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Hombre mayor triste en su finca. | Foto: Shutterstock
Fuente: Hombre mayor triste en su finca. | Foto: Shutterstock

Abuelo vende su finca para comprar un regalo por la boda de su nieto pese a estar distanciados - Historia del día

Vanessa Guzmán
22 nov 2022
11:20
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Un abuelo amoroso vendió su preciada finca para comprarle un obsequio de bodas a su nieto distanciado. Cuando el joven decidió abrir el regalo dos años después, cayó de rodillas llorando y se dirigió rápidamente a la tumba de su difunto abuelo para pedirle perdón.

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Anderson estaba esperando fuera del pub, sus ojos llorosos brillaban bajo los faroles. Le partía el corazón no haber sido invitado a la despedida de soltero de su nieto Matías.

“Y ahí va mi última noche de libertad. ¡¡¡SALUD, chicos!!!”. Matías brindó con sus amigos y salió con su bebida para contestar su teléfono. No esperaba ver a su abuelo Anderson en la entrada, y eso arruinó su ambiente de fiesta.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Gritó: “¿Tú? ¿Qué haces aquí? ¡Maldita sea... seguridad! ¿Qué hace este viejo aquí? ¡Escóltenlo lejos de aquí!”.

Dos individuos se acercaron a Anderson y lo obligaron a alejarse. El hombre de 74 años quedó decepcionado, en la calle, lejos de la entrada del pub. Se sentía herido.

Mientras cruzaba la calle, pensó: “Sigue andando, Anderson. La casa de Grecia está cerca. Ella te perdonará. Han pasado veinticuatro años desde...”.

Lee más: Abuela que gastó sus ahorros pagando la boda de su nieto tiene prohibido asistir a la ceremonia - Historia del día

Grecia era su única hija, quien hasta hace 24 años lo llamaba “papá”, hasta el día en que ella le gritó: “¡Vete y no vengas a verme de nuevo! ¡Aléjate de mi bebé y de mí!”. Esas fueron las últimas palabras que escuchó de ella.

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No era que Anderson se hubiera rendido y nunca hubiera suplicado el perdón de Grecia. Pero cada vez que ella lo veía en la entrada de su casa, le daba un portazo en la cara y lo insultaba hasta que él se alejaba, llorando, desconsolado.

El hombre mayor sabía lo que sucedería si volvía a ir a la casa de su hija. Estaba decidido a visitarla para intentar mejorar su relación, pero no sería tan fácil. Grecia se enfurecía cada vez que veía a su padre en el umbral de su puerta.

Y esta vez ocurrió igual. Cuando lo vio, ella gritó: “¿Por qué viniste otra vez? ¡Mira, no quiero que vengas más! Mi hijo se casa mañana y no quiero que estés cerca. ¡No eres parte de nuestras vidas, y mi hijo te odia!”.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Anderson quería llorar. Su corazón se sentía como si se hubiera roto en mil pedazos.

“Querida, quiero ser parte de la boda de mi nieto. Es su día especial y quiero verlo casarse. Es mi derecho como su abuelo... Permíteme asistir a su gran día, cariño”, le rogó Anderson, juntando sus manos en petición.

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Pero Grecia estaba demasiado enojada con él y, nuevamente, le cerró la puerta en la cara. “¡Vete y nunca vuelvas! ¡No quiero volver a ver tu cara! ¡Vete!”, gritó ella. El hombre mayor se alejó y miró hacia la casa de su hija por última vez.

Grecia no sabía que nunca volvería a ver a su padre.

Matías estaba extremadamente feliz al día siguiente. Era el día de su tan esperada boda. Tenía muchas ganas de casarse con su novia de toda la vida, Marisa, y se veía tan encantador como siempre con su traje gris carbón.

Cuando su madre se acercó para colocarle un broche en su chaqueta, se preocupó de que su padre llegara inesperadamente y arruinara su felicidad.

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Miró a su alrededor para asegurarse de que Anderson no hubiera venido. “Gracias a Dios no está aquí”, suspiró y se fue con su hijo a la iglesia.

Durante todo el evento, Grecia estuvo inquieta. No quería que su papá asistiera y estropeara la ceremonia. Afortunadamente para ella, el hombre mayor nunca llegó.

Los recién casados ​​regresaron a la casa del novio cuando terminó la boda. Matías estaba ocupado desenvolviendo todos sus regalos esa noche cuando una caja de regalo llamó su atención. Una nota pegada encima decía: “Feliz vida de casado, hijo. Con amor, tu abuelo, Anderson”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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El joven se puso furioso y se lo contó a su mamá. “Tira esa cosa”, dijo ella. Matías tiró el regalo en una estantería. “Estoy seguro de que debe haberlo enviado a través de alguien. ¿Quién necesita su regalo cuando ni siquiera lo necesitamos a él?”.

Grecia y su hijo se olvidaron del regalo durante dos años. La presencia y el amor de Anderson no les hacía falta. Él era un recordatorio constante de lo que le había hecho a su única hija más de dos décadas atrás, y la mujer se enojaba cada vez que pensaba en ello.

Matías, sin embargo, no conocía el panorama completo de lo que había sucedido entre su madre y su abuelo. Creía ciegamente lo que Grecia le decía. Ella solo llenaba sus oídos con palabras negativas sobre su abuelo.

