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Viejo cofre de madera | Foto: Shutterstock
Viejo cofre de madera | Foto: Shutterstock

Hombre no puede abrir un viejo cofre heredado: se entera de que su odiada hermana tiene la llave - Historia del día

Susana Nunez
22 mar 2023
10:00

Tim se emociona cuando hereda el cofre de madera secreto de su difunto padre, pero por desgracia, la llave la tiene su odiada hermana. Cuando ella le da las llaves y abren el cofre, ambos deben tomar una difícil decisión.

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El corazón de Tim empezó a acelerarse mientras intentaba procesar lo que el abogado acababa de decir en la llamada: "Buenos días, señor Palacios. ¿Puede venir hoy mismo a mi despacho a recoger el cofre que le legó su padre?". Las palabras sorprendieron al empresario de 35 años.

"¿Solo eso? ¿Nada más?", Tim se quedó perplejo. "Nunca permitió que nadie se acercara a ese cofre… ¿Por qué iba a dejármelo si ni siquiera estaba dispuesto a mostrar lo que había dentro?", pensó.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Las palabras del abogado resonaban en la cabeza de Tim mientras se esforzaba por darle sentido a todo aquello. Aquella tarde, condujo hasta su despacho, con la mente bullendo de preguntas y especulaciones sobre lo que podría haber en aquel cofre.

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"¿Qué habrá dentro de ese cofre? ¿Qué nos ocultaba papá a mi hermana y a mí?", se repetía en su mente.

Cuando Tim entró en el despacho del abogado aquella tarde, su mirada se desvió hacia el viejo cofre de madera que estaba sobre una mesa, en un rincón. No podía apartar los ojos de él y, por un momento, pareció como si una energía magnética lo atrajera hacia él.

"Señor, firme estos papeles, por favor", dijo el abogado, interrumpiendo el tren de pensamientos en la cabeza de Tim.

Tim firmó los papeles, llamó a su chófer al despacho de la segunda planta para que llevara el pesado baúl a su coche y, justo cuando se daba la vuelta para marcharse, se acordó de la llave.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pixabay

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pixabay

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"¡Ah! casi lo olvido: necesito la llave del cofre", dijo al abogado, y se quedó estupefacto cuando supo que solo había heredado el cofre, no la llave.

"¿Cómo voy a abrirlo sin la llave?", espetó.

"¡Lo siento, señor, pero eso tendrá que averiguarlo por su cuenta! En el testamento no se menciona nada sobre una llave para usted".

Tim salió del despacho del abogado, decidido a forzar la cerradura y comprobar qué había estado ocultando la caja todos estos años. Al volver a casa, intentó romper el cerrojo con un viejo martillo de orejas, pero fue en vano.

"¿Qué demonios hay dentro de esta cosa? ¿Dónde está la llave?". Tim dio una patada al cofre después de que todos sus intentos de abrirlo resultaran inútiles. Estaba desconcertado y lleno de curiosidad por lo que ocultaba allí su difunto padre.

Entonces, recordó la casa de su infancia, donde crecieron él y su hermana gemela Karen. Ellos habían perdido a su madre en un accidente de incendio apenas dos meses después de nacer. Fueron criados por Jonathan, su padre.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pixabay

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pixabay

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Durante su infancia, los gemelos eran los mejores amigos. A medida que crecían, se sentían atraídos por el misterioso cofre que estaba sobre una mesa debajo del cuadro de la Última Cena, en el salón.

Tim y Karen siempre sintieron curiosidad por saber qué contenía aquel cofre, y a medida que pasaba el tiempo, sus especulaciones no hacían más que aumentar.

"Seguro que es algún tesoro de nuestros abuelos o bisabuelos", le dijo Tim una vez a Karen.

"No, debe de ser dinero… fajos y fajos, ¡y quizá nos lo den cuando cumplamos 18 años!", argumentó Karen.

De niños, pasaron varias largas noches cuchicheando sobre lo que podría haber en aquella caja. Un día le preguntaron a su padre, pero él se mantuvo hermético y les advirtió con severidad que nunca se acercaran a la caja ni la tocaran.

