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Marido no valora el trabajo de su esposa hasta que tiene que ponerse en sus zapatos - Historia del día

Diego Rivera Diaz
02 nov 2021
00:20
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Una devota madre y esposa finalmente colapsó ante el estrés y la tensión, y su esposo descubrió la verdad sobre su doble vida.

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Susy Pérez era la esposa y madre perfecta, y una exitosa abogada. La mayoría de sus amigos tenían empleadas domésticas, perono ella, pues su familia estaba ahorrando para comprar una pequeña cabaña junto al lago.

Sin embargo, la casa de Susy estaba inmaculada. Ni una mota de polvo oscurecía sus pisos, las camisas de su esposo siempre estaban planchadas y almidonadas, y las comidas de la familia eran deliciosas, caseras y siempre a tiempo.

Casa inmaculada. | Foto: Shutterstock

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Lo triste era que nadie notaba los milagros que hacía Susy al malabarear mil prioridades cada día. Era ella quien mantenía todo en orden en el hogar, y nadie se daba cuenta.

Un día, Susy recibió un ascenso. Al poco tiempo, se dio cuenta de que el poco tiempo que tenía para hacer tareas domésticas se había esfumado casi por completo.

Habló al respecto con su marido, Justo, sobre rechazar la oferta. "Ay, amor. Sé que suena muy bien, pero creo que ser jefa del departamento podría ser demasiado para mí".

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Mientras Susy metía un pollo relleno de tocino, jamón y nueces, su hijo Marcos se acercaba a la puerta de la cocina. "¡MAMÁ!", gritó el chico. "¿No lavaste mis cosas de béisbol?", preguntó molesto.

"Ay, mijo, discúlpame. Pero no estaban en la canasta de cosas para lavar", dijo Susy.

"¡Pero es miércoles, mamá! Sabes que juego béisbol los miércoles", respondió Marcos. "¡Deberías haber sacado las cosas de mi habitación!".

Canasta de ropa sucia. | Foto: Shutterstock

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Susy se apoyó en el mesón de la cocina y cerró los ojos brevemente. Estaba increíblemente cansada. Y ahora, tenía que lavar un uniforme de béisbol, y rápido.

En ese momento, sonó su teléfono. "¡Oye, Susy!", dijo una alegre voz. Era su hermana, Kimberly. "¿Cómo está la mujer que todo lo puede hacer?".

"No muy efectiva en este momento", dijo Susy, soltando un suspiro. "Siento que todo es demasiado para mí, no sé si pueda seguir manejando las cosas por mi cuenta".

"¡Pues deja de hacerlo"; dijo Kimberly. "¡Busca ayuda!" Estoy segura de que Justo y Marcos no están haciendo ni la mitad de lo que podrían hacer para ayudar", agregó.

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"Y la verdad, trabajas tan duro, y te esfuerzas tanto en casa, que si alguien se merece un descanso, esa eres tú", concluyó. Pero Susy no estaba muy segura.

Decidió intentarlo después de cenar. "Marcos", le dijo a su hijo. "Ya tienes 11 años, así que es momento de que empieces a ayudar a mamá con tu desayuno. Vas a prepararte tus propios sándwiches cada mañana, o comer en la cafetería de la escuela".

Sándwiches. | Foto: Unsplash

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"¿Qué? Ay, mamá, no quiero", dijo Marcos. "La comida de la cafetería es pésima. ¿Y hacer mis propios sándwiches? ¡Tendría que levantarme SÚPER temprano para tener tiempo!", se quejó.

"Es verdad, Susy", dijo Justo, sonriendo. "Sabes que nada es tan delicioso como un sándwich de mamá. ¡Y tú haces todo tan rápido! Es increíble".

"Pues, a decir verdad, Justo", dijo Susy, "llevo un tiempo sintiéndome abrumada. Estaba pensando pedirte que laves los platos, ya que yo siempre cocino. Podrías empezar hoy, por ejemplo".

Pero antes de que terminara de hablar, Justo ya se estaba levantando de la mesa. "Lo siento, Susy, tengo una reunión mañana y necesito descansar", dijo. Marcos también se había escabullido rápidamente.

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Susy tuvo que recoger los platos y lavar todo, como siempre. Tenía ganas de llorar. Nadie notaba todo lo que ella hacía, ni lo muy agotada que estaba. Sentía que era invisible a su esposo e hijo. Excepto como criada.

