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31 de marzo de 2021

De exitoso fisicoculturista a una silla de ruedas a los 56 por el gimnasio: la historia de Ronnie Coleman

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El estadounidense se convirtió en el mejor fisicoculturista del mundo, pero no atendió a los llamados médicos que le advertían sobre el daño que se estaba haciendo.

Ronnie Coleman empezó a entrenar su cuerpo en la década de los 80, cuando estudiaba contaduría en la Universidad Grambling State. A la par jugaba fútbol americano.

Las visitas al quiropráctico ya eran constantes para tratar algunas molestias en su espalda, aun así seguía entrenando con dedicación.

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En cuanto se graduó, encontró dificultades para ingresar al mundo laboral. Entonces, decidió integrarse a la Policía de Texas.

Dentro de la institución, Coleman siguió moldeando su cuerpo hasta que un día, alguien le preguntó dónde entrenaba y le dijo que por su contextura tenía un buen futuro en el fisiculturismo.

Esa persona le presentó a Dobson, quien se convirtió en su entrenador personal y le regaló la membresía del gimnasio.

En 1990 llegó el primer premio para Ronnie, quien se convirtió en Mr. Texas en la categoría de peso pesado. Cinco años más tarde, ganó la Copa Pro de Canadá. 

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En 1997 se llevó el Gran Premio de Rusia y su carrera iba en ascenso. Coleman empezó a soñar con el Mr. Olympia, el premio más importante en el mundo del fisiculturismo.

Durante sus primeras apariciones en la competición, Ronnie no logró tener posiciones destacadas. Sin embargo, no se rindió y siguió entrenando cada vez más fuerte.

En 1996, durante un entrenamiento preparatorio para el Arnold Classic, sintió un fuerte ruido en su espalda. Al principio no le prestó atención, pero el dolor persistió hasta que lo envió al hospital.

Los médicos le dijeron que tenía una hernia discal por todo el peso que había soportado su espalda y le prohibieron seguir entrenando con tanta intensidad.

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Ronnie hizo caso omiso a esta advertencia, y tras muchas jornadas extenuantes de práctica en el gimnasio, en 1998 logró por fin convertirse en Mr. Olympia.

Desde entonces, se convirtió en toda una leyenda que deslumbraba a los jueces y se llevaba la venía de sus competidores.

En 2004, Coleman pesaba 134 kilos y había logrado ganar ocho premios Mr. Olympia. Su carrera estaba en lo más alto, pero su cuerpo se había resentido.

En 2018 tomaba calmantes a diario para mitigar el dolor por los problemas en su cadera y columna. En la actualidad, el fisiculturista ha pasado 15 veces por el quirófano y debe usar una silla de ruedas para desplazamientos de larga distancia.

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De hecho, después de una de las intervenciones tuvo que estar en rehabilitación durante un mes para aprender a caminar nuevamente.

"Es un estado avanzado de desgaste, por todo el peso que le ha puesto a su espalda estos años. Sus discos se han desgastado", dijo Mike Hisey, cirujano ortopédico encargado del caso de Coleman, citado por Infobae.

Pese a todo esto, Ronnie sigue entrenando, ya no como antes, pero lo sigue haciendo porque dice que a pesar del dolor aún le resulta placentero. 

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