Estaba empeñado en proteger la caja e incluso había colgado la llave de un clavo en lo alto de la chimenea para que los niños nunca pudieran tocar su contenido. Fuera lo que fuera lo que ocultaba a sus hijos y a todo el mundo, era muy cauteloso al respecto.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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Con el paso de los años, Tim y Karen siguieron adelante con sus vidas. Se casaron y tuvieron hijos, y eventualmente, el vínculo entre hermanos se fue deteriorando. Se peleaban por quién heredaría la casa de su padre, y sus discusiones eran visibles para Jonathan.

El conflicto parecía interminable, y a él se le partía el corazón al ver cómo se desmoronaba su familia. Todo lo que Jonathan había querido siempre era que sus hijos se llevaran bien, pero por muchas artimañas que intentara para reconciliarlos, nada funcionaba.

Vivían en ciudades distintas, así que a veces invitaba a casa a uno de ellos sin revelar que el otro también estaría allí. Pero Tim y Karen ni siquiera podían tolerarse, y mucho menos compartir la misma habitación. Se detestaban, y su antipatía mutua solo empeoraba con el tiempo.

Mientras tanto, la salud de Jonathan empezó a deteriorarse, y en su lecho de muerte deseó que sus hijos dejaran a un lado sus diferencias y volvieran a estar juntos. Eso lo llevó a elaborar un creativo plan.

Tras su muerte, Tim heredó la misteriosa caja que le había intrigado desde la infancia. Necesitaba la llave para abrir el cofre y reclamar lo que había dentro, así que decidió ir a la casa de su infancia para encontrarla.

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Imagen con fines ilustrativos | Foto: Getty Images

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A medida que se acercaba, una sensación de inquietud le invadía las entrañas. Hacía muchos años que no pisaba esa casa. El césped estaba descuidado. La fuente con una estatua de mármol de un ángel en el centro se había desmoronado y había cedido al paso del tiempo.

La casa ya no parecía aquel hogar lleno de amor en el que Tim recordaba haber crecido. Una espesa ráfaga de brisa le rozó cuando se acercó al umbral y encontró la puerta cerrada. Su difunto padre no había legado su casa a nadie.

Tim sabía que la llave tenía que estar en algún lugar encima de la chimenea del salón. Así que trepó por el tejado hasta la ventana de su dormitorio y entró sigilosamente en la casa.

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Las viejas escaleras de madera crujieron cuando bajó lentamente, dirigiéndose a la chimenea donde su padre había colgado la llave por última vez. Al acercarse, sintió que le rozaba una ola de brisa fría y almizclada.

Todas las puertas y ventanas estaban cerradas, excepto la de su habitación. Entonces, ¿de dónde se filtraba el aire en la casa? El corazón le latía con fuerza ante la expectativa de conseguir la llave. De pronto, una sensación de miedo lo invadió, al sentir la presencia de alguien detrás de él.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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"¿Tim? ¿Qué haces aquí?", preguntó Karen, proyectando la linterna del móvil sobre la cara de Tim.

Estaba claramente conmocionada y no esperaba ver allí a su hermano. Ella se había colado en la casa por una ventana de la habitación de invitados, no muy lejos de donde lo había hecho Tim.

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"¿Karen? ¿Qué demonios haces aquí?", exclamó Tim. "Papá me legó su viejo cofre y he venido a buscar la llave. Y tú, ¿A qué has venido".

"¡Papá me dejó solo la llave! Así que vine aquí para buscar el cofre", dijo Karen, desconcertada sobre por qué su padre le había dado a Tim el cofre sin la llave y a ella la llave sin el cofre.

Se dieron cuenta de que era el retorcido plan de su difunto padre para reunirlos y hacer que se reconciliaran. Pero una vez más, empezaron a pelearse. Refunfuñaron y se insultaron, pero no tenían más opción, así que decidieron abrir el cofre juntos.

Cuando Tim y Karen abrieron la tapa, sus corazones se aceleraron de ansiedad. Por primera vez, iban a ver algo que su padre les había estado ocultando toda la vida, y superaba todo lo que hubieran podido imaginar.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pixabay

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"¿Qué es esto?", exclamó Tim. Tomó un documento metido entre lo que parecía un viejo álbum de fotos. ¡Resultó que el papel era la segunda parte del testamento condicional de su difunto padre!

Las lágrimas brotaron de los ojos de Tim y Karen cuando empezaron a leer las últimas palabras de su padre, comprendiendo finalmente por qué nunca les había permitido acercarse al cofre. Se miraron sin hostilidad, por primera vez en mucho tiempo.

