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Tras haber abandonado a su hija 24 años atrás, la madre se presenta en su boda - Historia del día

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Gina abandonó a su hija cuando era pequeña y se presentó en su boda 24 años después. En lugar de querer genuinamente ser parte de la vida de su hija, tenía motivos ocultos.

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Cuando Laura comenzó a caminar hacia el altar con su padre, Miguel, su madre entró repentinamente por la puerta, sorprendiendo a todos. “Mamá, ¿qué haces aquí?”, dijo la joven, mirando hacia atrás.

“No hay boda sin tu madre, cariño. Dale un abrazo a tu mami”, dijo Gina como si nada hubiera pasado en los últimos 24 años.

Sillas decoradas con flores y un arco decorado para una boda en un jardín. | Foto: Shutterstock

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“No tengo madre. Mi papá me crio solo, y él es mi único padre. Ahora, por favor, deja la iglesia para que pueda continuar con mi boda”, dijo Laura en voz baja mientras más y más invitados notaban la conmoción.

Gina se negó a irse y solo sonrió. “Miguel ni siquiera es tu padre biológico”, dijo Gina en voz alta para que todos pudieran oír. “Era tan aburrido que no podía soportar estar cerca de él. Tuve una aventura y quedé embarazada de ti”.

La mujer mayor habló intencionalmente en voz alta en ese momento para que todos en la iglesia pudieran escucharla. Se escuchó un gran grito ahogado en la multitud, y a Laura se le rompió el corazón.

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La joven miró a su novio, Adán, llorando y salió corriendo por la puerta de la iglesia.

“¡Mira lo que has hecho!”, dijo Miguel, antes de perseguir a su hija. Adán hizo lo mismo y los dos hombres intentaron consolar a Laura.

“No escuches a tu madre, cariño. Todavía podemos hacer que este sea el mejor día de tu vida”, le dijo Miguel. Pero Laura negó con la cabeza.

“¿Cómo puedo ser feliz si me acaba de decir que no eres mi papá? Toda mi vida ha sido una mentira”, dijo la joven llorando mientras el maquillaje corría por sus mejillas.

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Una novia sosteniendo un ramo de rosas. | Foto: Pexels

“Podemos posponer la boda, cariño. Lo que sea que te haga feliz, estoy de acuerdo. No te preocupes por los invitados. Estoy seguro de que lo entenderán”. Adán hizo todo lo posible por consolar a su prometida, quien accedió a posponer la boda por el momento.

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“Lo siento, Adán. Quiero estar en mi mejor momento cuando nos casemos, y no soy capaz de eso ahora”, dijo sollozando.

Un par de días después, Laura y Miguel se hicieron una prueba de ADN para descartar lo que había dicho Gina. Desafortunadamente, resultó ser cierto. No había coincidencia entre sus ADN.

Miguel se puso a llorar cuando leyó la carta que llegó a su correo. “No. Te amo demasiado, hija mía, y ningún documento puede cambiar eso”, dijo.

“Lo sé, papá. Siento lo mismo. Estoy agradecida de que me hayas criado para ser quien soy hoy. También estoy agradecida por todos los maravillosos recuerdos que hemos compartido juntos como padre e hija. Nada puede cambiar eso”, dijo Laura mientras abrazaba a su papá.

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Los dos prometieron que ningún papel cambiaría el vínculo entre ellos. Sin embargo, Laura admitió que también quería conocer a su padre biológico.

“Bueno, solo hay una persona que puede decirte eso, cariño”, le dijo Miguel.

Al día siguiente, Laura visitó a su madre en la extraña choza en la que vivía. Pidió ver a su padre biológico y la señora se encogió de hombros.

Una mujer afligida con lágrimas en su rostro. | Foto: Pexels

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“Eso fue hace años, querida. Apenas puedo recordarlo”, dijo. Después de darse cuenta de que a Laura le iba bien en su carrera, agregó: “Bueno, tal vez con un par de miles de dólares pueda refrescar mi memoria”.

Desesperada, Laura cedió a las peticiones de su madre. Ella le entregó mil dólares, diciendo que era todo lo que tenía. Su madre lo aceptó y con una sonrisa le entregó un papel que le indicaba dónde podía encontrar a su padre biológico.

Mientras buscaba respuestas, Laura se detuvo en la puerta de una lujosa mansión al día siguiente. Un hombre vestido con ropa de diseñador de pies a cabeza abrió la puerta.

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El individuo tenía el mismo cabello rubio y ojos azules brillantes que Laura, lo que sorprendió a ambos. Luego, la joven se presentó y el hombre sintió al instante que ella era su hija. “Esto es increíble. He soñado con tener una hija toda mi vida”, dijo.

Su padre biológico era un exitoso hombre de negocios que tenía todo menos familia. Pero Laura no quería que él pensara que ella estaba detrás de sus riquezas. Entonces la joven insistió en que se hicieran una prueba de ADN.

