Foto polémica: lo que realmente sucedió después de que una de las imágenes más discutidas fuera tomada

La foto lo hizo famoso, pero la fama no fue lo único que le trajo aquella controversial imagen captada en 1993 en Sudán. Te sorprenderá.

Kevin Carter documentó la vida sudanesa algún tiempo. La Voz de la Madre Tierra contó la historia de cuando el fotoperiodista se encontró con una niña hambrienta, que mientras descansaba bajo el sol era acechada por un buitre.

La escena inmortalizada por el reportero gráfico le trajo fama, críticas y mucho tormento. Hasta lo hizo acreedor de un Premio Pulitzer en 1994.

La imagen desgarradora recorrió el mundo entero y fue publicada en el New York Times, pero resulta que la controversia invadió el trabajo del fotógrafo, pues muchos lo tildaron de inhumano por no haber ayudado a la niña.

Captura de YouTube/Sandro Sansone

Captura de YouTube/Sandro Sansone

Resulta que la imagen mostraba a la niña con notable evidencia de desnutrición, que estaba siendo observada por el ave de rapiña, aguardando pacientemente a ver si tenía algo de suerte y la pequeña se convertía en su presa.

Carter esperó varios minutos hasta que el ave estuviera lo suficientemente cerca para él hacer la foto, pero luego de capturar el momento espantó al buitre.

Esto ocurrió en uno de los puestos de ayuda humanitaria de la Organización de las Naciones Unidas, en donde las familias acudían por algo de comida y los padres de la pequeña, junto a muchos otros se encontraban descargando alimentos de una avión.

Aunque el fotoperiodista espantó al animal, lo que vino después de publicar la fotografía nunca se lo imaginó. Cuando la gráfica se publicó en el New York Times el 26 de marzo de 1993, la reacción de los lectores fue inmediata y no muy positiva.

Decían que Kevin Carter era inhumano y que en vez de tener su cámara en la mano y aprovecharse del momento para hacer una fotografía, él debió haber auxiliado a la pequeña.

Incluso, el medio impreso tuvo que publicar una aclaratoria haciendo énfasis en que, de acuerdo al relato de Carter, la niña tenía suficiente fuerza para alejarse del buitre.

Captura tomada de YouTube/Sandro Sansone

Captura tomada de YouTube/Sandro Sansone

Pero, aun así, Carter siguió siendo atacado por su trabajo de campo en Sudán. La mayoría decía que era mejor ayudar que tomar fotos.

Lo cierto es que la opinión pública condenó el trabajo de este hombre, sin embargo, en 1994, la gráfica tomada un año antes lo llevó a ganar un Pulitzer.

Poco después de la premiación, a solo unos meses, el fotógrafo fue encontrado muerto. Mientras eran aclarados los hechos, se especuló que pudo haber sido por una enfermedad contraída de las víctimas de la hambruna.

Pero resulta que Carter se había suicidado. Previamente se quejaba de no haber ayudado a la niña y a muchos otros, aunque no podía hacer tantos por esas pobres almas.

Según la historia, Kevin Carter creció en Sudáfrica, y fue testigo de innumerables hechos atroces que le marcaron la vida.

Aun cuando presenció muchas tragedias, él continuó su trabajo, sentí que debía documentar aquellas horribles escenas que se vivían en los tiempos del Apertheid y lo que vino luego.

Fue testigo de innumerables asesinatos por golpes, puñaladas, disparos, incluso los llamados “collares”, una práctica bárbara en la que un neumático lleno de aceite se coloca alrededor del cuello de la víctima y se enciende en el fuego.

Captura de Youtube/Sandro Sansone

Captura de Youtube/Sandro Sansone

Cuando Carter registró la escena del buitre y la niña, se encontraba recorriendo pueblos llenos de gente hambrienta, a la par de la convivencia con soldados sudaneses armados, que estaban allí para evitar que interfiriera, y de hacerlo, posiblemente hubiera sido asesinado.

De hecho, Ken Oosterbroek, su mejor amigo de reportjaes, recibió un disparo y murió mientras él recibía el famoso Pulitzer.

El 27 de julio de 1994, Carter se dirigió a Parkmore, un área donde jugaba de pequeño, y se suicidó sujetando el extremo de una manguera al tubo de escape de su camioneta y corriendo el otro extremo a la ventana del lado del conductor. 

Murió envenenado con monóxido de carbono con 33 años junto a una nota de suicidio que decía:

“De verdad que lo siento mucho. El dolor de la vida anula la alegría hasta el punto de que no existe. Estoy deprimido, sin teléfono y dinero. Me obsesionan los vívidos recuerdos de asesinatos y cadáveres y rabia y dolor… de niños hambrientos o heridos, de locos desencadenantes del caos, a menudo policías, de verdugos asesinos… Me voy para unirme con Ken con algo de suerte”. 

Carter fue un claro ejemplo del sufrimiento que guarda una persona que tiene la labor de registrar en fotografías ese tipo de escenarios como la que observó en Sudán.

 Su trabajo dejó una huella para el planeta, y a pesar de las múltiples críticas recibidas, sin duda, fue un reportero lleno de coraje y valor que se enfrentó a muchos peligros por mostrarle al mundo verdades ocultas en pueblo indómitos.

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