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05 de octubre de 2021

Hombre conoce a un niño el día de su boda y queda en shock cuando descubre su identidad - Historia del día

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Me convertí en madre soltera en la universidad. Todos los hombres con los que salí desde entonces desaparecían del mapa cuando se enteraban de que tenía un hijo, así que decidí ocultárselo a Gabriel hasta el día de nuestra boda.

"Estoy embarazada, Germán", le dije a mi novio de entonces, "¿no es maravilloso?". Hasta ese momento él había parecido el ser más dulce de la Tierra, y yo ya imaginaba un futuro juntos, así que la noticia de que estaba encinta me parecía lógica y hermosa.

Mujer embarazada. | Foto: Shutterstock

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"¿Qué? ¿Pero estás loca? No puede ser...", reaccionó él. "No puede ser mío... ¡Tienes que abortarlo!".

"Pero Germán, ¿cómo voy a abortarlo? Es fruto de nuestro amor", me opuse.

"Si esa es tu decisión, es tu problema, adiós", dijo él. Y me dejó.

Esto también me trajo problemas muy serios con mi familia, pero yo ya había tomado una decisión, y pensaba mantenerla: las condiciones no eran las que yo quería, pero sí deseaba ser madre. Meses más tarde, di a luz a Simón.

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Compartía apartamento con una compañera de facultad, Sara. Ella no tenía problemas con que hubiera un niño en casa, afortunadamente. Con todo, fue un verdadero desafío seguir trabajando y estudiando con un niño enteramente a mi cuidado.

Por las complicaciones que la maternidad acarrea, me llevó un poco más de tiempo que lo previsto graduarme. Pero lo logré y conseguí un trabajo mejor. Simón, por su parte, empezó el jardín de infantes.

Todo iba bien en mi vida. Bueno, casi todo: mi vida sentimental, admitámoslo, era una calamidad. Todos y cada uno de los hombres con los que salí huyeron tan pronto como se enteraron de que tenía un hijo.

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Una cita. | Foto: Pexels

Recuerdo que estuve en pareja con un tal Tomás, que al principio dijo que no tenía problemas. Pero después cuando conoció a Simón y vio que yo quería una relación más seria empezó a espaciar las salidas hasta que nos dejamos de ver por completo.

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Decidí que no le contaría nada a mi próxima pareja sobre Simón, al menos, no hasta saber que la cosa iba en serio.

Para esta época ocurrieron dos hechos importantes. El primero de ellos fue que conocí a Gabriel. El otro fue la reaparición de mis padres, que llevaban años sin dirigirme la palabra.

"Laura, no sé si podrás perdonarnos, pero realmente quiero compensar todo el tiempo perdido. Quiero ser parte de tu vida y de la de mi nieto", me dijo mi mamá, Tita.

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"Lo siento tanto, cariño. Pensamos que tener un hijo te arruinaría la vida, por eso insistimos tanto con que interrumpieras el embarazo. Pero realmente era lo que querías. ¿Podemos recomponer la familia?", rogó Lautaro, mi padre.

Creí que era una señal del cielo. Simón estuvo encantado de conocer a sus abuelos, tras cuatro años sin ellos. Ahora podía también enfocarme en mi relación con Gabriel.

Llevábamos meses saliendo y todo fue más en serio cuando le hablé de tener hijos. "Definitivamente, quiero hijos, Laura", me dijo. "Pero todavía somos jóvenes. Tenemos que casarnos y tener tiempo para viajar unos años", argumentó.

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Cena romántica. | Foto: Shutterstock

Esto me hizo volver a postergar revelarle la existencia de Simón otra vez. Mientras buscaba cómo decírselo, él me propuso matrimonio, y acepté de inmediato. Pero solo hizo las cosas más difíciles para encontrar cómo decírselo.

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Para el día de nuestra boda, Gabriel todavía no sabía que yo tenía un hijo de cinco años llamado Simón.

"¿No piensas decirle nada a tu prometido sobre el chico?", me preguntó mi madre indignada, cuando le rogué que me cuidara a Simón el día de mi boda completo.

"Perdona, mamá. Sabes cómo son las cosas, los hombres huyen cuando saben que soy madre. Creo que voy a tener que esperar a que estemos casados para decírselo a Gabriel".

