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Policía halla carriola de trillizos vacía junto a tienda abandonada: oye el llanto de un bebé en el edificio - Historia del día

Georgimar Coronil
01 abr 2022
07:00
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Jorge era un policía normal y corriente que se dedicaba a su trabajo. Patrullaba la ciudad a menudo. Un día encontró un cochecito hecho para trillizos, pero cuando lo revisó notó que estaba vacío. Luego, escuchó un débil llanto en una tienda cercana abandonada y tomó una decisión que mejoraría su vida para siempre.

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Jorge Bautista era un policía soltero de 32 años. Servía en la comunidad en la que había crecido y era un apasionado de la ley. Era muy querido por sus vecinos, ya que trataba a todos con amabilidad. Por desgracia, se había divorciado recientemente, después de que su mujer renunciara a sus planes de tener una familia.

Le llevó un tiempo recuperarse de la separación, pero Jorge buscó el lado positivo de la vida. Se ofreció como voluntario en diferentes actividades comunitarias y se mantuvo ocupado practicando el ciclismo como su principal afición. Los residentes de la comunidad se sintieron tristes por él, luego de que su esposa lo dejara, pero todos admiraban su tenacidad y su actitud positiva.

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Coche para trillizos. | Foto: Shutterstock

Un día, mientras Jorge entraba en su cafetería favorita, se fijó en una carriola para trillizos que estaba cerca de la entrada de la cafetería, pero no le prestó demasiada atención.

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"Buenos días, Cristóbal, quiero lo de siempre, por favor", le dijo al camarero.

"¿Quieres los panecillos especiales de zanahoria? Invita la casa", ofreció Cris.

"Claro que sí", respondió Jorge. Él sabía que Cristóbal le ofrecía pasteles gratis porque aún se sentía triste por su divorcio, pero apreciaba la amabilidad. Además, los pasteles siempre estaban deliciosos.

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"¿Te has fijado en el cochecito para trillizos que hay fuera? Aparentemente, lleva aquí dos días, pero no hay ningún bebé adentro", le dijo Cris a Jorge.

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"¿Qué quieres decir con aparentemente?", preguntó Jorge. Él nunca investigaba los incidentes sin motivo aparente.

Cris explicó que él no había estado el día anterior en el trabajo, pero que los baristas y camareros que sí estaban vieron el cochecito. Jorge preguntó a los camareros y estos confirmaron la historia de Cris. El mesonero que abrió la cafetería el día en que apareció el cochecito explicó además: "cuando llegué por la mañana, vi a una mujer sacar a sus tres bebés de él, pero nunca volvió".

Esta información preocupó a Jorge, ya que era raro que alguien abandonara su carriola y llevara a tres niños por su cuenta. Se dirigió hacia el coche y miró en su interior, notó que no había juguetes ni mantas para bebés. Estaba a punto de alejarse cuando oyó un débil llanto. Jorge pensó que lo habría imaginado, pero caminó hacia la zona de la que provenía el sonido.

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Policía caminando por la calle. | Foto: Shutterstock

Se dirigió a una tienda abandonada que estaba al lado de la cafetería y se dio cuenta de que la cerradura estaba rota. Cuando entró, el llanto se hizo más fuerte. Vio a unos trillizos acostados sobre unas mantas. Había botellas de leche vacías esparcidas junto a ellos y no había rastro de su madre.

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El oficial llamó inmediatamente a la ambulancia y a sus colegas de las fuerzas del orden. Mientras iban de camino, le pidió a Cris que fuera a comprar algunos artículos de primera necesidad para el bebé. El hombre le pidió permiso a su encargada para salir rápidamente, ella accedió. Jorge le dio su tarjeta de débito y fue a comprar pañales, fórmula para bebés, ropas de abrigo y algunos medicamentos.

