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Niña huérfana comparte comida con hombre sin hogar: un día él llega en auto de lujo para adoptarla - Historia del día

Georgimar Coronil
27 jul 2022
07:00
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Una niña que comparte su comida con un mendigo se queda sin palabras cuando el hombre la busca para adoptarla.

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Marlene Hernández volvía a casa de la escuela todos los días pasando por la misma esquina. La pequeña era huérfana y, tras la muerte de sus padres, la habían colocado en una casa de acogida.

Fue duro. No es que sus padres adoptivos no fueran buenos, solo que tenían otros tres niños a los que cuidar. A veces Marlene se sentía muy sola, hasta que conoció a Bernardo.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

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Marlene vio a Bernardo sentado en la esquina de la calle. Llevaba ropa rota, su pelo y barba estaban desarreglados. Sus ojos reflejaban tristeza.

Ella sabía lo que era esa tristeza. Había visto esa mirada perdida y desconcertada en su propio espejo miles de veces.

Un día, Marlene se armó de valor y habló con el hombre. "Hola", le dijo. "¿Tú también tienes el corazón roto?".

El hombre había estado mirando hacia abajo, pero levantó la cabeza para observar a Marlene. "¿Un corazón roto?", preguntó. "Sí, sí... Pero, ¿cómo lo sabe?".

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Marlene se sentó junto al hombre. "Lo sé porque el mío también está roto", explicó. "Puedo ver en tus ojos que no puedes volver a casa, igual que yo".

El hombre levantó las manos para cubrirse la cara y Marlene vio que sus hombros temblaban como si estuviera llorando. Lo tocó con suavidad. "Lo siento", dijo. "No quería hacerte llorar...".

"Está bien", dijo el sujeto. "Sabes, a veces llorar es bueno. Limpia las telarañas del corazón".

"¿Las telarañas?", preguntó Marlene. "¿Tienes arañas en el corazón? ¡Qué asco! Odio las arañas".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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"Bueno", dijo el hombre. "Cuando tu corazón se rompe, a veces las telarañas son lo único que lo mantiene unido. Y además, me gustan las arañas".

Marlene sonrió. "¿Arañas diminutas?", preguntó. "¡No, gracias!".

"Soy Bernardo", dijo el hombre. "Llevo dos años sentado en esta esquina y nadie me ha preguntado... ni se ha dado cuenta de que estoy triste".

"Lo sé..." dijo Marlene. "Creo que la gente se asusta cuando ve que alguien no es feliz. Piensan que la tristeza se contagia, como la gripe".

"¿Y por qué estás triste?", le preguntó Bernardo a Marlene. Entonces la niña le contó todo sobre sus padres, y cómo estaba sola en el mundo.

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"¿Pero por qué te sientas aquí?", le preguntó a Bernardo.

"Espero a que la gente me dé dinero...", dijo. "Para poder comprar comida".

"¿Tienes hambre?", preguntó Marlene. "¡Tengo comida!" Metió la mano en su mochila escolar y sacó un sándwich blando con el relleno saliendo por los lados.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Bernardo aceptó el sándwich y le dijo a Marlene que estaba delicioso. "Lo he hecho yo misma", dijo Marlene con orgullo. "Es mi propia receta especial. Mantequilla de cacahuete y mayonesa".

Desde entonces, no pasó un día sin que Marlene pasara por allí para llevarle a Bernardo un sándwich y charlar con su amigo. Ya no podía imaginar su día sin Bernardo.

Pero un día, cuando llegó a la esquina, ¡no estaba allí! Corrió a la cafetería cercana y le preguntó al mesero: "¿Ha visto a mi amigo Bernardo?".

El hombre respondió: "¿Te refieres al vagabundo que se sienta en esa esquina?".

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"Sí", dijo Marlene. "Ese es Bernardo".

"¿Eres Marlene?", preguntó el mesero. "Ha dejado una carta para ti".

Le entregó a Marlene un papel arrugado. Marlene lo desdobló y leyó: "Querida Marlene, lo siento, pero he tenido que marcharme para reparar mi corazón. Te prometo que algún día volveré. Tu amigo, Bernardo".

Marlene estaba muy triste y se sentía muy sola de nuevo. Cada vez que pasaba por la esquina de Bernardo, lloraba.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

La madre de acogida de Marlene la regañó: "¡Deja de llorar! ¿Qué te pasa?”.

"Mi único amigo se ha ido", dijo Marlene. "Y no creo que vuelva a verlo. Mi madre y mi padre dijeron que volverían, pero nunca lo hicieron. Tampoco pienso que Bernardo vuelva".

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Pero Marlene se equivocaba porque dieciocho meses después, Bernardo volvió. La niña vio un gran coche de lujo estacionado frente a la puerta de sus padres de acogida, y cuando entró, ¡Bernardo estaba allí!

Su aspecto era muy diferente. Tenía la cara lisa, el pelo corto y llevaba ropa muy bonita. Pero a pesar de las diferencias, Marlene lo reconoció enseguida porque seguía teniendo los mismos ojos amables y tristes.

"¡Bernardo!", gritó y corrió a abrazarlo. "¿Por qué te has ido?".

"Ya sabes", dijo Bernardo. "Hace unos años, era un hombre feliz. Pintaba cuadros que la gente quería comprar, y mi mujer y yo íbamos a tener un bebé”.

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"Pero cuando llegó el momento de que naciera nuestro hijo, algo salió muy mal. Mi mujer y el bebé murieron, y creo que una parte de mí también murió. Ya no podía pintar”.

"Así que renuncié a la vida y a mí mismo, hasta que te conocí a ti, Marlene. Cuando me diste esos sándwiches de mantequilla de cacahuete y mayonesa, hiciste más que alimentar mi cuerpo, alimentaste mi alma”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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"Decidí que yo también quería darte algo. Así que fui a ver a un amigo que tiene una galería de arte y le rogué que me diera trabajo para poder comprar lienzos y pinturas, y empecé a pintar de nuevo”.

"Cuando mi amigo vio mi nueva obra, se emocionó mucho. Dijo que mi pintura era aún mejor que antes, y las puso en su galería. ¿Y sabes qué? La gente empezó a comprarlas”.

"Entonces tuve una exposición... Bueno, para resumir la historia, me conseguí una casa y algo de ropa, y fui a los Servicios Sociales. Califiqué como padre adoptivo”.

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"Quiero preguntarte si quieres ser mi niña, Marlene. Si lo haces, dicen que dentro de un año puedo adoptarte y podemos ser una familia".

Marlene empezó a llorar tan fuerte que Bernardo se alarmó. "Mi mamá y mi papá dijeron que volverían y no lo hicieron", sollozó ella.

Bernardo le dio un gran abrazo a Marlene y le dijo: "Marlene, te prometo que a partir de ahora no volveré a marcharme. Vamos a ser una familia".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Tenemos que mirar más allá de las apariencias para ver el corazón de alguien: Marlene vio que Bernardo estaba triste y solo, y se puso a hablar con él, mientras que la mayoría de la gente simplemente pasaba de largo.

El amor nos da el valor para dejar de lado nuestras penas y volver a vivir: Marlene inspiró a Bernardo para que volviera a pintar y retomara su vida.

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Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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