"Pero cariño, eso le va a gustar todavía menos. Una relación tiene que basarse en la honestidad y la verdad", intentó razonar mamá.

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Ante mi insistencia, igual, cedió. El plan era que papá me llevaría al altar, y luego él cuidaría a Simón para que mamá pudiera estar en la fiesta. Así ambos podrían asistir.

Mi plan era darle la gran revelación a Gabriel cuando volviéramos de la luna de miel. Lo que ignoraba era que mi madre no estaba de acuerdo con el plan.

Mujer explica a otra persona. | Foto: Pexels

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Durante la ceremonia, mi padre me llevó al altar como habíamos acordado. El sacerdote empezaba a dar su sermón cuando llegó mi madre con Simón. Ambos se sentaron, y no los vi hasta que Gabriel y yo nos besamos.

Mi hijo entonces vino corriendo hacia mí. "¡Mamá, mamá! ¡Felicitaciones! ¿Tengo un nuevo papi?", dijo, alegre y a gritos.

Gabriel se quedó de una pieza."¿'Mamá'? ¿Es tu hijo, Laura?", murmuró, desorientado.

"Salgamos y te explico", le dije por lo bajo. Salimos como en un sueño, y mantuvimos como pudimos la sonrisa bajo la lluvia de arroz. Simón se fue con mi madre.

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Ya en el auto, Gabriel me interrogó: "Bueno, ¿qué es esto, Laura? ¿Vas a decirme qué pasa?".

Me eché a llorar, y le expliqué la verdad sobre mi pasado y mi presente. Le conté cómo me había dejado Germán, y cómo nadie quería una relación conmigo porque era madre soltera.

"Sé que es difícil de entender, pero te amo, Gabriel. Y no encontré la fuerza para arriesgarme a perderte. Pensaba decírtelo cuando volviéramos de la luna de miel, no se suponía que mi madre lo trajera a la iglesia", le dije.

Mujer vestida de novia. | Foto: Pexels

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"No lo puedo creer. Laura, ¿me escondiste un hijo durante un año entero? ¿Cómo supones que puedo confiar en ti después de esto?", protestó.

"Por favor, te lo ruego, ponte en mis zapatos. Estaba tan preocupada", sollocé.

"Entiendo por qué lo hiciste. Entiendo tu miedo. Pero me enoja. Los niños son un regalo, no puedo creer que no confiaste en mí lo suficiente para decírmelo".

No supe qué decir. Cuando llegamos a la fiesta, Gabriel fue directamente a buscar a Simón. Habló con él, y le dijo que era su nuevo papá. Yo me desmoroné en lágrimas. Después de la fiesta, mi hijo sí fue a quedarse con mis padres.

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"Sigo enojado, Laura", me dijo Gabriel. "Simón es un niño encantador, y juramos amarnos en toda circunstancia. No fue un juramento en vano, estoy en esto en cuerpo y alma. Pero no vuelvas a mentirme nunca más", remarcó.

Le agradecí, lo abracé y lo besé, con lágrimas en las mejillas. "Pasaré el resto de la vida tratando de compensar esto para ti y para Simón", le prometí. "¡Te amo tanto!".

Él suspiró. "Yo también te amo. Tendría que seguir enojado hasta el fin de los tiempos, pero me sale quererte, Laura, ¿qué remedio?", dijo, y me besó.

Tuvimos una hermosa luna de miel. Cuando volvimos a casa, Gabriel y Simón tuvieron tiempo para ponerse al día. Su vínculo fue muy fuerte desde el comienzo.

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Padres con un hijo. | Foto: Pexels

Poco tiempo después supimos que estaba embarazada de nuevo. Tuve una niña, a la que llamamos Juliana. Él se convirtió oficialmente en papá de Simón, y formamos una hermosa familia.

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Hicimos nuestra cuota de viajes y de aventuras, pero ya de a cuatro. Descubrimos el mundo junto a los ojos nuevos de nuestros hijos. Había elegido, finalmente, al hombre perfecto.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

La persona correcta está en alguna parte. Tras muchos intentos fallidos, Laura conoció al hombre de su vida. No te desesperes si no has encontrado al de la tuya.

No guardes secretos con tu pareja. Laura arriesgó su relación al no decirle a Gabriel la verdad. Él pudo perdonarla, pero su felicidad estuvo en peligro.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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