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Hombre abandona a su novia embarazada en el día de su boda porque el karma hace su trabajo - Historia del día

Diego Rivera Diaz
Por Diego Rivera Diaz
27 sept 2021
12:00

Estaba embarazada de nuestro primer hijo cuando me abandonó mi pareja en medio de lo que debió ser nuestro día de bodas, porque mi mejor amiga traicionó mi confianza.

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Juan y yo llevábamos saliendo más de tres años. Nos conocimos en la apertura de un restaurante que se terminó convirtiendo en nuestro sitio favorito. Él era el arquitecto que diseñó el lugar.

Juan era adicto al trabajo, y cuando lo conocí, admiré esa cualidad. Antes de Juan, había salido con hombres irresponsables, felices de gastar más dinero del que ganaban, por lo que me encantó su forma de ser.

Catalina quedó encantada al ver a Juan. | Foto: Pexels

Catalina quedó encantada al ver a Juan. | Foto: Pexels

¿Cómo no enamorarme de él? Era carismático, tenía el aspecto de un modelo de revista, y tenía el sentido del humor que superaba el mío, lo cual ya es mucho decir.

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El día en que nos conocimos, él llevaba una camisa que acentuaba sus hombros anchos y su delgada cintura, lo cual lo hacía resaltar entre sus pares. Mis ojos saltaron hacia él, y quedé cautivada.

Se dio cuenta de que lo estaba mirando y se acercó a hablar conmigo. "Disculpa que te moleste", me dijo. "Pero no pude evitar darme cuenta de que me estás mirando, así que pensé que podría acercarme y preguntarte qué te parece tan interesante".

"Estoy seguro de que si te miras en un espejo, tendrías la respuesta a esa pregunta", le respondí.

Sonrió al escuchar mis palabras, y así comenzó nuestra travesía juntos. Ese día hablamos de todo tipo de temas, y me contó sobre su negocio. Después, coincidimos varias veces en ese mismo restaurante.

Debí haber sabido que algo andaba mal, porque no me pidió que fuese su novia sino hasta después de tres meses de constantes interacciones. Hablábamos todos los días, aunque siempre por teléfono, porque estaba ocupado todo el día.

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Catalina y Juan imaginaban futuros diferentes. | Foto: Pexels

Catalina y Juan imaginaban futuros diferentes. | Foto: Pexels

Me dije a mí misma que todo lo que vale la pena toma tiempo, así que accedí a ser su novia. Pasaron otros siete meses, y ya nos estábamos mudando juntos. Por supuesto, fue solo después de que yo insistiera bastante, pero igual era señal de progreso.

Siempre soñé con casarme. Mi sueño era contraer matrimonio con un hombre que me volviera loca, pero también era muy selectiva, así que cuando conocí a Juan y me di cuenta de que cumplía todos mis parámetros, sentí que había hallado al hombre indicado.

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Desafortunadamente, él no pensaba lo mismo. Un año de novios se convirtió en dos, y luego en tres. Parecía no tener intenciones de casarse conmigo, y yo no podía imaginarme la razón.

Intenté no preguntarle, para evitar que se sintiera presionado y tomara una decisión incorrecta. Pero cada día que pasaba, estaba más desesperada.

Cuando sacaba el tema a colación, él sonreía y hacía bromas sobre mi falta de paciencia. Luego me decía que estaba intentando llevar su firma a nuevas alturas, y que preferiría esperar a que eso suceda.

Yo me negaba a creer que él estuviera dándome falsas esperanzas. Me quedé a su lado por todos esos años, haciendo todo lo posible por comportarme como una mujer que valiese la pena desposar.

Catalina quiso ser la pareja perfecta para Juan. | Foto: Shutterstock

Catalina quiso ser la pareja perfecta para Juan. | Foto: Shutterstock

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Pero nada de eso cambió la situación en lo más mínimo. Seguimos igual por meses, y por fin, decidí tomar cartas en el asunto.

Mi amiga María sabía de mi situación. Frecuentemente le contaba todos mis problemas y miedos, para no volverme loca de angustia. Ella entendía perfectamente lo que estaba sucediendo.

"Voy a tomar el control de esta nave", le dije una tarde. "¿Qué quieres decir?", me preguntó. "He ideado un plan a prueba de tontos para que Juan se case conmigo".

"Eso suena a mal plan", dijo María. No debí haberle contado el resto del plan en ese momento, pero lo hice. "Voy a dejar de tomar pastillas anticonceptivas. Juan es honrado, no me dejará si quedo embarazada".

"Oye, Catalina, eso no es muy buena idea"; me dijo. "Déjalo llegar a su decisión por su cuenta".

"No puedo seguir esperando", le dije. "No me estoy poniendo más joven".

Catalina dejó de tomar sus pastillas anticonceptivas. | Foto: Pexels

Catalina dejó de tomar sus pastillas anticonceptivas. | Foto: Pexels

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Ella intentó disuadirme un buen rato, pero yo estaba decidida. Al día siguiente dejé de tomarme mis pastillas, y al poco tiempo salí embarazada. Cuando se lo conté, quedó impactado, pero como imaginé, dijo que se casaría conmigo. Por fin estaba pasando.

Le conté la noticia a María y quedó anonadada. Intentó convencerme de decirle la verdad, pero me negué. Por fin iba a obtener lo que tanto había deseado. Nada iba a impedirlo.

El día de la boda, esperé a Juan por largo rato. La novia no puede llegar al altar sin que el novio la esté esperando ahí, así que me quedé en el vestidor de la novia mientras los invitados se ponían cada vez más ansiosos.

Al dar un vistazo a sus rostros, pude ver que María no estaba entre ellos. Me había dicho con varios días de antelación que no quería ser parte de una manipulación como esa. Pero a mí no me importó, yo solo quería a mi marido.

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Tras esperar más de dos horas, recibí un mensaje de texto de Juan.

"¿Sigues esperando? Tu amiga me contó tu siniestro plan. Quería que tuvieras la boda que siempre quisiste, así que no cancelé la ceremonia. Planeaste todo, pero olvidaste que se necesitan dos personas para una boda. No debiste hacer lo que hiciste, Catalina. Espero que puedas perdonarte".

Catalina se derrumbó al leer el mensaje. | Foto: Pexels

Catalina se derrumbó al leer el mensaje. | Foto: Pexels

Lloré al leer el mensaje. Ahora nunca se casaría conmigo, y mi hijo algún día sabría que su padre fue manipulado por su madre. Había arriesgado todo por mi impaciencia, y ahora, había perdido a Juan.

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¿Qué aprendimos de esta historia?

La impaciencia nunca paga. Catalina fue tan impaciente por casarse que tomó medidas drásticas para forzar su boda con Juan, quien no tenía apuros. Su impaciencia eventualmente le costó la relación, y es algo que lamentará por siempre.

Haz lo correcto sin importar las consecuencias. María pudo haber guardado el secreto de Catalina, pero decidió hacer lo correcto al decirle la verdad a Juan, quien se sintió tan ofendido que canceló la boda. Catalina aprendió una valiosa lección: la virtud de la paciencia.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría iluminarles el día e inspirarlos.

Esta es una obra de ficción. Nombres, personajes, negocios, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas reales, vivas o fallecidas, o hechos reales es pura coincidencia.

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