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Madre anciana le pide a hijo que la visite: él lo hace 2 años después y encuentra una tumba en vez de su casa - Historia del día

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Un hijo descuidó a su madre durante años, solo para sentirse culpable por no visitarla a pesar de sus peticiones. Años más tarde, regresó a su ciudad natal para verla, pero encontró un cementerio en lugar de la casa de su madre en su antigua propiedad.

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Carla tenía 60 años y vivía en un pueblo pequeño y tranquilo. Su hijo, Gregorio, decidió mudarse a otra ciudad para seguir una carrera en el mundo corporativo.

Desde que se graduó de la universidad, él no había visitado a su madre. Solo se mantuvieron en contacto a través del teléfono durante varios años, hasta que un día, Carla no pudo evitarlo y planeó una visita a la nueva ciudad de su hijo.

La madre abordó un autobús y fue a donde vivía su retoño. Había recibido cartas de él en el pasado, así que se dirigió a la dirección indicada en sus sobres.

Desafortunadamente, cuando tocó el timbre, alguien más abrió la puerta. “Hola, siento molestarlo”, dijo Carla. “¿Gregorio Sánchez, mi hijo, todavía vive aquí?”.

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El extraño estaba confundido hasta que recordó el nombre. “Ah, Gregorio. No, se mudó. Le compré esta casa”, reveló.

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Carla se entristeció por la respuesta del extraño y se decepcionó de que Gregorio no le hubiera dicho que se había mudado. Miró hacia abajo, derrotada, preguntándose qué haría mientras esperaba que saliera el autobús de regreso a su ciudad en un par de horas.

Entonces una vecina se le acercó mientras estaba parada en la acera. “¿Está buscando a Gregorio?”, preguntó la mujer.

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Carla asintió. “¿Conoce a mi hijo?”.

La mujer reveló que ella y Gregorio todavía se mantenían en contacto. Le dio la dirección de la oficina del hombre y la señora se dirigió allí emocionada.

Un edificio con paredes de cristal. | Foto: Pexels

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Cuando llegó al edificio de oficinas de su hijo en el distrito comercial de la ciudad, se sorprendió al ver tantos rascacielos. Entró al sitio y subió en el ascensor, y de repente comenzó a sentirse mareada e incómoda. No estaba acostumbrada a tales alturas.

Una vez que llegó al piso escrito en la hoja de papel, una recepcionista la recibió en la puerta. “¿Cómo puedo ayudarla?”, preguntó la mujer.

“Hola, estoy aquí para ver a Gregorio Sánchez. ¿Él se encuentra?”, le dijo Carla, mientras miraba el lugar.

“¿Puedo saber quién es usted?”, respondió la recepcionista.

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“Soy Carla Sánchez. Madre de Gregorio”, respondió en voz baja. La recepcionista pareció sorprendida al descubrir que Carla era la madre del hombre. Llamó a su oficina para informarle que dejaría entrar a su mamá.

La recepcionista condujo a la señora a través de un mar de cubículos hasta que llegaron a una oficina en una esquina con una puerta que iba del piso al techo. Carla no podía creer lo adulto que se veía su hijo cuando entró.

“Hola, Gregorio”, dijo, abrazando a su hijo con fuerza. “Lamento haber irrumpido sin avisarte. Simplemente te extraño mucho y quería ver cómo estabas”, lloró la madre.

Una mujer mayor sonriendo. | Foto: Unsplash

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“¿Por qué dejaste de visitarme? No he sabido nada de ti en meses, y tu línea siempre está ocupada. No sabía cómo comunicarme contigo. Por eso decidí viajar para verte”.

“Lo siento, mamá. He estado muy ocupado con el trabajo. En los últimos dos años, no he hecho nada por mi vida personal. Mi trabajo ha sido mi vida”, explicó el hombre. Carla se entristeció al escuchar eso, pues le había enseñado a su hijo a no ser codicioso.

“Está bien, hijo”, dijo en voz baja. “Entiendo. Pero... Se acerca el fin de semana del Día de la Madre. ¿Crees que puedas venir hasta nuestra casa? ¡Te prometo que hornearé tu tarta de limón favorita!”.

