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25 de agosto de 2021

Lo secuestraron y fue devuelto a sus padres: años después descubrió que no era hijo de ellos

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Paul Fronczak tenía un día de vida cuando fue robado por alguien que se hizo pasar por enfermera. Dos años después, el FBI devolvió un bebé a la familia Fronczak. En la adultez, él descubrió que no era el hijo que sus padres buscaban.

La historia de Paul Fronczak (o de los Paul Fronczak) parece digna de un melodrama. El 27 de abril de 1964, un día después de que su madre, Dora, lo diera a luz en el hospital Michael Reese de Chicago, una mujer vestida de enfermera se llevó al bebé.

Dijo que lo llevaría para que lo examinara uno de los médicos, y Dora Fronczak no sospechó. El personal del hospital fue el que advirtió el robo, pero tardaron en comunicárselo a la policía y a la madre del niño, un tiempo que fue vital para poder encontrarlo.

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Cuando finalmente se dio aviso a la policía se lanzó la mayor persecución en la historia de Chicago. Más de 175.000 empleados de correos, 200 oficiales de policía y agentes del FBI recorrieron la ciudad. 600 casas fueron requisadas, pero la búsqueda resultó infructuosa.

Dora y su esposo, Chester, quien era obrero de la fábrica, permanecieron en el hospital durante una semana, aceptando un shock que rápidamente se había convertido en una gran noticia nacional.

EL BEBÉ ABANDONADO

La pareja regresó a casa, el tiempo pasó y el FBI archivó la causa. Casi dos años después, sin embargo, un niño que coincidía con la descripción de Paul fue encontrado en Newark, Nueva Jersey.

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La familia Eckerts lo encontró abandonado en un carrito en un centro comercial muy concurrido. Se le dio el nombre de Scott McKinley.

A pesar de que no había registro del tipo de sangre o huellas dactilares del bebé de Dora, el FBI decidió que lo habían encontrado: era el único entre 10.000 pequeños que posiblemente podían ser Paul a quien no tenían motivos para descartar.

Fue devuelto a Dora y Chester. y los medios de comunicación del mundo se olvidaron del caso. El niño vivió una infancia normal, hasta que a la edad de diez años encontró en el sótano de su casa una caja llena de recortes de periódicos, cartas y tarjetas de simpatía del momento de su secuestro.

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Al darse cuenta por primera vez de que había estado en el centro de una gran noticia, Paul corrió escaleras arriba para preguntarle a su madre al respecto. Su madre se enfadó, pero admitió lo ocurrido.

"Sí, fuiste secuestrado. Te encontramos, te amamos, y esto es todo lo que necesitas saber", le dijo a Paul.

DUDAS SOBRE SU ORIGEN

Pero las dudas siempre acecharon a Paul. Cuando entró en los veinte, la sospecha de Paul de que algo no estaba bien comenzó a crecer.

Los Fronczak eran callados, y a él le gustaban el bullicio y la música fuerte. No eran aficionados a la música, y él devino músico de rock. Eran discretos y formales, y él prefería llevar el cabello largo. Ni siquiera se parecía físicamente a ellos, a diferencia de su hermano menor.

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Después de graduarse de la escuela secundaria, Paul dejó su casa para tocar el bajo con una banda de rock en Arizona. Tras eso se enlistó en el ejército, y luego tuvo muchos distintos trabajos, desde ser vendedor hasta desempeñarse como actor.

Más de 50 mudanzas y 200 empleos más tarde, se casó por segunda vez y se estableció con Michelle, una maestra. Cuando el médico de su hija, Paul, les preguntó sobre el historial médico de la familia, Paul se dio cuenta de que no tenía idea de cómo responder.

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En ese momento decidió que tenía que saber la verdad. Se hizo un examen de ADN después de convencer a Dora y Chester. El análisis confirmó sus sospechas: sus padres de crianza no estaban emparentados biológicamente con él.

El ahora desarraigado Paul contrató a un detective privado para que lo ayudara a encontrar a sus verdaderos padres, lo que llevó a los periódicos a retomar la historia. Durante un año, esto también implicó una ruptura de relaciones con Dora y Chester, que no estaban de acuerdo con la exposición.

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LA VERDAD

En 2015 con la ayuda de un equipo de voluntarios llamados Detectives de ADN, con la Genealogista Michelle Trostler a la cabeza, la familia biológica de Paul fue rastreada a través de una base de datos.

Su nombre era Jack Rosenthal y era seis meses mayor de lo que creía. Pese a los reencuentros con una nueva familia y a encontrar puntos en común con sus primos biológicos, Paul descubrió que su historia era bastante dura.

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Era hijo de Marie y Golbert Rosenthal, una pareja de personas problemáticas a quienes se había visto descuidar seriamente a sus hijos. Se enteró, también, de que tenía una hermana gemela, Jill, de quien tampoco se sabía nada.

Los indicios, de hecho, lo llevaron a una muy oscura sospecha: que algo muy malo podía haberle pasado a su hermanita, y que sus padres lo habían abandonado y reportado como desaparecido "porque no podían explicar por qué solo había un gemelo".

"Mis padres verdaderos realmente no eran personas muy agradables. Estoy agradecido de que me abandonaran porque eso me permitió estar con los Fronczaks. Ellos me salvaron la vida", afirma hoy.

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En ese punto, la investigación cambió de foco. Paul encauzó su búsqueda hacia dos nuevas incógnitas: averiguar qué pasó con su hermana gemela, y dónde estaba el hijo biológico perdido de sus padres de crianza, Dora y Chester Fronczak.

Contra todo pronóstico, Paul consiguió dar con el paradero del Paul Fronczak original: había crecido como Kevin Baty y llevado una vida tranquila. Pudo hallarlo gracias a que una de sus hijas se había hecho una prueba de ADN para conocer su ascendencia.

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Según se pudo reconstruir, la mujer que lo crió como hijo suyo, Lorraine Fountain, había estado saliendo con un doctor en Chicago para la época de la desaparición del bebé. En ese momento se mudó repentinamente a Arkansas durante un año, tras lo cual regresó a Illinois con el que decía que era su hijo. Lorraine falleció en 2004.

Pese a saber la verdad y leer la investigación que le envió Paul, Baty prefirió no ahondar en ello. Eligió no tener contacto con el hijo de crianza de los Fronczak, aunque sí llegó a conversar con su madre biológica en varias ocasiones.

Al momento de su fallecimiento en abril de 2020, el obituario de Kevin Baty consignó a sus padres de crianza como sus progenitores. También registró la fecha de nacimiento que él siempre festejó como su cumpleaños.

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¿Has oído de un caso así alguna vez? ¿Conoces casos de secretos familiares que han tardado años en revelarse? ¡Cuéntanos tu historia en los comentarios!

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