El policía se sentó en el suelo con los niños y los calmó. Se sintió desconsolado por el hecho de que alguien los dejara solos. También pensó en los planes familiares con su exmujer y se entristeció aún más. "Ya podría haber tenido mis propios hijos", susurró Jorge mientras los trillizos dormían.

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Cuando llegó la policía y la ambulancia, le dijeron a Jorge que los bebés serían llevados a un orfanato si no encontraban a la madre. "No, por favor, avísenme inmediatamente si no encuentran a la madre", dijo Jorge y se marchó. Continuó con su trabajo mientras pensaba en los trillizos cada día.

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Unas semanas más tarde, una colega de Jorge le llamó a su despacho. "¿Recuerdas el día en que encontraste a los trillizos? Yo estaba allí y seguí el caso. Sé que no te fijaste en mí porque parecías muy afectado", le dijo.

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"Me avergüenza que mis emociones se mostraran tan claramente; traté de mantener la calma", dijo Jorge.

"No te preocupes. Sé lo mucho que quieres a los niños. He seguido el caso y parece que los Servicios de Protección de Menores no pueden localizar a la madre de los chicos, por lo que serán llevados a un orfanato. Quería decírtelo antes de que los llevaran allí porque te empeñaste en que te avisaran", explicó.

"Eso es porque quiero adoptarlos", dijo Jorge.

Bebés en unos carritos. | Foto: Pexels

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Su colega le explicó el proceso que debía seguir para la adopción. Jorge siguió sus instrucciones al pie de la letra y unas semanas después le permitieron acoger a los pequeños. Jorge estaba entusiasmado por ser padre. No tenía previsto tener tres hijos sin pareja, pero pensó que estaba destinado a ser papá. Además, se esforzaría por cuidar de los trillizos independientemente de su situación sentimental.

Unos días después de que Jorge recogiera a los trillizos de los Servicios de Protección de Menores, se tomó una licencia. Se dedicó a comprar artículos para bebés y a transformar su casa en un lugar apto para bebés. Mientras preparaba una de las habitaciones, oyó que llamaban a la puerta y se apresuró a abrirla.

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Antes de que pudiera saludar, una mujer que estaba frente a su puerta cayó de rodillas y empezó a llorar. "Los vecinos de la zona me han dicho que has adoptado a mis hijos; siento mucho haberlos dejado solos, pero no tenía dinero y sentí que no podía cuidarlos. Por favor, perdóname, déjame llevarme a mis bebés a casa", expresó.

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Jorge recibió a la señora en su casa y supo que se llamaba Priscilla. Lo conmovió el relato de sus problemas, pero se negó a devolverle a los niños. "Entiendo su dolor, pero los he adoptado legalmente y me aseguraré de cuidarlos", dijo Jorge.

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"Lo entiendo, he sido muy irresponsable y no tienes motivos para confiar en mí. ¿Puedo venir a verlos los fines de semana? Tengo un trabajo en un restaurante cercano y me encantaría verlos de vez en cuando", suplicó Priscilla.

Jorge aceptó el acuerdo y durante meses, Priscilla cumplió con sus citas y vino a visitar a los niños todos los fines de semana. Él sabía que ella los había abandonado porque no tenía otra opción, así que empezó a sentir más pena. Llegó a un acuerdo de paternidad compartida con Priscilla, que les permitía criar a los niños entre los dos.

Cuna en una habitación. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Tenemos que aceptar las consecuencias de nuestros actos: La madre de los trillizos probablemente no esperaba que sus hijos fuesen adoptados. Aun así, tuvo que aceptar que sus acciones negligentes la llevaron a compartir la custodia con Jorge, que estaba dispuesto a cuidar de los niños.

La paciencia puede llevarnos a obtener recompensas sorprendentes: La esposa de Jorge lo dejó porque no quería tener hijos. A pesar de haber sufrido por la separación, él se mantuvo firme en su decisión de ser padre algún día. Poco después recibió su recompensa cuando adoptó a los trillizos.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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