Mujer exhausta limpiando la casa. | Foto: Shutterstock

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Susy llevó el uniforme de béisbol de su hijo al cuarto de lavandería, lo metió en la lavadora y activó el ciclo más potente. Luego volvió a la cocina y empezó a lavar los platos sucios.

En ese momento, Justó asomó la cabeza por la puerta. "Cariño, ¿puedo pedirte un gran favor? ¿Podrías planchar mi camisa azul favorita? ¡Necesito verme bien elegante mañana!", dijo.

Desapareció sin siquiera esperar a escuchar la respuesta de Susy. Ella dio un vistazo a la montaña de platos sucios que la esperaba, y sintió que la cabeza le daba vueltas. Poco después, Justo y Marcos oyeron un golpe fuerte y seco.

Corrieron a ver qué había pasado, y hallaron a Susy en el piso, desmayada. Toda la cocina estaba cubierta de pedazos de vidrio y cerámica hechos añicos.

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Llamaron a emergencias, y los paramédicos la llevaron al hospital. Luego de una serie de exámenes, el médico dijo que tenía agotamiento extremo. Le recetó dos semanas de reposo total en una clínica.

Tras dejar a Susy en la clínica Justo llevó a Marcos a la escuela, fue al trabajo, volvió a casa, recordó que debía buscar a Marcos, fue por él, y luego pasaron por unos víveres. "Si Susy puede con todo esto, yo también", se dijo a sí mismo.

Padre e hijo comprando víveres. | Foto: Shutterstock

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Pero luego de darle un vistazo a las docenas de pasillos y cientos de estantes repletos de todo tipo de artículos y opciones, Justo se sintió abrumado. Optó por tomar una lasaña congelada y una ensalada preparada. Estaba cansado.

Al llegar, fue directo a la cocina. "¡PAPÁ!", gritó Marcos. "¡Tienes que ayudarme con la tarea de matemáticas primero! ¡Mamá siempre me ayuda!", dijo. Justo metió la lasaña al horno y se sentó con su hijo.

Al poco tiempo estaban enfrascados en un problema cuando Marcos detectó un aroma inusual. "¡Algo se está quemando, papá!". Justo se levantó de un salto y corrió a la cocina. La lasaña no se chamuscó, pero quedó bien "crujiente".

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Marcos puso mala cara al ver a Justo servir trozos de lasaña seca y crujiente junto a una porción de ensalada mustia. El chico probó la comida y exclamó: "¡Qué asco! Mamá por lo menos cocina comida de verdad".

"Bueno, yo trabajé todo el día, y tuve que ir de compras, y buscarte de la escuela", dijo Justo, comenzando a molestarse. "¡Mamá también hace todo eso! ¡Y además, cocina comida de verdad!".

Horno humeante. | Foto: Shutterstock

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Justo se quedó callado. Sabía que Marcos tenía razón. Se preguntó cómo diablos lo lograba Susy. Miró alrededor. Tenía que limpiar la cocina, preparar los sándwiches para la mañana siguiente, lavar la ropa y planchar.

Desesperado, tomó el teléfono. "¡Hola Kimberly! Es Justo, tu cuñado. Mira, quería hacerte una pregunta. ¿Susy no tendrá a alguien que llame para que la ayude con las cosas de la casa?", preguntó.

"No, a nadie", dijo Kimberly. "Ni tú ni Marcos la ayudan en nada, por lo que me ha dicho. Ni siquiera le dan las gracias. Y por eso está ahora en el hospital, Justo. ¡Por exceso de trabajo!".

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Kimberly le dijo muchas cosas más, y Justo no podía negar ninguna. Se sintió profundamente avergonzado. Al terminar la llamada, decidió que tenía que cambiar la forma en que se hacían las cosas en casa.

Cuando Susy volvió del hospital dos semanas después, no podía creer lo que veía. Todo estaba impecable, el aire estaba impregnado del aroma de un asado en el horno, y la mesa estaba arreglada con flores y velas.

A partir de ese día, Justo compartió las tareas del hogar con Susy de forma equitativa. Marcos comenzó a preparar sus propios sándwiches y lavar su propia ropa. Y Susy no volvió a desmayarse de cansancio.

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Familia realizando tareas domésticas junta. | Foto: Shutterstock

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Nadie puede hacer todo por todos al mismo tiempo: Susy asumió demasiadas responsabilidades, y dejó que su familia se aprovechara de su buena voluntad.

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Asegúrate de mostrar apoyo y aprecio por las personas que amas: Justo solo tomó en serio el cansancio de Susy después de que ella colapsó.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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