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Pareja casada compra casa vieja: escucha a niños hablar en el sótano por la noche - Historia del día

Georgimar Coronil
08 jun 2022
07:00
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Sandra y Michael se mudaron a una vieja casa en el campo. Una vez allí, comenzaron a escuchar voces de niños que provenían del sótano. Decidieron averiguar si estaban imaginando cosas y se sorprendieron con lo que descubrieron.

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Sandra y Michael llevaban seis años casados, pero no podían concebir hijos. Aunque ambos querían ser padres, su médico les dijo que sería imposible, ya que ambos eran infértiles.

En un momento dado, Sandra se culpó de no poder tener hijos. Se volvió paranoica, pensando que Michael la dejaría.

Pareja caminando en la playa. | Foto: Pexels

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Pero Michael le demostraba constantemente a su esposa su fidelidad. Pasaba mucho tiempo con ella y tomaban vacaciones juntos, cuando el trabajo lo permitía.

Cuando Michael pudo ahorrar suficiente dinero para comprar una propiedad en el campo, adquirió una vieja casa con un gran jardín donde podrían disfrutar del aire fresco, lejos de la contaminada ciudad.

Durante su primera semana allí, Sandra se despertó de repente en mitad de la noche porque le pareció oír voces. "¿Has oído eso, Michael?", preguntó.

"¿Oír qué, cariño?", respondió él. Sandra se quedó callada y le dijo que podía oír voces de niños procedentes del sótano.

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"Son las 10 de la noche, tal vez solo estés soñando. Vuelve a dormirte, cariño", dijo él, abrazando a su esposa mientras ambos volvían a quedarse dormidos.

A la mañana siguiente, mientras Michael estaba en el trabajo, Sandra decidió revisar el sótano, pero cuando intentó abrir la puerta, notó que estaba cerrada con llave.

Esa noche, volvió a escuchar las mismas voces. "Michael, vuelvo a oír voces de niños procedentes del sótano. Tengo un mal presentimiento y me está asustando", dijo, despertando a su esposo.

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Esta vez, Michael intentó escuchar con atención. Sin embargo, no oyó nada y decidió volver a dormir. Sandra empezó a pensar que se estaba volviendo loca. "¡No puedo estar inventando esto!", pensó.

Mujer durmiendo. | Foto: Pexels

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Al día siguiente, durante el desayuno, Michael admitió que también había escuchado las voces mientras se vestía en su habitación. "Por fin las he oído, cariño. No los estabas imaginando", le dijo.

"Ayer intenté bajar al sótano, pero la puerta estaba cerrada. ¿Tienes las llaves?", preguntó Sandra, que quería llegar al fondo del misterio.

Pronto se dieron cuenta de que ninguno de los dos tenía una copia de la llave del sótano. La única persona que probablemente tenía una era Martínez, el anciano que solía ser el cuidador de la casa.

Michael y Sandra decidieron hacer una visita a Martínez. Vivía en un pequeño granero cercano y era el cuidador de confianza de todas las casas de campo de la zona.

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Cuando llegaron a su granero, Martínez no estaba por ninguna parte. Sin embargo, cuando ya iban a marcharse, Michael se fijó en un manojo de llaves que había en una mesa. Una de las llaves que vio estaba etiquetada como "Sótano de Corrientes", y al instante supo que pertenecía a su casa.

"Vivimos en la calle Corrientes. Estoy seguro de que esta es la llave. Vamos a casa y probemos", le dijo Michael a Sandra y fueron directamente al sótano cuando llegaron a casa.

Efectivamente, era la llave correcta, y cuando Sandra y Michael abrieron la puerta del sótano, se sorprendieron al encontrar una casa de muñecas improvisada y un columpio de madera.

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"Es como una sala de juego para niños", observó Sandra, lo que le hizo sentir aún más curiosidad por los sonidos que escuchaba.

Puerta con candado. | Foto: Pexels

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Esa noche, Sandra y Michael no durmieron hasta que volvieron a oír las voces. Corrieron al sótano y vieron a dos niños, una niña y un niño, jugando. Parecían tener entre siete y nueve años.

