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Niña bien vestida escarba la basura del restaurante: el dueño la ve y la sigue - Historia del día

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El dueño de un restaurante vio a una chica pulcramente vestida escarbando en la basura cerca de su lujoso establecimiento y decidió seguirla. Lo que descubrió lo dejó con lágrimas en los ojos.

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“Asegúrese de que las sobras sean clasificadas y colocadas en la papelera detrás del restaurante. ¿Está claro, Chef Solórzano?”, Juan Moncada le pidió a su jefe de cocina.

"Sí, señor”, asintió el hombre. “Me ocuparé de que se haga como lo solicitó”.

Niña pequeña caminando cerca de las vías del tren. | Foto: Shutterstock

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Juan Moncada había ordenado a su personal que, después de la jornada laboral, colocara todas las sobras en un contenedor especial detrás del restaurante para las personas sin hogar.

Comenzó a hacer eso después de ver a un grupo de indigentes afuera de su restaurante, tratando de conseguir comida de los transeúntes que nunca se molestaban en ayudarlos.

Sin embargo, una noche, cuando el Sr. Moncada estaba a punto de salir del restaurante, notó que una niña bien vestida escarbaba en la basura. Llevaba un bonito vestido blanco con zapatos a juego.

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No parecía ser una persona sin hogar o una niña necesitada. “¿Qué está haciendo allí?", se preguntó el hombre.

Quería acercarse y preguntarle, pero tenía que apresurarse porque tenía un asunto urgente.

La niña regresó al día siguiente y al siguiente, y el Sr. Moncada notó que había estado visitando el lugar todos los días. Llegaba con una bolsa enorme, la llenaba con las sobras y luego huía.

Niña vestida de blanco sosteniendo una hoja sobre su cabeza. | Foto: Pexels

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Con curiosidad por saber por qué seguía haciendo eso, el Sr. Moncada decidió seguir a la niña. Se sentó en su auto y condujo lentamente detrás de ella mientras la pequeña paseaba feliz por las calles con la enorme bolsa en sus manos.

Después de unos minutos, entró en un callejón estrecho donde su vehículo no podía pasar. Así que se bajó y siguió caminando detrás de la niña que se detuvo frente a una vieja casa abandonada.

Dejó la bolsa que contenía la comida en la puerta, tocó el timbre y luego salió corriendo.

El Sr. Moncada se escondió detrás de una pared, esperando que alguien saliera de la vivienda. Pasaron unos 10 minutos, pero nadie abrió la puerta.

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Pensó que nadie vivía allí, por lo que se disponía a irse, pero en ese momento, un niño salió de la casa con un perro. Iba vestido pobremente y lucía frágil.

Abrió la bolsa de sobras, sacó algunas y se las dio a su perro. “¡Vaya! ¡Chispita, tenemos mucha comida para ti hoy!”, exclamó felizmente, luego dio de comer a su perro y entró.

Fachada de una casa antigua. | Foto: Unsplash

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Tenía curiosidad por saber quién era el niño y por qué la niña recogía las sobras para él todos los días. Entonces, el Sr. Moncada decidió acercarse a ella al día siguiente cuando fuera al restaurante.

“Hola”, dijo gentilmente. “Veo que vienes aquí todos los días para recoger sobras para un niño y su perro. ¿Cómo te llamas?"

“Umm, mi nombre es Alicia”, dijo la niña en voz baja. “No le molesta que le lleve las sobras a Arturo, ¿verdad? Le llevo comida a él y a su perro porque no tiene a nadie que lo cuide”.

“¿Arturo no tiene padres o abuelos que lo cuiden?”.

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“¡No!”, negó Alicia con su pequeña cabeza. “Perdió a su familia en un incendio y después nadie lo ayudó. Ninguno de los niños de nuestro vecindario juega con él. Eso me hace sentir muy mal así que lo ayudo y, a veces, voy a jugar con él”.

“¿Por qué no le dijiste a tus padres? Ellos pueden ayudar a Arturo y a su perro”.

Niño jugando con un perrito en unos escalones. | Foto: Pexels

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“No. Tengo miedo de lo que pasará si mamá se entera. Un día, vi a la mamá de mi amiga regañándola por ayudar a un extraño, y tenía miedo de que mi mamá también me regañara, así que no se lo dije”.

“Sabes, la semana pasada, su perro estaba enfermo. Me preocupaba que muriera, y Arturo también estaba angustiado, pero es bueno que no haya pasado nada malo”.

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“¿Pero te das cuenta, Alicia, de que alimentarlo con las sobras no es una buena idea? Podría enfermarse nuevamente. Algunas instalaciones brindan cuidado para mascotas. Podemos enviarlo allí."

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"Arturo también necesita que lo cuiden adecuadamente. Lo vi y lucía muy frágil”.

“¿Pero a dónde podemos enviarlo?”, preguntó Alicia con curiosidad.

“Hay orfanatos y hogares de acogida que se ocupan de los niños necesitados. Si lo enviamos a uno de esos podrá vivir una buena vida".

Galletas y una taza de lecha sobre una mesa. | Foto: Pexels

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“¡No! ¡No haremos eso!”, objetó Alicia. “Arthur me dijo que solía vivir en el orfanato. Se escapó de allí porque no lo trataron bien. ¡No podemos enviarlo allí, por favor!”.

“Bueno, entonces...”, reflexionó el Sr. Moncada durante un rato. “Tengo otra idea. Creo que definitivamente ayudará a Arturo”

"¿Sí? ¿Qué es exactamente?", preguntó Alicia alegremente.

“Ven conmigo. Te lo diré”, le dijo el hombre.

El Sr. Moncada llevó a la niña al interior de su restaurante y le dio unas galletas y leche. Mientras la pequeña estaba ocupada comiendo, él llamó a su madre, una periodista, y le contó sobre la historia de Alicia y que había estado ayudando a Arturo.

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Una semana después, se publicó un poderoso artículo sobre una niña de 10 años que ayudaba a un niño huérfano sin hogar. Cuando los padres de la pequeña vieron el artículo y supieron lo que había hecho su hija, se sintieron muy orgullosos de ella.

Unos padres de rodillas abrazando a su hija. | Foto: Pexels

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Le dijeron a su hija que, si les hubiera informado sobre el niño antes, con mucho gusto habrían ayudado al chico. Pero no era demasiado tarde. La madre de Alicia, Lucero, decidió adoptar a Arturo, justo antes de que los servicios sociales se lo llevaran.

Siempre había querido que su hija tuviera un hermano menor, pero no había podido concebir después del nacimiento de su retoño. Entonces, pensando que era la forma en que Dios la bendecía con un niño, Lucero decidió adoptar a Arturo.

Afortunadamente, el padre de la niña estuvo de acuerdo, y un mes después, ella y sus padres dieron la bienvenida a dos nuevos miembros a su familia: Arturo, de 8 años, y su adorable perrito Chispita.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Sé bondadoso no cuesta nada. Alicia, sin esperar nada a cambio, ayudaba a Arturo y a su perro. Todos deberíamos intentar ser como ella.

Hay una razón detrás de todo lo que sucede en la vida. Alicia conoció a Arturo porque en su destino estaba tener un hermano menor.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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