hablo con Cindy Arteaga?”, preguntó una voz masculina.

“No, le habla Clara. Cindy es mi madre”, respondió ella.

“Ah, bueno. Contigo también puedo hablar. Soy el Sr. Carreño. Soy abogado de Susana Márquez”, explicó el hombre.

Clare frunció el ceño. Ella no tenía idea de quién estaba hablando. “¿Quién es ella?”.

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“Eso no importa. Te llamo para informarte que la señorita Márquez les dejó a ti y a tu hermano, Gabriel, $7,7 millones. Deberías venir con tus padres a mi oficina pronto para que firmen los papeles”, sugirió el jurista.

Claire se quedó boquiabierta. “¿Qué? No, tiene que haber algún error. ¿Quién es usted? ¿Cómo sabe sobre nosotros?”, preguntó, alarmada.

“Te sugiero que llames a este número”, respondió el Sr. Carreño y comenzó a recitar una serie de dígitos. Clara los anotó lo más rápido posible. “Obtendrás las respuestas que necesitas. Luego vengan a mi oficina para tener todo listo. Hasta pronto”.

“Pero…”, comenzó la joven, pero el abogado ya había colgado.

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Ella no tenía idea de qué hacer. La situación financiera de sus padres había mejorado con los años y no tenían familia ni nadie que les dejara dinero. Sus parientes lejanos también eran personas comunes. Esta llamada no tenía sentido.

Pero, el abogado habló de su hermano. Algo estaba pasando y necesitaba averiguar la verdad de inmediato, así que llamó al número.

“Hola, Clara”, respondió una débil voz femenina cuando la joven llamó. “Supongo que recibiste una llamada del Sr. Carreño. No es mentira. Recibirán ese dinero”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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“¿Eres Susana?”.

“Sí”.

“¿Quién eres? ¿Por qué nos vas a dejar dinero?”.

“Hace unos años, mis padres me echaron porque llegué a casa con un niño. No sabían que estaba embarazada y estaban... enojados, por decir lo menos”.

“Tener un niño fuera del matrimonio a los 18 años, mi hijo habría sido una vergüenza en su círculo”, contestó la mujer. Tras escuchar esto, Clara se dejó caer en el sofá. Finalmente estaba comprendiendo la situación.

“Dios mío”, murmuró, tapándose la boca con la mano.

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“Sí, soy la madre biológica de Gabriel y estaba escondida detrás de un árbol cuando llevaste el cochecito a casa. Lo vi todo. Sabía dónde estaba mi hijo”.

“Todos estos años he vivido con remordimiento. No debería haberlo entregado, pero no podía hacer nada sin el apoyo de mis padres. Me dijeron que, si lo entregaba, me aceptarían de regreso”.

“Yo era una cobarde, así que lo hice, y regresé a casa”. Susana tosió varias veces, interrumpiendo su narración.

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“Entiendo, pero, ¿qué piensas hacer ahora?”, preguntó la joven, asustada de que la mujer intentara recuperar a Gabriel o que les ofreciera dinero por él. Fue una tontería que el abogado dijera que el dinero era para los dos, pero ella estaba preocupada y asustada.

“Mis padres murieron en un accidente automovilístico solo unos años después de que dejé a mi hijo en tu calle, y obtuve toda mi herencia. Quería recuperar a mi pequeño, pero vi lo felices que eran”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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“Eran una familia. Todos ustedes lo amaban. Observé desde lejos, y no pude hacerlo. No podía quitarle eso. Además, tus padres lo habían adoptado para entonces, por lo que habría sido un desastre, así que me mantuve alejada”.

“Entonces, ¿nos vas a dar dinero ahora? ¿Por qué a mí también?”.

“No. Te estoy dando parte de mi herencia ahora para acelerar el proceso, pero tu familia también recibirá el resto después”, explicó Susana.

“Estoy enferma, Clara. No tengo mucho tiempo, así que supongo que renunciar a él fue la voluntad de Dios. Mi hijo estaba destinado a estar contigo y tu familia. Y pronto recibirán todo mi dinero”.

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“No, debe haber algo que puedas hacer. Con todo ese dinero, puedes pagar a los mejores médicos”, respondió la joven, sin saber qué más decir.

Ella no conocía a esta mujer, pero como era la madre biológica de Gabriel, eso la hacía parte de su familia de alguna manera.

“No, Clara. Es… no es posible. Esperaba hablar con tus padres y agradecerles por acoger a mi hijo también, así que, si me pueden llamar, realmente lo agradecería”, agregó la mujer.

Colgaron la llamada después de unos minutos, pero Clara prometió decirles a sus padres.

Cindy y Marcos la llamaron esa noche. Susana les agradeció y se explicó. Más tarde, le contaron todo a Gabriel. El niño sabía que era adoptado, pero esta noticia lo conmocionó.

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Inicialmente, querían hacer planes para que conociera a su madre biológica, pero ella murió pocos días después de esa llamada telefónica y nunca tuvieron la oportunidad.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Eventualmente, recibieron los $7,7 millones que la mujer prometió, pero llegó más dinero, que incluía un fondo fiduciario para Gabriel y una casa enorme en la parte más próspera de su ciudad.

Su familia finalmente pudo dejar de preocuparse por el dinero, pero trabajaban duro para que esta nueva era en sus vidas no afectara su dinámica. También podían pasar más tiempo juntos.

La mayor parte del dinero que obtenían Cindy y Marcos con su arduo trabajo se guardaba de forma segura para el futuro.

Clara creció sabiendo que Gabriel era la respuesta a sus oraciones de la infancia, incluso si los demás pensaban que era solo una coincidencia.

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Pero después de saber de Susana, supo que había tenido razón. Que estaba destinado a ser. Su hermano pequeño era su mejor amigo y su persona favorita.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Algunas oraciones son respondidas de las formas más extrañas y hermosas. Clara oró para tener un hermano y recibió su regalo, incluso si sus padres no planeaban tener otro hijo.

La familia es más importante que el dinero. A pesar de sus luchas, Cindy y Marcos acogieron a Gabriel y lo criaron con todo el amor del mundo. Su familia era sólida, incluso después de recibir toneladas de dinero. El amor era más valioso.

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