Los hermanos sabían que tenían que tomar una decisión difícil que afectaría a su relación. ¿Qué elección estaban a punto de hacer? ¿El alma de Jonathan iba a descansar por fin en paz? ¿Se iban a reconciliar sus hijos?

Lentamente, comenzaron a ver las fotos de su infancia al lado de Jonathan. Y entre esas fotos había tres preciosos recuerdos del amor de sus difuntos padres: ¡las fotos de su boda!

Resultó que esas tres fotos eran lo único que quedaba de su madre, pues todas sus pertenencias y fotos se habían quemado en el incendio. Su padre atesoraba esos recuerdos y nunca permitió que nadie, ni siquiera sus hijos, viera las fotos porque temía que se estropearan.

Pero ahora les tocaba a ellos decidir si querían conservar los preciados recuerdos de su difunta madre o destruirlos si querían repartirse la casa a partes iguales.

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Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

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Según la última voluntad de Jonathan, Tim y Karen heredarían la casa. Sin embargo, solo podrían repartirse la herencia a partes iguales si cortaban una de las tres fotos de su madre y entregaban los trozos al abogado. Si no podían, tendrían que reconciliarse y heredarían juntos la propiedad.

Tim y Karen estaban ahora divididos entre su rivalidad y el amor por su madre. Se dieron cuenta de que aquellas fotos eran el único vestigio de su vida, y la idea de cortar una de ellas les parecía como si un cuchillo les atravesara el corazón.

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Los hermanos se miraron con impotencia y, de repente, algo cambió.

"¡No puedo hacerlo!", dijo Tim, alejándose del cofre y acercando a su corazón la foto de su difunta madre.

"¡Yo tampoco! No puedo hacerlo, Tim", gritó Karen.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Getty Images

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"Estos preciosos recuerdos son todo lo que tenemos de mamá… ¡Significan mucho para nosotros!".

Ambos lloraron, pensando en lo hermoso que habría sido el amor de sus padres. Se abrazaron y suspiraron profundamente mientras miraban el cofre. Se dieron cuenta de cuál había sido el plan de su padre para volver a reunirlos.

"¿Te acuerdas de esto? Te caíste de la bicicleta que papá nos regaló", rio Karen, hojeando el álbum de fotos.

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"Y esta… ¡Fue cuando ganaste el último premio del concurso de dibujo y actuaste como si hubieras levantado algún trofeo del campeonato!", se rio Tim.

Los hermanos reían y lloraban, y mientras hojeaban las hojas del álbum, la brecha que se había abierto entre ellos pasó ante sus ojos.

"¿Por qué nos peleábamos? Quiero decir… ¡¿cómo empezó?!", preguntó Tim.

"No sé… espera… tú dijiste que la casa de papá sería para ti. Tú empezaste, Tim!".

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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"¡Era una broma, Karen! Te lo tomaste en serio y empezaste a darle importancia. Ni siquiera me invitaste al bautizo de tu hija".

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"Pensaba que estabas demasiado enfadado conmigo para venir. Realmente no pensé que querías estar allí. Lo siento. Supongo que nos tomamos demasiado en serio nuestra pelea sin saber siquiera cómo había empezado".

Tim y Karen se levantaron del suelo y, con el corazón encogido y cierta "nueva" comprensión, sacaron dos de las fotos de la boda de sus padres.

"¿Estás preparada para esto?", preguntó Tim a Karen, y ella dijo que sí con una sonrisa sincera y lágrimas en sus ojos.

Los hermanos decidieron dejar a un lado sus diferencias y reconciliarse, ¡tal como siempre había deseado su padre! Salieron de la casa con una valiente decisión tomada: aceptaría la posesión conjunta de la propiedad.

Y antes de marcharse, metieron la tercera foto de su madre y su padre en un marco de fotos y la colgaron en el clavo donde antes colgaba la llave del cofre de madera.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • Ninguna cantidad de dinero puede comprar la paz y la felicidad que te da tu familia. Tim y Karen se pelearon por años, tras una tonta discusión. Sin embargo, se dieron cuenta de que la riqueza era menos importante que reparar su vínculo roto para honrar el último deseo de su padre.
  • Los recuerdos son las huellas inmortales que dejas de tu paso por la vida de otros. Tras encontrar las fotos de la boda de sus difuntos padres en el cofre, Tim y Karen decidieron conservar esos recuerdos y no arruinarlos en su carrera por repartirse la casa familiar en partes iguales.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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