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Anciano se encuentra con joven sin hogar en tumba de su esposa, y años después ella hereda todos sus bienes - Historia del día

Georgimar Coronil
23 nov 2021
14:30
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Cuando Saúl vio flores en la tumba de su difunta esposa, quiso saber quién las había plantado. Finalmente, descubrió que se trataba de una joven llamada Ana, que le contó una conmovedora historia sobre el amable gesto de su cónyuge. Entonces, Saúl decidió sorprenderla y regalarle más de lo que ella había imaginado.

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“Uno espera que esto ocurra cuando se casa con alguien, pero siempre es una noción abstracta y lejana en el futuro”, pensó Saúl sobre la muerte, mientras miraba la tumba de su esposa. Emma había sido su novia del colegio, y se casaron justo después de graduarse. Era la mujer más perfecta y correcta.

Rosas. | Foto: Shutterstock

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Muchos de sus amigos decían lo afortunado que había sido al ganarse su afecto. Saúl estaba agradecido por ello y esperaba disfrutar de una vida plena junto a ella.

Sin embargo, pasaron por momentos difíciles al no poder tener hijos, y tras años de visitas al médico y tratamientos que suponían una carga para el cuerpo de Emma, Saúl decidió dejarlo. Le dijo que se bastaban el uno al otro y que la vida era demasiado corta para sufrir así.

Su decisión funcionó, vivieron felices y viajaron por todo el país disfrutando de su amor. A los 65 años, a Emma le diagnosticaron un cáncer en fase avanzada y murió unos meses después. “Todos moriremos al final, pero ese día llegó más rápido de lo que nunca imaginé”, continuó reflexionando Saúl, sintiéndose más solo que nunca.

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Había pasado un año desde su fallecimiento, y él visitaba su tumba una vez a la semana, todavía llorando su pérdida. El viudo estaba tan inmerso en sus pensamientos durante una de sus visitas, que casi no se dio cuenta de que había unas rosas plantadas en el césped junto a la tumba de su amada. Frunció el ceño y se preguntó si lo había hecho el jardinero del cementerio.

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La tumba de Emma estaba alejada de las demás, así que tenía que ser intencionado. Después de todo, eran las flores favoritas de su esposa. Pero cuando preguntó a la persona encargada, esta no tenía ni idea de qué estaba hablando Saúl.

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"Lo siento, Sr. Díaz. El jardinero nunca planta flores nuevas cerca de las tumbas", le aseguró el encargado del cementerio.

“Tal vez, era un alma bondadosa”, pensó. En cualquier caso, Saúl decidió ir todos los días al cementerio para ver si encontraba a la persona que lo había hecho. Cinco días después, descubrió a una joven cuidando algunas de las rosas.

"Disculpa, señorita. ¿Eres la nueva jardinera del cementerio?", preguntó Saúl.

Joven con una planta. | Foto: Pexels

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"Oh, hola, señor. No, yo planté estas rosas en honor a esta mujer", respondió ella.

"¿La conocías?", expresó Saúl. Él y Emma no solían guardarse secretos, así que tenía curiosidad por saber por qué esta chica había decidido hacer eso.

"La conocí brevemente. Hace unos cuatro años, mi madre me echó de casa. Solo tenía 14 años y no tenía nada a mi nombre. Un día, entré en el patio de esta dama, robé unas cuantas rosas y empecé a venderlas cerca del supermercado por unos cuantos dólares para comer. Lo hice durante tres días hasta que me descubrió. Pensé que me gritaría, pero la señora Díaz no se enfadó", reveló.

"Continúa", le instó.

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"Bueno, me invitó a su casa y me ofreció el desayuno. Le dije que me llamaba Ana y que le estaba robando las rosas", explicó. "Fue muy amable conmigo y se ofreció a ayudarme. Llamó a un trabajador social. Y vino a verme. Me colocaron en un hogar de acogida y volví a la escuela. Y la señora Díaz me dio esta pulsera para recordarla".

Saúl miró la pulsera en el brazo de Ana y supo que decía la verdad. Al parecer, Emma la había "perdido" hacía años. "Vaya, fue muy amable la señora Díaz. ¿La viste a menudo después?", preguntó Saúl, queriendo saber más sobre su conexión.

