Historias Inspiradoras

18 de octubre de 2021

Mi esposo me hizo elegir entre él y nuestro bebé, fue la decisión más difícil - Historia del día

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Mi esposo nunca me dijo que no quería tener hijos hasta después de nuestra boda. Cuando quedé embarazada, me echó a la calle. Pero no fui derrotada.

Mi madre me abandonó cuando era muy pequeña, así que fui criada por mi tía Cecilia. Pero ella siempre me trató como una carga o una sirvienta. Y lo peor es que ella me lo recordaba todo el tiempo.

Ella veía a mis primos como perfectos, y les creía cuando me culpaban de sus fechorías. Además, era la única que tenía que hacer labores domésticas. Por eso cuando conocí a Marcos, me enamoré inmediatamente.

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Cuando me gradué de secundaria, Marcos fue la primera persona adulta que se mostró interesada en mí. Era brillante, mayor que yo, y muy apuesto. Yo creía que éramos la pareja perfecta. Además, necesitaba sentirme protegida.

Tía Cecilia odió a Marcos desde el momento en que lo vio. Dijo que me dejaría apenas quedase embarazada. Me molestó mucho el comentario, y le dije que estaba celosa de que por fin alguien me valorase.

Marcos me pidió matrimonio al poco tiempo. Le dije que sí, y nos mudamos juntos. Comencé a estudiar en la universidad local, pero Marcos me convenció de que no era necesario. Después de todo, él cuidaría de mí siempre.

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"Te amo, Marcos. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida", le dije. La boda tuvo lugar semanas después de habernos mudado juntos.

Todo había ocurrido increíblemente rápido. Tanto, que realmente no habíamos tenido tiempo para discutir ciertas cosas básicas, como el futuro que deseábamos.

Un día, mientras caminábamos por el parque tomados de la mano, Marcos y yo nos topamos con un montón de niños jugando. "¡Uy, qué asco me dan esos niños!", dijo Marcos.

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"Bueno, es un parque familiar, cariño. Es perfectamente normal", respondí.

"Honestamente, la gente debería dejar de tener tantos niños. La mayoría ni puede costearlos. Terminan siendo cargas de impuestos para la sociedad. De todos modos, ¿a quién le gustan los niños?"; dijo Marcos.

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"No son tan malos", dije yo. Habiendo crecido en el seno de un hogar más bien frío, siempre soñé con ser madre y llenar de amor a mis niños. Pero ahora me estaba enterando de que Marcos odiaba a los niños en general.

"Es cierto, los hay peores. Son como parásitos que decides tener voluntariamente y te arruinan la carrera. No valen la pena. Me hace muy feliz saber que nosotros nunca tendremos que preocuparnos por eso", agregó.

Me quedé en silencio. ¿Cómo podía ser que mi esposo no quisiese tener hijos? Éramos jóvenes. Quizás cambiaría de opinión en el futuro.

Pero pasaron los meses, y me di cuenta de que Marcos no era el hombre que yo creía. Después de la boda, se había vuelto mucho menos cariñoso.

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Cualquier cosa que yo hiciera estaba mal. Pasaba horas dándome regaños, como si fuera una niña. No sabía si eran problemas típicos de parejas casadas, pero decidí comenzar a ahorrar dinero, por si las dudas.

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Una mañana, me desperté sintiéndome terriblemente mal. Pasé todo el día vomitando en el baño. Esto se repitió por una semana. Marcos no paró de quejarse.

"Kendra, ¿qué está pasando? He tenido que oírte vomitar cada mañana. ¡El baño huele asqueroso!", me dijo a gritos. "Lo siento, Marcos. No sé qué está pasando", le respondí.

"Será mejor que encuentres una manera de detenerlo de inmediato. Ve al doctor. Toma pastillas. Lo que sea necesario. ¡Estoy cansado de volver a casa y que no haya cena porque dormiste todo el día!", respondió Marcos.