Su padre, cuyo nombre era Norman, no creía que eso fuera necesario. “Nuestra apariencia puede delatarnos. Somos tan parecidos que estoy seguro de que eres mi hija", respondió.

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Una joven recostada en una silla con un libro en sus piernas. | Foto: Pexels

Norman quería compensar los años que había perdido con su preciosa hija. Entre lágrimas, agradeció a Dios por haberle dado la oportunidad de ser padre.

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Después de ponerse al día con las vidas de ambos, Laura reveló que había estado a punto de casarse cuando su madre detuvo la ceremonia. Tras enterarse de eso, Norman negó con la cabeza.

“Organizaré la boda de tus sueños, Laura. Estaré feliz de acompañarte al altar”, dijo.

La joven no quería faltarle el respeto ni ofender a su padre biológico, por lo que no se negó. Sin embargo, se fue a casa de su padre Miguel muy angustiada.

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“¿Qué pasa, cariño?”, le preguntó a ella. “¿Él te rechazó?”.

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“Papá, no sé qué hacer”, respondió Laura. “Norman también quiere acompañarme al altar”.

Escuchar esa declaración hirió los sentimientos de Miguel. No pudo evitar enojarse. “Estuve allí desde tu nacimiento. Fui yo quien te escuchó decir tu primera palabra”.

“Estuve a tu lado cada vez que te enfermaste y te crie para convertirte en lo que eres hoy. Soy tu verdadero padre, pase lo que pase”.

Un hombre con rostro serio sentado en un sofá. | Foto: Pexels

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“Papá, te agradezco por amarme y cuidarme todos estos años. Estoy confundida y no sé qué hacer”, admitió Laura.

Llegó el día de la boda, pero la joven aún no había tomado una decisión. Su madre apareció en la habitación nupcial con una copa de vino en la mano. “Gracias por invitarme esta vez”, le dijo a su hija.

“Te invité para que no vuelvas a arruinar la boda. Por favor, no hagas una escena”, suplicó Laura.

“Relájate, cariño. Mami no arruinará nada”, dijo en un tono burlón.

“Ya lo hiciste. A estas alturas de la vida vengo a enterarme de que tengo dos padres, y no quiero lastimar a ninguno de ellos”, respondió Laura.

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“Qué tonta eres. Sigue mi consejo y elige al más rico para que te acompañe al altar. ¡Úsalo! Él te dará su dinero”, dijo la mujer mayor. “Por supuesto, terminarás dándome algo. Deshazte de tu inútil padre. Él ya no te sirve”, dijo con una sonrisa desagradable en su rostro.

“Eso es horrible. Eres una desalmada. Así te deshiciste de mí hace años”, espetó Laura.

Un organizador de bodas entró en la habitación poco después de que su madre se fuera. “¿Ya decidiste quién te acompañará al altar, Laura?”, preguntó.

Una mujer mirando hacia un lado con rostro serio. | Foto: Pexels

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La joven respiró profundamente, asintió y sonrió.

Unos momentos después, estaba en el pasillo, acompañada por Miguel de un lado y Norman por el otro. Los dos hombres se pararon junto a ella mientras se preparaba para caminar hacia su prometido.

“No tengo madre, pero tengo suerte y estoy agradecida de tener dos padres”, les dijo antes de comenzar a caminar. Su mamá escuchó lo que dijo la joven y no pudo evitar reaccionar.

“¡¿Qué?!”, preguntó la mujer.

“Bueno, seguí tu consejo”, le dijo Laura. “Me deshice de quien causa problemas”.

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Con eso, su madre fue escoltada fuera de la iglesia y fuera de sus vidas para siempre. Norman, Miguel, Laura y su esposo, Adán, presentaron una orden de restricción contra Gina. Ya no podía acercarse a ninguno de ellos a menos que quisiera arriesgarse a ser arrestada.

Mientras tanto, Norman y Miguel se hicieron buenos amigos. Intercambiaban historias sobre Laura y, a menudo, comían deliciosas comidas junto a ella y Adán.

Cuando la joven pareja tuvo hijos, Laura se aseguró de que sus niños fueran cercanos a Miguel y a Norman. Compartían mucho juntos y aprovechaban al máximo su tiempo en familia.

Una pareja tomada de la mano durante su boda. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

La familia no siempre es consanguínea. Laura fue abandonada por su madre y esta solo volvió a aparecer cuando necesitaba dinero. Mientras tanto, su padre, que no era su pariente consanguíneo, la amaba como si fuera su propia hija incluso después de descubrir la verdad.

Está bien cortar lazos con familiares tóxicos. El regreso de la madre de Laura a su vida solo le causó problemas. Al final, la joven decidió cortar los lazos con su progenitora por el bien de sus papás, su esposo y la familia que estaba a punto de formar.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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