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"No, mi familia de acogida vivía lejos, así que no volví a verla. Vine a buscarla hace un mes y no había nadie en casa. Llamé a la puerta de su vecina y me contaron lo que había pasado", continuó Ana. "No puedo creer que se haya ido. Quería darle las gracias todo este tiempo. Me ayudó lo mejor que pudo".

Pulsera. | Foto: Pexels

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Saúl sonrió, recordando lo amable que había sido su esposa con todo el mundo, por lo que la historia de Ana no era sorprendente. Decidió presentarse adecuadamente. "Ana, soy Saúl, el viudo de Emma. Me he fijado en las rosas que has plantado. Gracias", dijo.

"¡Oh! ¡Usted era su marido! Mis condolencias, Sr. Díaz. Sí, quería hacer algo, pero pensé que un ramo se marchitaría demasiado rápido. Compré unas cuantas rosas y esperé que prosperaran aquí", dijo Ana. "Pero ya no puedo mantenerlas. Tengo que dejar la ciudad. No encuentro trabajo aquí, y ya tengo 18 años".

"¿Y tu familia?".

"Mi familia de acogida nunca me adoptó. Su casa nunca fue mi hogar, así que ahora estoy sola. No me quedan muchos ahorros y he intentado encontrar un trabajo, pero es difícil. He estado durmiendo en albergues desde que llegué", aclaró.

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"¿Sabes qué? Ven a casa conmigo. Deja que te haga la cena", se ofreció Saúl. Ana no sabía qué pensar, pero aceptó la invitación tras unos instantes de duda, pensando que él debía ser tan amable como la señora Díaz.

Saúl le preparó la cena en su casa y la sorprendió ofreciéndole un lugar para quedarse todo el tiempo que quisiera. "No lo entiendo. ¿Por qué ha hecho eso? Soy una desconocida. No me conoce de nada", dijo Ana preocupada.

"Supongo que lo hago por las mismas razones por las que mi mujer te ayudó entonces. Puede que tengas 18 años, pero sigues siendo una niña a mis ojos", respondió Saúl. Ana no podía creer su amabilidad y aceptó quedarse un tiempo hasta que se recuperara.

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Sin embargo, Saúl se convirtió en una figura de abuelo para ella, y nunca se alejó. Cuando enfermó varios años después, ella estuvo allí para ayudarle. Desgraciadamente, falleció mientras dormía, y Ana no tenía ni idea de adónde ir. Al menos había trabajado todos esos años y tenía suficiente dinero para encontrar un nuevo apartamento.

Joven y anciano. | Foto: Pexels

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Sin embargo, Saúl tenía una sorpresa más para ella. En el funeral, su abogado se acercó. "Usted es Ana Sánchez, ¿verdad? Tiene que venir a mi despacho mañana o a finales de esta semana. Allí firmaremos todos los documentos y lo arreglaremos todo como es debido", anunció el hombre.

"Lo siento, ¿qué? ¿Qué documentos? ¿Qué tenemos que arreglar?", preguntó Ana, confundida.

"¡Oh! Lo siento, me estoy adelantando. Normalmente, haríamos una lectura de testamento, pero usted es la única beneficiaria del señor Díaz, así que no es necesario. Necesitamos su firma y algunas cosas para transferirle todos sus bienes", explicó el abogado.

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Ana no podía creerlo. El abogado continuó, revelando que el Sr. Díaz le había dejado todo, incluyendo la casa y sus ahorros. Por lo tanto, no tenía que mudarse del único hogar real que había conocido todos estos años. Cuando el abogado terminó de explicarle todo, ella rompió a llorar y lo abrazó, sin poder contener su alegría.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Un gesto amable puede cambiar la vida de alguien: Emma ayudó a Ana cuando era solo una niña, y ella nunca olvidó el amable gesto de la mujer mayor.

Cualquier persona puede convertirse en tu familia: Saúl conoció a Ana cuando se sentía muy solo y se convirtieron en la familia del otro.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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