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“Tu abuelo no era un buen hombre. Por favor, aléjate de él. No nos merece. Me odia tanto que no fue a mi boda, hijo”, solía decirle a Matías. Pero ella nunca le había revelado la verdad completa a su hijo sobre por qué su padre no había asistido a su boda.

Matías creció en una red de mentiras sobre su abuelo hasta que un día él y su madre visitaron la casa del anciano la noche después de su funeral y se sorprendieron por lo que vieron.

“Mamá, me habías dicho que el abuelo vivía en su casa de campo en su finca. Pero esta choza se ve muy pequeña y mal amueblada. ¿Por qué iba a vivir aquí cuando tenía una casa más grande?”, le preguntó el joven a Grecia. Ella también estaba confundida.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Miraron alrededor de la pequeña cabaña de Anderson y encontraron fotos de Matías de diferentes épocas. Resultaba que el anciano había tomado estas fotos sin el conocimiento de su nieto.

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“¡Dios mío! Esta foto es de cuando me gradué. ¡El abuelo también estuvo allí y yo no lo sabía!”.

Mientras Matías seguía buscando, encontró un viejo diario. Le quitó el polvo y empezó a leer. Sus ojos dieron paso a las lágrimas que comenzaron a fluir.

Su rostro estaba enrojecido de ira cuando se dirigió a su madre y le preguntó: “Mamá, respóndeme... ¿Es esto cierto? ¿Fue por esto que el abuelo no fue a tu boda?”.

Grecia leyó rápidamente partes del diario y se dio cuenta de que no podía seguir mintiendo.

Ella confesó: “Hijo, estaba locamente enamorada de tu padre, y tu abuelo trató de convencerme de que cambiara de opinión y lo dejara. Creía que tu papá era un mentiroso”.

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“Lo invité a mi boda, pero él se negó a asistir. Me sentía avergonzada cuando no había nadie que me llevara hasta el altar”.

“En el último momento, el padre de mi mejor amiga se ofreció a acompañarme. Me sentía muy defraudada y herida por mi propio padre. No podía perdonarlo, y comencé a odiarlo”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

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Además, resultó que las predicciones de Anderson sobre su yerno habían sido ciertas. El tipo era un mentiroso y un infiel. Decidió dejar a Grecia cuando ella reveló su embarazo.

Se había casado con ella por su dinero, y cuando supo que Anderson había sacado a Grecia de su vida, la dejó y nunca regresó.

“Me costó aceptar la verdad. Tu abuelo había tratado de ayudarme, pero yo seguía dolida por lo que había hecho. Me sentía acorralada por todos lados y lo aislé de mi vida, de la forma en que él lo había hecho conmigo”.

“Temía que me reprochara el haber sido engañada y me dijera en mi cara que él había tenido razón”, dijo Grecia llorando.

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Matías se echó a llorar y recordó el regalo que el difunto Anderson le había dado el día de su boda. Salió rápidamente a buscarlo, y se sintió aún más arrepentido de cómo había tratado a su abuelo después de descubrir qué era.

“Dios mío, abuelo... siento haberte hecho esto”. Matías lloró cuando desenvolvió la polvorienta caja de regalo y encontró una nota dentro, junto con algunos documentos y un manojo de llaves.

“Mi nieto, te deseo una feliz vida de casado. Que vivas tus sueños y trabajes duro para lograrlos. Sé que siempre has soñado con abrir un restaurante. Por eso te doy la llave y los documentos de un nuevo edificio que compré para ti. Salud, mi nieto querido. Y buena suerte con tu nuevo negocio. Con amor, tu abuelo Anderson”.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

Resultó que el hombre mayor había vendido su preciada finca para comprar un edificio de lujo para que Matías pudiera abrir su restaurante allí.

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El joven cayó de rodillas mientras lloraba. Anderson mencionó en su diario que esta finca solía ser su posesión más preciada. Matías recordó haber leído:

“Mi finca me sacó de mi dolor. Me motivó a trabajar duro y a criar a mi hija después de que mi esposa muriera durante el parto. Mi finca no es solo tierra y piedra. Es un pedazo de mí. La vendí para pagar tu sueño, mi querido nieto”.

El joven se levantó y se apresuró a ir a la tumba de su difunto abuelo para rogarle perdón.

Unos meses más tarde, Matías abrió un restaurante de lujo y le puso el nombre en honor a su difunto abuelo. Visitaba el lugar de descanso de Anderson todos los días después del trabajo y le llevaba sus flores blancas favoritas.

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El hecho de que solo había conocido a su abuelo a través de un viejo diario lo atormentaba. Matías y su madre lamentaban haber dado por sentado a Anderson. Esperaban y rezaban por su perdón, pero sabían que ya era demasiado tarde.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • La vida es demasiado corta para pelear por un pasado turbio: Perdona cuando puedas. Grecia nunca perdonó a Anderson por no haber asistido a su boda. Él buscó su perdón durante décadas, pero ella nunca aceptó su disculpa hasta su muerte.

  • Ama y honra a tus seres queridos mientras aún están vivos: Grecia y Matías estaban resentidos con Anderson y nunca le dieron la oportunidad de ser parte de sus vidas. Lamentaron su error y aprendieron su valor después de su muerte.

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Lee también: Abuela que crio sola a su nieto y gastó sus ahorros en su boda se entera de que él no la invitó - Historia del día

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