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Niño es abandonado en la puerta de iglesia y su madre desaparece sin dejar rastro por 15 años - Historia del día

Mayra Pérez
04 ene 2022
16:20
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Tras la muerte de su esposo, Linda no quería criar a su hijastro de 3 años, Lucas, así que lo dejó en la iglesia local y desapareció de su vida. Apareció 15 años después pidiendo perdón.

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Lucas apenas podía recordar su vida antes de vivir en la iglesia. Tenía un vago recuerdo de su padre y su madre, pero eran solo imágenes borrosas. Sus verdaderos recuerdos comenzaron más tarde, cuando las monjas lo recibieron.

Le contaron que una mujer lo había dejado en la puerta cuando solo tenía tres años y que lo habían cuidado desde entonces. Cuando Lucas tenía siete años, la iglesia inició su orfanato oficial y acogió a otros niños.

Fachada de una iglesia antigua. | Foto: Shutterstock

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La mayoría de ellos fueron adoptados, pero Lucas no. Siempre ocupó un lugar especial en el corazón de las monjas, particularmente en el de la Madre Rosa.

“Madre Rosa, ¿crees que volveré a ver a mis padres?”, le preguntó una vez a la edad de nueve años.

“No lo sé, Lucas. Es difícil de decir; no llegué a conocer muy bien a tu madre. Sin embargo, Dios tiene un plan para todos. Aquí te amamos, querido. Somos tu familia”, respondió ella. Lucas quedó satisfecho con esa respuesta.

Fue a una escuela pública cercana y le encantaba ayudar a los niños más pequeños en el orfanato. También aprendió el valor de retribuir a la comunidad y su fe creció gracias a los sermones del sacerdote.

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A los 15, decidió convertirse en sacerdote y ayudar a las comunidades de menores ingresos. Tenía mucho camino por delante y su aprendizaje comenzó tres años después.

A los 18, Lucas se convirtió en seminarista oficial de la iglesia y todos estaban muy orgullosos de él. Llevaría algo de tiempo y mucho trabajo antes de llegar al sacerdocio, pero se sentía a la altura del desafío. Esto era todo lo que conocía y le encantaba.

Un día, una mujer entró a la iglesia y lo reconoció de inmediato. “Lucas”, dijo suavemente. Lucas la miró y notó su ropa andrajosa y su figura delgada.

“Señora, ¿necesita ayuda? Puedo guiarla al comedor de beneficencia más cercano. Tendrán algo de comida caliente”, dijo el joven.

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Rostro envejecido de una mujer. | Foto: Pexels

“No, Lucas. Soy Linda, tu madrastra. Supongo que no lo recuerdas porque eras muy joven”, dijo ella vacilante.

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“Oh, bueno, sí. Solo me dijeron que una mujer me dejó aquí y nunca regresó. Han pasado 15 años”, comentó Lucas.

“Vaya, no puedo creer que haya pasado tanto tiempo”, respondió Linda. “¿Podemos hablar?”

Lucas le indicó que se sentara en el banco de la iglesia. Quería saber lo que esta mujer tenía que decir, y esta era una gran práctica para su vocación.

“Vengo aquí humildemente para suplicar tu perdón. No debería haberte dejado aquí. Yo era una persona tan egoísta”, comenzó Linda. “Pero cuando murió mi esposo Carlos, no sabía qué hacer”.

“¿Carlos era mi padre? Realmente no lo recuerdo”, preguntó Lucas.

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“Sí, y él te amaba. Te crio solo; yo no tenía ningún instinto maternal. Así que cuando falleció, me sentí perdida. Quería una nueva vida y decidí dejarte aquí”, admitió Linda con vergüenza. “No obstante, mi vida no fue lo que esperaba”.

“Estoy aquí para escuchar”, dijo Lucas con tanta calma como pudo. Le dolía que su padre realmente se hubiera ido, y que esta mujer lo hubiera abandonado. Se repetía a sí mismo que eso debía haber sido parte del plan de Dios.

Sacerdote joven sentado en un banco. | Foto: Pexels

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“Bueno, tu padre me dejó la casa, y luego me enredé con un hombre horrible. Cometí algunos delitos en su nombre. Me convenció de poner la escritura de la casa a su nombre con fines legales, después de que me metiera en problemas. La vendió y me engañó”, explicó Linda entre lágrimas.

“Me quedé sin nada. Traté de encontrar trabajo, pero tenía antecedentes, así que he estado en la calle desde entonces. No he estado en esta parte de la ciudad en años. Hoy pensé en preguntar por ti, y tan pronto como te vi, te reconocí. Luces exactamente como Carlos”.

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Lucas sonrió, mientras reflexionaba acerca de que una vez tuvo un padre que lo amaba y que se parecía a él. “¿Y por qué viniste a verme?”, preguntó el joven.

“¡Necesito que me perdones, Lucas! De todas las cosas horribles que hice, esa es la única que me ha atormentado. Fui horrible contigo cuando eras niño. Una vez te di agua y lo llamé ‘sopa’. Una vez te dejé en la casa solo durante un día entero”, sollozó Linda.

“Eso significa que lo más amable que hiciste por mí fue dejarme aquí. Tuve una gran infancia. La gente de esta iglesia se convirtió en mi familia”, reveló Lucas.

“¿En serio?”, preguntó Linda, mirando su rostro. “¿Eso significa que me perdonas?”

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“Me temo que no puedo hacer eso. El único que puede perdonarte es Dios. Solo puedo decir que no estoy resentido ni te odio por lo que hiciste. Pero necesitas pedirle perdón a Dios. Habla con el padre Pedro, él te ayudará”, sugirió Lucas.

Mujer indigente sentada al pie de una escalera pidiendo ayuda. | Foto: Pexels

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Le hizo una señal al padre, que estaba dentro del confesionario. Luego se alejó, esperando haber sido lo más comprensivo posible, a pesar de no querer tener nada que ver con ella.

Sin embargo, ahora entendía que convertirse en sacerdote iba a ser más complicado de lo que había imaginado.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Puedes ganarte el perdón. El perdón se puede lograr expiando tus errores y pidiendo a Dios misericordia.

Cualquier carrera o vocación requiere trabajo. Algunas personas piensan que convertirse en sacerdote es fácil. Pero hay que empatizar con las personas, incluso después de escuchar sus pecados. Eso requiere esfuerzo.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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