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Gregorio consultó su calendario. “No sé, mamá. No estoy seguro de poder hacerlo. Estoy muy ocupado en el trabajo”, respondió.

“Mi superior me necesita las 24 horas del día, y si me llama ese fin de semana y estoy fuera de la ciudad, mi ascenso podría ser cancelado, y estoy muy cerca de obtenerlo”, respondió.

Carla suspiró, conteniendo las lágrimas. Ella asintió y dijo que no quería interferir con el trabajo de su hijo. “Haberte visto hoy es suficientemente para mí”, le dijo, y regresó a casa ese mismo día.

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Un hombre en una oficina hablando a través de un teléfono celular. | Foto: Pexels

Pasaron dos años y Gregorio no visitó a su mamá. Sin embargo, ese año, escuchó a sus colegas hablar sobre el Día de la Madre y sus planes para sus madres y esposas. El hombre recordó a su mamá y se sintió culpable por haberla descuidado durante tanto tiempo.

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Entonces condujo hasta su ciudad natal para visitarla. Cuando llegó allí, para su sorpresa, su madre no estaba y tampoco estaba la vivienda. Lo que había en su lugar era un campo con varias tumbas recientes.

“¿Qué? ¿Qué pasó aquí?”, se preguntó. “No puede ser...”.

Caminó rápidamente hacia el campo para ver si el nombre de su madre estaba en alguna de las tumbas. Se sintió aliviado al descubrir que no estaba.

“¿Dónde está mi madre ahora?”, se preguntó nervioso.

Gregorio fue de casa en casa hasta que alguien pudiera decirle dónde estaba su madre. Terminó descubriendo que ella vivía en un pequeño remolque y se apresuró a llegar allí.

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Tan pronto como la vio, le dio un fuerte abrazo. “Mamá, estoy muy contento de que estés bien”.

Un remolque estacionado en un campo. | Foto: Pexels

Carla se sorprendió, pues no esperaba que su hijo la visitara. “No esperaba que vinieras”, dijo ella.

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“Tenía mucho miedo de haberte perdido, mamá. Lamento no haber estado contigo durante tantos años. No puedo creer que dejé que todo ese tiempo se desperdiciara”, dijo Gregorio con lágrimas en los ojos. “¿Qué le pasó a tu casa?”.

Carla le explicó que había pedido un préstamo para pagar su universidad. Luego sacó otro préstamo para pagar su primer automóvil, pero no pudo saldar su deuda.

“Perdí nuestra propiedad porque no pude cuidar sola de la finca. No podía pagarle al banco. Traté de pedirte ayuda, pero vi lo ocupado y estresado que estabas con el trabajo. No quería ser una carga, así que vendí la casa para pagar todo”, reveló la mujer mayor.

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“Mamá, deberías habérmelo dicho. Esto pasó por mi culpa”, dijo, sintiéndose más culpable.

“Hijo, no quería ser una carga para ti. Lo único que quiero es que seas feliz. No te preocupes por mí, estoy bien aquí”, le aseguró.

Gregorio lloró y siguió abrazando a su madre. Se disculpó profusamente, pidiendo perdón por haberla descuidado durante tantos años. Ella lo perdonó y le dijo que no tenía nada de qué preocuparse.

Un hombre triste con su mano sobre su rostro. | Foto: Pexels

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“No te preocupes hijo. Lo único que te pido es que, si tienes tiempo, me visites más seguido. Te quiero mucho y pienso en ti todos los días. Con esta vejez me cuesta salir del pueblo”, admitió.

Gregorio no iba a permitir que su madre lo pasara mal nunca más. Él le compró una nueva casa y se mudó a su ciudad después de dejar su trabajo y comenzar un nuevo negocio.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Pasa tiempo con tus seres queridos antes de que sea demasiado tarde. El tiempo es oro, y Gregorio tuvo la suerte de darse cuenta de esto antes de que fuera demasiado tarde. Había descuidado a su madre durante años hasta que se dio cuenta de que nunca debería haberlo hecho en primer lugar.

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Nunca es tarde para empezar de nuevo. A pesar de las promociones que le esperaban, Gregorio dejó su trabajo para pasar más tiempo con su madre. Esto le permitió comenzar de nuevo montando su propio negocio y dando más importancia a sus relaciones personales.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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