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26 de septiembre de 2021

Niña rica humilla a un mendigo, pocos años después sus roles cambian - Historia del día

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Una arrogante y adinerada jovencita despreció a un mendigo sin hogar, pero tiempo después, el destino le enseñó una valiosa lección de vida.

Cuando Anna Rodríguez cumplió 21 años, recibió una herencia. Sus abuelos le habían dejado dinero en un fondo fiduciario, y ella comenzó a darse la gran vida. 

Se iba de farra con hermosas personas, compraba pura ropa de diseñador, y vivía en un lujoso departamento de Manhattan. La vida era espléndida, y Anna sentía que la fiesta nunca terminaría. Pero estaba muy equivocada.

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Anna no solo era rica. También era hermosa, y su rostro al poco tiempo colmaba las revistas, tabloides y cuentas de Instagram más exclusivas de la ciudad. Tuvo relaciones con múltiples celebridades y se ganó cierta reputación.

Pero el sinfín de amantes tuvo sus consecuencias. Un día, Anna descubrió que estaba embarazada. Fue al doctor, pensando que podría resolver el problema rápidamente, pero se llevó tremenda sorpresa.

El doctor la examinó y le hizo pruebas. "Lamento decirle que es demasiado tarde para la solución que quiere, señorita. Está demasiado avanzada", dijo el doctor.

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"¿Qué quiere decir? ¡Me ha ayudado siempre en el pasado!", dijo Anna. "Bueno, usted no tuvo suficiente cuidado. No hay nada que pueda hacer", respondió el doctor.

"Quiere decir que... ¿Tengo que tener a este mocoso? ¡Pero ni siquiera sé quién es el padre!" gritó Anna.

El embarazo echó por tierra la vida fiestera de Anna. A medida que avanzaba la gestación, dejó de ser invitada a eventos y fiestas. Anna olvidó que nada dura para siempre, y tuvo que comenzar a enfrentar las consecuencias de sus acciones.

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Finalmente, dio a luz a una hermosa bebita. Cuando el doctor se la quiso entregar, se dio la vuelta y se negó a recibirla. "Llévese a esa cosa. ¡No lo quiero!", dijo. Firmó los papeles de adopción sin pensarlo dos veces. Semanas después, volvió a sus andanzas.

Todo parecía incluso más emocionante y glamoroso que antes. Anna se lanzó al mundo de las fiestas y comenzó un amorío con un famoso jugador de baloncesto. Una noche, saliendo de un exclusivo club de Nueva York, Anna vio a un hombre sin hogar en el piso.

El hombre la vio a los ojos, y se dirigió a ella. "Por favor, ¿podría regalarme algunas monedas? Necesito dinero para comer algo", suplicó el mendigo. 

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Anna vio al hombre sentado sobre una caja de cartón, con una taza plástica frente a él, y sonrió burlonamente. "¡Levántese y busque un trabajo!", dijo. Entonces, pateó su taza deliberadamente y se rio al ver las monedas volar por los aires.

Anna se dio la vuelta y se marchó. El hombre era un pordiosero, cubierto de mugre, y Anna era una mujer joven, rica, hermosa y glamorosa. Ella y el mendigo no podían tener menos en común.

Pero nada dura para siempre. Y lo primero que desapareció fue el dinero. Anna descubrió que había gastado la herencia de sus abuelos, y ahora estaba al borde de la bancarrota.

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No iba a abandonar su maravilloso estilo de vida para buscarse un trabajo, así que comenzó a salir con un hombre mayor y muy adinerado. Él llevaba años admirando su belleza desde la distancia.

Santiago no era muy guapo, pero era muy rico y generoso. Pagó el departamento de Manhattan de Anna, y le dio tarjetas de crédito sin límite. Nunca la visitaba sin llevar ostentosos regalos.

"Mi Anna", le decía, mientras le colocaba un costoso collar de diamantes en el cuello. "Mereces brillar como estrella de cine". La vida era genial, y Anna toleraba las visitas de Santiago, sus manos peludas y sus besos babosos. Todo por dinero.

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Anna fue amante de Santiago por más de diez años, y luego las cosas cambiaron. Santiago se volvió distante, menos generoso, y comenzó a criticarla. "Ya estás bien grandecita, Anna. ¿Qué edad tienes ya?".

Anna sonrió dulcemente. "¡Bebé, solo tengo 29!".

Santiago la miró fríamente. "Pareces de 50. Creo que es hora de que yo siga adelante". Después de que Santiago se fue esa noche, Anna entró al baño y miró su figura un buen rato. 

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Su figura ya no era firme y delgada, y su estilo de vida había dejado huellas en su rostro. Anna le mintió a Santiago. Tenía 36 años, y lucía mucho mayor que eso. Al igual que con el dinero, había gastado su belleza sin pensarlo dos veces.

Santiago no solo se deshizo de Anna, sino que se llevó todos los costosos regalos que le había dado, y las tarjetas de crédito. Logró sobrevivir vendiendo su hermosa ropa de diseñador, sus zapatos y carteras, pero pronto, todo eso se había acabado.

Sus glamorosos amigos no tenían interés alguno en pasar su tiempo con una mujer pobre y envejecida. Anna terminó viviendo en las calles. No tenía dinero ni para el motel más barato de la ciudad. Se echó en la acera y pensó en la muerte.

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Estaba cayendo dormida cuando escuchó una amable voz. "Oye, linda, toma esto. Te ayudará". Parado frente a ella había un hombre, con una taza de sopa caliente en las manos.

Anna tomó la sopa y bebió agradecida. Se quedó viendo el rostro del hombre. Lucía muy familiar. Y entonces, recordó al pordiosero frente al club, hacía ya tantos años. Anna comenzó a llorar.

"Te conozco. Yo pateé tu taza. ¿Por qué me estás ayudando?"

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El hombre tomó su mano gentilmente. "Querida, he estado donde tú has estado, y donde estuviste antes", dijo. "Tuve la suerte de atravesar la situación y salir vivo, y sé que tú también mereces una segunda oportunidad".

El nombre del hombre era David, y había fundado una organización llamada Segundas Oportunidades. Ayuda a personas sin hogar a recuperar el control de sus vidas. Esa noche, Anna durmió en una cama cálida y segura.

Con la ayuda de David, Anna halló un trabajo, y al poco tiempo, abandonó el refugio de Segundas Oportunidades y se mudó a su propio departamento. Los fines de semana, Anna trabajaba como voluntaria en la organización. Pero algo aún le pesaba en la consciencia.

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Anna quería asegurarse de que su hija estaba bien. Con la ayuda de los amigos de David, descubrió que su hija fue adoptada por una amorosa familia. La niña que abandonó estaba a salvo, y Anna por fin pudo sentirse en paz con su pasado.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

La riqueza y la belleza se gastan, pero un corazón amable es para siempre. Anna olvidó que nada en la vida dura para siempre, y finalmente tuvo que enfrentar las consecuencias de sus acciones.

Antes de poder comenzar una nueva vida, debemos hacer las paces con nuestro pasado. Anna tuvo que enmendar sus previos errores para ser feliz de nuevo. Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día, e inspirarlos.

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Esta es una obra de ficción. Nombres, personajes, negocios, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas reales, vivas o fallecidas, o hechos reales es pura coincidencia.

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