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18 de julio de 2021

Hombre pierde la billetera con el sueldo de 2 meses, un indigente toca su puerta horas después - Historia del día

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Un hombre descubrió que había perdido su billetera con el sueldo de dos meses y creyó que había sido robada por un vagabundo, pero le esperaba una sorpresa.

Rafael estaba teniendo un mal día. Su coche se había averiado y había tenido que tomar un autobús para ir al trabajo. Iba a llegar tarde porque se había detenido en el banco para cobrar el salario mensual de sus dos empleados.

Estaba ansioso en la parada de autobús afuera del banco esperando el transporte público que lo llevaría a su tienda. En ese momento un hombre se le acercó y le pidió una colaboración para comprar comida.

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Rafael se negó. Algo de lo que siempre se arrepentiría. El vagabundo tenía unos treinta años y llevaba un abrigo largo, sucio y manchado, pero el hombre notó que estaba bien afeitado y razonablemente limpio.

“Señor”, dijo el vagabundo en voz baja, “no he comido en tres días, por favor, ¿podría ayudarme?”. Rafael retrocedió disgustado.

“¡No, no puedo ayudarte! ¡Deberías ayudarte a ti mismo! ¡Consigue un trabajo!”, le dijo.

El hombre se sintió apenado. “Lo intento, pero nadie me quiere dar una oportunidad”. Rafael se burló de él. “¡No me sorprende! ¡Mírate! ¿Quién confiaría en ti?”.

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“Soy honesto”, dijo el hombre con dignidad. “Sólo porque no tengo hogar...”. Pero en ese momento llegó el autobús y Rafael se apresuró en ahuyentar al hombre. “¡Piérdete, perdedor!”.

Subió al autobús y vio al vagabundo mirándolo a través de la ventana del vehículo. "¡Qué perdedor! Probablemente es un borracho o un drogadicto. ¡Pensar que alguien le daría un trabajo!".

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Rafael llegó a su tienda justo cuando llegaban sus dos empleados. Se apresuró a entrar en su oficina y empezó a imprimir la hoja de pagos de ese mes.

Luego metió la mano en su bolsillo. ¡Su billetera no estaba! Eso significaba que además había perdido más de 7.000 dólares en nómina.

Entonces tomó su teléfono y llamó a la policía. Informó de la billetera perdida y la estación le dijo que enviarían a un oficial al final del día.

Entonces se acordó del vagabundo. ¡Estaba seguro de que el hombre le había robado! ¿Por qué más se había acercado a él? “Debe haberme visto salir del banco”, pensó Rafael. “¡Ese ladrón sucio, fingiendo tener hambre!”.

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El dueño de la tienda llamó a sus empleados, se disculpó y les dijo que les pagaría por la tarde. Regresó al banco y sacó el dinero para cubrir los sueldos. Mientras salía, se fijó si el vagabundo estaba por los alrededores, pero no lo vio.

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Esa noche, cuando el hombre llegó a su casa, se llevó una sorpresa. Alguien estaba sentado en su puerta. Al acercarse, reconoció al vagabundo de la parada del autobús.

“¿Qué estás haciendo aquí?”, preguntó enojado, luego el hombre le tendió la billetera. “La dejaste caer cuando te subiste al autobús”, le dijo. “Miré dentro para conseguir tu dirección...”.

Rafael agarró la billetera y la abrió. ¡Todo estaba ahí! ¡Un fajo de billetes! Miró al hombre con asombro. “¿Me lo trajiste? ¿Por qué?”, le preguntó.

El hombre parecía desconcertado. “¿Por qué?”, le contestó el vagabundo. “Bueno, ¡no es mío! No soy un ladrón. Lo he perdido todo, pero no he perdido mis principios”.

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Rafael sacó un billete de 100 dólares y se lo entregó al hombre. Sacudió la cabeza. “No, gracias, señor. Si tiene algo que pueda comer, le agradecería, pero no acepto pago por hacer lo correcto”.

Rafael llevó al hombre a su casa y le preparó una buena cena. Mientras comían, se enteró de su historia. Se había casado y había trabajado como gerente de comercialización en una tienda de electrónica: una vida normal y agradable.

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Pero entonces, a su esposa le habían diagnosticado cáncer. Ella no tenía seguro médico y el de él era limitado, por lo que habían vendido la casa para pagar sus tratamientos. Comenzó a faltar al trabajo para acompañarla al hospital y fue despedido.

Sin trabajo ni hogar, se mudó a un motel barato cerca del hospital y dedicó cada centavo a pagar el cuidado de su esposa. Ella había muerto justo cuando se les acababa el dinero y el hombre se había quedado sin hogar.

“Nadie me contrata”, dijo con tristeza. “No apuestes por eso”, le contestó Rafael. “Tengo una tienda y necesito a alguien que sepa sobre comercialización, así que, si necesitas un trabajo, ¡lo tienes!”.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

1. No juzgues a las personas por su apariencia: Rafael creía que el hombre era un ladrón porque no tenía hogar, pero resultó ser honesto.

2. Una mano amiga puede cambiar una vida: La oferta de trabajo de Rafael ayudó a que el vagabundo volviera a ponerse de pie. Le dio una oportunidad cuando nadie más lo hacía.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría inspirar a otros a compartir sus propias historias o ayudar a más personas.

Esta es una obra de ficción. Nombres, personajes, negocios, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas reales, vivas o fallecidas, o hechos reales es pura coincidencia.

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