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Camión | Foto: Shutterstock
Camión | Foto: Shutterstock

Cajera ve las manos callosas de pobre mujer: al día siguiente, el camión del supermercado se detiene en su casa - Historia del día

Mayra Pérez
18 jul 2022
18:00

El corazón de una cajera se conmueve, después de enterarse de la historia detrás de las manos callosas de su cliente. Decide hacer algo al respecto y le envía una sorpresa al día siguiente.

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Laura García amaba su trabajo. Como cajera en un gran supermercado, le encantaba saludar a nuevos clientes, conversar con clientes habituales, marcar sus compras y preparar rápidamente sus facturas.

A veces se encontraba con clientes desagradables que creían que gobernaban el mundo, pero también conocía a los niños pequeños a los que les gustaba comprar chocolates y dulces en la tienda. Ellos alegraban su día con sus amplias sonrisas.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Un día, Laura estaba cumpliendo su turno habitual cuando una mujer de mediana edad se acercó al mostrador y comenzó a poner sus compras en la caja.

“Buenos días, señora”, dijo Laura con una sonrisa. La mujer le devolvió la sonrisa. “¿Podría facturar estos artículos rápidamente? ¡Tengo que estar en casa pronto!”, le respondió apresuradamente.

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“Claro, señora”, respondió Laura mientras escaneaba los artículos uno por uno y preparaba la cuenta. Mientras la mujer estaba buscando dinero para pagar, la atención de Laura se centró en sus manos encallecidas.

Podía ver que la mujer estaba nerviosa y que le temblaban las manos. Laura le preguntó si necesitaba ayuda. “¿Necesita que lleven estas bolsas a su auto, señora?”, ofreció.

“¿De verdad?”. La mujer la miró con ojos esperanzados. “¿Podrías hacerlo por mí? Eso sería muy amable de tu parte”.

“Por supuesto, señora”, dijo Laura. Le pidió a su colega, Luis Pablo, que se hiciera cargo del mostrador mientras ayudaba a la mujer. Laura no pudo evitar preguntarse qué le pasaba.

“Mi nombre es Estela”, le contó la mujer mientras se acercaban a su auto y Laura cargaba las compras. “¡Muchas gracias por ayudarme! Que tengas un día agradable”.

“Ha sido un gusto, Estela. Soy Laura, por cierto. Espero que no te moleste, pero tengo algo para ti…”. Sacó una crema de manos de su bolsillo y se la dio. “Creo que esto te ayudará con tus manos”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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“Es muy amable de tu parte”. Estela se sonrojó al aceptarlo. “Rara vez tengo tiempo para mí en estos días. Tengo una gran familia que cuidar. Mi esposo es el único que trabaja, y desde que mi suegra se mudó con nosotros, todo va mal”.

“La lavadora se descompuso”, continuó diciendo como si le debiera una explicación a Laura. “Así que he estado lavando la ropa con mis manos, por eso lucen así... Tenemos un presupuesto ajustado por el momento, así que no podemos reemplazarla”.

“Entiendo… Usa esa crema, ¡te ayudará! Cuídate mucho”, le dijo Laura.

“¡Gracias! Debería irme ahora o llegaré tarde... Debo preparar la cena para todos. Gracias de nuevo…”.

“No hay problema”, le aseguró Laura. Estela subió a su auto y se alejó.

Esa noche, Laura no podía dejar de pensar en la situación de Estela. Podía ver lo estresada que estaba por todas sus responsabilidades en su hogar. ¡Era evidente que necesitaba ayuda! Pero, ¿qué podría hacer?

Laura lo pensó durante mucho tiempo y finalmente tuvo una idea. Al día siguiente, un camión del supermercado se detuvo justo frente a la casa de Estela. Su hija, Lily, y su hijo, Jaime, estaban jugando en el patio delantero y entraron corriendo con la noticia.

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“¡Mami, mami!”, gritó Lily. “¡Hay un camión afuera!”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

“¿Qué?”. Estela se acercó a la puerta y vio a dos hombres descargar una gran caja de cartón y llevarla a su porche.

“¿Estela Bermúdez?”, preguntó uno de ellos.

“Sí, soy yo”, respondió.

“Por favor, firme aquí, señora”, le pidió, mostrándole un recibo de entrega.

Estela estaba claramente confundida. “¿Quién envió esto?”, les preguntó, mirando la enorme caja en su porche y luego el camión del supermercado.

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“Lo siento, señora. Nos acaban de decir que entreguemos esto aquí. No tenemos más información”. Le entregaron una carta, recogieron su firma y se marcharon.

Estela abrió la carta y comenzó a leerla. Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

“Querida Estela,

Soy la cajera del supermercado, ¿me recuerdas? ¡Olvidé por completo contarte sobre el sorteo de nuestra tienda! ¡Fuiste nuestro cliente número 500.000 y la afortunada ganadora de una lavadora! ¡Felicitaciones! Espero que te estés cuidando bien.

Laura”.

“¡Oh, cielos! Esto es increíble…”, susurró para sí misma.

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Estela llamó a su marido y le pidió ayuda para meter la lavadora. Estaban encantados y ella estaba particularmente feliz. ¡No tendría que volver a lavar a mano!

La realidad es que nunca había existido ese sorteo. Después de escuchar la historia de la mujer, Laura se acercó a su jefe, el señor Rodríguez, y le contó su plan de comprar una lavadora a crédito y enviarla a Estela.

Pero su jefe rechazó su oferta y decidió regalarle el electrodoméstico a la cliente.

“Eres la mejor empleada que ha tenido esta tienda, Laura. La gente vuelve a visitar nuestra tienda gracias a ti, así que esto es lo menos que puedo hacer en agradecimiento a tu gran trabajo”, dijo.

Gracias a la amabilidad de Laura y del señor Rodríguez, una ama de casa dedicada y cariñosa como Estela encontró un poco de alivio de su carga y puede prestar atención a sí misma.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • Haz el bien, con discreción. Laura quería ayudar a Estela sin hacer que se sintiera avergonzada, por lo que tuvo la idea de hacerle creer que era un premio que había obtenido por suerte.
  • Tus actos de bondad puede significar mucho para alguien. Gracias a personas amables como Laura y el señor Rodríguez, Estela pudo obtener la lavadora que tanto necesitaba para aliviar su trabajo en casa.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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