Seguí el consejo. El médico me dio una preocupante noticia: ¡estaba embarazada! Pensé que quizás Marcos se alegraría al saber que iba a ser padre. Pero estaba totalmente equivocada.

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"¡¿QUÉ?! ¿Cómo puedes estar embarazada? ¡Te dije que los niños estaban fuera de mis planes!", gritó cuando le conté.

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"Lo siento. Por favor, no te enfades. Los accidentes ocurren todo el tiempo”, le dije, suplicándole que se calmara.

"¡Vas a deshacerte de ese bebé lo antes posible!", gritó Marcos con furia. "Nunca vamos a tener un bebé en esta casa. ¿Lo entiendes?", espetó.

"¡No me desharé de nuestro hijo! Marcos, piénsalo. Te encantaría tener un bebé. Podría ser un chico con el que puedas jugar a la pelota”, supliqué.

“No, Kendra. No me agrada como suena eso en lo absoluto. No voy a cambiar de parecer", agregó.

"No, no voy a hacer eso. Este bebé va a nacer", respondí, alzando la voz por primera vez en nuestra relación.

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"Entonces, te vas de esta casa. Hoy mismo", dijo Marcos fríamente. Él mismo empacó mis maletas. Le supliqué mientras lo hacía, pero no tuvo efecto. En menos de media hora, me había echado a la calle.

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No tenía a dónde ir, y tenía muy poco dinero. Por suerte, la Sra. Barrios, nuestra vecina, se compadeció de mí y me contrató para trabajar como empleada doméstica en su casa.

Le expliqué que estaba embarazada, pero ella no tuvo ningún problema con eso. Yo nunca había trabajado, y menos como empleada doméstica, pero estaba dispuesta a hacer lo que fuera para ganar un poco de dinero.

Lamenté sinceramente no haber ido a la universidad. Era totalmente dependiente de mi esposo, y criar a un bebé es costosísimo. Gastaba casi todo el dinero que me pagaba la Sra. Barrios solo en comida, renta y pañales.

Mis ahorros fueron mermando poco a poco, y sentía que todo iba a colapsar en cualquier momento. Fue en ese momento cuando decidí dar a mi bebé en adopción cuando naciera.

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Pero las cosas no salieron como lo había planeado. Cuando di a luz, vi el rostro de mi bebé y eso fue todo. Supe que nunca podría entregárselo a nadie. Haría cualquier cosa para tener el privilegio de criar a mi bebé.

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35 años después, mi hijo, Jacobo, ya era un hombre casado. Lo crie como madre soltera, pero con infinita ayuda de la Sra. Barrios. Para la fecha, la esposa de Jacobo estaba encinta de mi primer nieto.

Jacobo era un gran hombre, y me sentía muy orgullosa de él. Pero un día, me llegó una sorpresiva llamada telefónica: ¡era Marcos! Estaba hospitalizado por una enfermedad terminal.

"¿Puedes venir aquí y dejarme conocer a mi hijo?", preguntó Marcos. Me costó creer que fuese tan cara dura como para pedirme eso. Pero estaba muriendo. Debía hacer lo correcto.

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Eso pensaba, hasta que Marcos siguió hablando. Me contó que se casó cinco veces después de nuestra separación. Ninguno de los matrimonios funcionó.

"Todos en mi vida han sido horribles e ingratos. Quiero conocer a mi hijo para que sepa el gran padre que tuvo”, concluyó Marcos.

Furiosa, le respondí de inmediato: "Marcos, cállate. Nunca fuiste padre. No tienes ningún hijo. Estás solo porque mereces estar solo, porque eres una mala persona. Adiós". Nunca volví a dirigirle la palabra. Y todos fuimos más felices así.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Cosechas lo que siembras. Asegúrate de vivir una vida de la que no te arrepientas.

No hay problema con no querer tener hijos. Pero sí hay problema con ser abusivo y desalmado. Habla con tu pareja antes de enseriar una relación para garantizar que ambos quieran las mismas cosas en la vida. Te ahorrará muchas angustias.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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