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Anciano sin hogar ve a mujer empujar a niña llorosa hacia un auto y comienza a sospechar - Historia del día

Mayra Pérez
11 feb 2022
10:50
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Mateo vio a una mujer enojada metiendo a una niña en un auto, al tiempo que ocurría una conmoción dentro de la cafetería. Supo instintivamente lo que estaba pasando y que tenía que hacer algo.

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Mateo estaba sentado afuera de una cafetería en un vecindario tranquilo y concurrido cuando vio a una mujer que arrastraba a una niña fuera del local. La pequeña lloraba y tiraba de su mano.

Por lo general, no le habría puesto mucha atención al episodio; los niños hacen rabietas todo el tiempo. Pero algo en esta escena era muy diferente.

Un vehículo se desplaza por una calle. | Foto: Shutterstock

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“¡Cállate, Kelly! ¡Nos vamos!”, le gritó la mujer a la niña enojada, mientras la empujaba hacia el lado del pasajero del vehículo.

“Eso es peligroso. Una niña así de pequeña necesita un asiento especial para el vehículo”, pensó Mateo, pero notó que no había ninguno dentro. Fue entonces cuando las alarmas comenzaron a sonar en su cabeza.

Se puso de pie y comenzó a decirle a otras personas que pusieran atención a lo que estaba sucediendo: “Por favor, ¡ayuda!. Creo que esa señora está secuestrando a la niña”, dijo con tanta urgencia como pudo, pero solo unas pocas personas se giraron para mirar el auto.

Ya estaba fuera de su lugar de estacionamiento y rodaba lentamente hacia la intersección. "¡Por favor! ¡Esto podría ser una cuestión de vida o muerte!”, siguió insistiendo.

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Pero la gente siguió caminando, evitándolo como siempre lo hacían. De repente, hubo una conmoción dentro del restaurante. Una mujer estaba gritando dentro de la tienda, y Mateo la vio buscando frenéticamente. Salió del café y miró a uno y otro lado de la calle.

“¡Señora!”, dijo él acercándose. Ella se estremeció un poco ante su apariencia. “Señora, una mujer estaba arrastrando a una niña a su auto. ¿Está buscando a su hija? La escuché llamar Kelly a la niña”.

“¡Oh no! ¡No puedo creerlo! ¿Pudo ver la matrícula?”, preguntó la mujer, quien temblaba por el miedo y el frío.

“No, señora. Ya no logro ver con claridad. Pero era un coche oscuro. La mujer era rubia y llamó Kelly a la niña. Tal vez debería llamar a la policía y revisar las cámaras. El Sr. Sánchez de la tienda de al lado tiene cámaras. Es posible que también haya captado a la mujer”, sugirió Mateo, sintiéndose horrible por no poder ayudar más.

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Una mujer joven mira con preocupación. | Foto: Pexels

“¡Sí! Lo haré de inmediato. ¡Gracias!”, dijo la mujer y se apresuró a entrar.

Unos minutos más tarde, aparecieron los policías y hablaron con la mujer durante un rato antes de ir a la parte trasera del café. Mateo supuso que estaban mirando las imágenes.

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Finalmente, varias horas después, apareció otro patrullero y la niña que conocía como Kelly salió corriendo y abrazó a la mujer del café. Lloraron abrazadas y la señora agradeció efusivamente a los policías por lo que habían hecho.

“Mira, es por eso que tienes que seguir tus instintos. Si algo parece estar mal, debes actuar antes de que sea demasiado tarde. Ojalá hubiera podido hacer más”, pensó Mateo con una sonrisa mientras seguía pidiendo dinero fuera del café.

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De repente, la mujer salió con un plato lleno de medialunas y una taza de café caliente en la mano. “Hola. Tome, esto es para usted. ¡Muchas gracias por su ayuda!”, dijo con vehemencia.

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“Soy Emma, la dueña de esta cafetería. Lo he visto antes, pero siempre estoy muy ocupada”.

Mateo también le dijo su nombre y agregó: “Gracias, señora. Ojalá hubiera podido hacer más. Solo me limité a describir lo que había visto”. Aceptó el plato y la taza con una sonrisa.

Un indigente recibe unas monedas en un recipiente. | Foto: Pexels

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“¡Hizo mucho! De lo contrario, no habría sabido lo que había sucedido. Nadie vio adónde fue Kelly o si alguien se la había llevado. Yo habría asumido que había salido corriendo y se había perdido. Pero gracias a usted supimos qué buscar”.

“¿Nadie vio lo que pasó?”, preguntó Mateo, confundido. La supuesta secuestradora hizo mucho ruido cuando se fue con la niña, así que le costaba creer lo que le decía.

“Sí. Los citadinos están tan ocupados con sus vidas individuales que no ven nada más. Pero afortunadamente, usted es diferente”, dijo Emma con sinceridad.

“Bueno sí. Tengo que serlo”, añadió Mateo, un poco triste.

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“Escuche, necesito a alguien para limpiar mi tienda. Alguien confiable. Y tengo espacio en la parte de atrás donde podrías quedarte. Tiene baño, pero no cocina, pero eso tiene que ser mejor que vivir en la calle. ¿Qué tal? Obtiene el pago regular más alojamiento y comida”, ofreció Emma.

Los ojos de Mateo se abrieron con sorpresa y aceptó con entusiasmo.

“Ok, primero, le conseguiré un uniforme. Volvamos allí para que pueda ver todo, y necesita ducharse antes de comenzar su turno. ¡Pero creo que será genial!”, dijo ella alegremente y lo condujo dentro de su tienda.

Un hombre hunde su rostro entre sus manos con preocupación. | Foto: Pexels

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Él estaba desconcertado por su amabilidad, y la habitación le pareció perfecta. Era cálida y acogedora. Podría volver a ponerse de pie gracias a la oferta de Emma.

“¿Cómo puedo agradecerle por todo esto?”, preguntó Mateo.

“Ya lo hizo. ¿Mi pequeña niña? Bueno, ella es mi hijastra. Y la mujer que se la llevó es su madre biológica, Cintia. Estuvo en prisión todo este tiempo y perdió la custodia de Kelly hace muchos años. Ni siquiera la reconoce en absoluto”, explicó Emma.

“Kelly me llama ‘mamá’, así que eso debe haber sido traumatizante para ella. No sé qué hubiera hecho Cintia con ella si se la hubiera llevado. Pero por su ayuda, pudimos actuar rápido, así que soy yo la que tengo mucho que agradecerle”.

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Mateo sonrió ante las palabras; se sentía genial ser reconocido por sus acciones. Permaneció en la habitación varios meses y trabajó incansablemente, lavando platos, limpiando pisos y baños, etc.

Finalmente, ahorró lo suficiente para un depósito y se mudó a su primer apartamento en mucho tiempo. Pero siguió trabajando para Emma, ​​quien le enseñó mucho sobre su negocio.

Lentamente, fue aprendiendo y logró ascender a barista. Luego se inscribió en una clase de negocios en el colegio comunitario local. Años después, se convirtió en gerente y vio crecer feliz a Kelly, quien lo llamaba tío Mateo. Su madre biológica nunca volvió a aparecer.

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Alguien prepara un café con figuras artísticas. | Foto: Pexels

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Sigue tus instintos. Siempre te dicen cuando algo anda mal, incluso si aún no lo sabes conscientemente.

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Pon atención a lo que ocurre a tu alrededor. Nadie más se dio cuenta cuando Cintia se llevó a Kelly porque la mayoría estaban atrapados en sus propios mundos y por eso no se evitó el secuestro.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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