Los niños se asustaron al ver a Sandra y Michael e inmediatamente corrieron hacia una entrada trasera que Sandra y Michael no sabían que existía. El matrimonio siguió a los chicos y se dio cuenta de que se dirigían al granero de Martínez.

"¿Son los niños de Martínez?", preguntó Sandra a Michael mientras se acercaban a la casa del hombre que se sorprendió al verlos. "Señor y señora Alarcón, ¡qué sorpresa!", dijo.

"Siento haber irrumpido en tu casa, Martínez", se disculpó Michael. "Es que mi mujer y yo hemos estado oyendo voces de niños desde nuestro sótano, y hoy, hemos encontrado a dos chiquillos allí. Corrimos tras ellos y vinieron aquí", explicó.

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Martínez sonrió y asintió con la cabeza. "Lo siento, ¿le han estado molestando?", preguntó.

"¿Conoces a estos niños, Martínez? ¿Son tus nietos quizás?", preguntó Sandra.

Martínez negó con la cabeza e invitó a Sandra y a Michael a entrar en su granero. Les sirvió una taza de té, ya que afuera hacía frío, y luego comenzó a compartir la historia de los niños.

"Verán, esos dos niños de allí, se llaman Eva y Eduardo. Fueron abandonados por su madre hace un tiempo y los traje aquí. Los servicios sociales vinieron, pero se negaron a ir con ellos. Se escaparon y se escondieron en el sótano de Corrientes hasta que los servicios sociales se fueron", explicó Martínez.

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Niños corriendo. | Foto: Pexels

"El sótano de Corrientes ha sido su espacio seguro durante meses. No creo que se dieran cuenta de que ustedes vivían allí. Lo siento, no me percaté de que seguían entrando allí a jugar", se disculpó.

"No hay ninguna necesidad de disculparse, Martínez. Parecen niños agradables y bien educados", sonrió Sandra, mirando a los dos niños que se escondían detrás de la puerta. "Pueden seguir jugando en el sótano. No hace falta que se metan por la noche; que vengan por la mañana o por la tarde, ya que es más seguro para ellos".

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Desde entonces, Sandra recibía a los niños en su casa por la puerta principal. Ya no tenían que entrar a hurtadillas y ella les preparaba comidas mientras jugaban.

Pronto, Sandra empezó a encariñarse con los chicos, viéndolos como los hijos que nunca tuvo. Eva y Eduardo también se encariñaron con Sandra y Michael, y se quedaban en la finca de Corrientes todo el día hasta que Martínez los recogía por la noche.

Con el tiempo, Sandra y Michael se dieron cuenta de que Eva y Eduardo podrían haber sido su regalo de Dios. Le preguntaron a Martínez si era posible que adoptaran a los niños.

Cuando Eva y Eduardo se enteraron del plan de Sandra y Michael, se alegraron mucho. Sin embargo, también se sintieron tristes porque ya no estarían bajo el cuidado de Martínez.

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Sandra y Michael hicieron los trámites para adoptar a los chicos. Durante la primera noche de Eva y Eduardo con ellos, la pareja les sorprendió haciéndoles saber que Martínez también viviría allí.

"Nuestra familia está completa", les dijo Eva durante la cena de celebración, tomando la mano de su hermano mientras hablaba. Martínez no pudo evitar sonreír también, ya que no solo Eva y Eduardo encontraron una familia que los cuidara, sino que Martínez también halló un hogar.

Mesa con comida. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Nunca es demasiado tarde para construir la vida que quieres: Sandra y Michael aceptaron el hecho de que no tendrían hijos hasta que conocieron a Eva y Eduardo. Se dieron cuenta de que Dios les había dado la oportunidad de ser padres, y la aprovecharon para empezar una nueva vida con su familia.

Los niños y los ancianos merecen atención y cuidados: Martínez quería asegurarse de que Eva y Eduardo terminaran bajo la tutela de unos padres adoptivos responsables y cariñosos en caso de que a él le ocurriera algo. Al final, se sorprendió al descubrir que no solo Eva y Eduardo pudieron encontrar unos padres cariñosos, sino que él también halló una familia junto a ellos.

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