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Anciano en la calle | Foto: Shutterstock
Anciano en la calle | Foto: Shutterstock

Chica protege del frío a sucio vagabundo, días después descubre que heredó su patrimonio de USD 2,3 millones - Historia del día

Susana Nunez
25 may 2023
02:30

Una joven da cobijo a un vagabundo durante la noche, pero este desaparece sin dejar rastro a la mañana siguiente, solo para reaparecer unos días después con una apariencia completamente nueva que revela algo increíble sobre él.

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Susan estaba recién nacida cuando su madre, Clara, la abandonó y la dejó al cuidado de su abuelo, Arturo. Él siempre fue sincero sobre lo ocurrido, y ella era muy consciente de cómo su madre se había fugado con un hombre adinerado.

Sin embargo, eso no afectó a Susan porque tenía un abuelo que la adoraba y que la educó para ser una buena persona. Por desgracia, cuando ella tenía 23 años, él murió de un ataque al corazón, dejándola sola.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pixabay

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pixabay

Cuando Susan vio a un anciano sin hogar temblando de frío frente a su oficina, no pudo evitar acercarse a él porque le recordaba a su abuelo. Cruzó la calle y cogió un paquete de panes y una taza grande de café para él, que le ofreció amablemente.

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"Buenos días, señor. Por favor, tome esto. Le hará sentirse mejor", le dijo con una sonrisa.

Al hombre se le llenaron los ojos de lágrimas y levantó la mirada para aceptar la comida. "Te lo agradezco mucho, jovencita. Hacía días que no comía", dijo temblando.

Susan le rodeó el cuello con la bufanda. "Por favor, cuídese. Hoy hace bastante frío", le dijo antes de marcharse a su despacho.

Sin embargo, no pudo dejar de pensar en él mientras trabajaba. El hombre desaliñado le recordaba a Arturo. Él también tenía unos enormes ojos inocentes y una barba blanca. Y la forma en que sonrió cuando ella le entregó su bufanda fue exactamente como él habría reaccionado.

Así que, al salir del trabajo aquel día, pensó en ofrecer una noche de alojamiento al vagabundo. Se asomó a la ventana de su despacho y vio que seguía allí, acurrucado en una manta rasgada. Rápidamente, recogió todas sus cosas y su abrigo y cruzó la calle corriendo hacia él.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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"Disculpe, señor", le dijo. "Hace mucho frío aquí. ¿Por qué no viene a mi casa esta noche? Tengo un té delicioso que mi abuelo solía traernos de la India. Si no le importa...".

"¡Oh, Dios!", exclamó el hombre. "¿Por qué harías algo así por un vagabundo como yo? Eres una joven tan dulce".

"No es ningún problema, señor. ¿Vamos?".

La amabilidad es como un boomerang; siempre vuelve de alguna manera.

"¡Muchas gracias, querida! ¡Muchas gracias! Nunca olvidaré tu amabilidad", susurró, con lágrimas en los ojos mientras la seguía hasta su coche.

En casa, Susan le preparó una comida caliente y abundante de espaguetis y albóndigas y le sirvió una taza de té. Las lágrimas brillaron en los ojos del hombre cuando probó el primer bocado.

"¿Cómo te llamas? Llevo mucho tiempo en la calle, pero nadie ha sido tan generoso conmigo", comentó, luchando contra las lágrimas.

"Me llamo Susan Morales", respondió. "¿Le importaría contarme qué pasó para que tuviera que vivir en la calle? Por favor, no me malinterprete".

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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"Oh, no, querida, no pasa nada", respondió el hombre. "Me llamo George Davis", empezó. "Cuando mi mujer falleció hace unos años, quedé destrozado y con el corazón roto. No teníamos hijos y yo vivía solo en nuestro apartamento. Entonces, de la nada, aparecieron sus parientes lejanos y me echaron de allí. Me vi obligado a buscar refugio en la calle...".

"¿Pero cómo pudieron hacer eso?", replicó Susan con fiereza. "¡No tienen derecho a echar a alguien así!".

"Lo sé, querida. Pero un pobre viejo como yo no tenía fuerzas para defenderse. De todos modos, no es que me quede nada en la vida. Mi mujer ya no está, así que no me importa nada más".

A Susan se le encogió el corazón al ver lo deprimido que estaba George desde la muerte de su esposa. Pensó que no le costaría mucho pedirle que se quedara en su casa todo el tiempo que quisiera.

"Bueno, señor", le dijo. "Siéntase como en su casa y no me importa que se quede. Mi casa tiene una habitación extra para invitados. De todos modos, vivo sola desde que murió mi abuelo. Era la única familia que tenía".

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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"¡Oh, cariño! Es muy triste. Siento mucho tu pérdida. Y gracias por preocuparte, pero no será necesario", declinó, sonriendo entre lágrimas. "Una noche de alojamiento sería suficiente".

Susan no entendía por qué George la rechazaba, y al día siguiente, cuando se despertó para ver cómo estaba, se había ido. En un momento dado, se preguntó si habría sido demasiado generosa al darle cobijo sin tener en cuenta sus antecedentes y si podría haberle robado.

Pero cuando echó un vistazo a su casa, todo estaba como antes. Ni siquiera habían tocado el bolso que tenía sobre la mesa.

En ese momento, miró tristemente a la puerta, pensando en el frío que hacía fuera y en que George tendría que volver a pasar las noches en la calle. Sin embargo, no había mucho que pudiera hacer para ayudarle, así que se preparó para ir a trabajar y se marchó a su despacho. En el fondo, esperaba volver a verle allí, pero nunca apareció.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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En ese momento, Susan asumió que no volvería a ver a George. Pero el domingo de la semana siguiente sonó el timbre y se encontró con un hombre muy bien vestido, con esmoquin y zapatos lustrados.

"Dios mío, ¿señor Davis?", se sorprendió. "¡Qué cambiado está!".

Él sonrió. "¿Te importa si entro?".

"Oh, perdón. Sí, pase, por favor".

"Esto es para ti, Susan", respondió, extendiéndole un sobre.

"¿Un sobre para mí? ¿Qué hay dentro?", preguntó ella. Sin embargo, cuando lo abrió, todo empezó a tener sentido. "Señor Davis, esto... ¿Qué es?".

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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"Una recompensa por tu amabilidad, Susan", le dijo. "¿Recuerdas que te conté que después de la muerte de mi mujer me quedé muy solo y lo deprimido que me sentía? Eso es cierto. Pero no soy un vagabundo. Mi mujer y yo no teníamos hijos, así que me preocupaba quién heredaría mi patrimonio después de mi muerte. Por extraño que parezca, me disfracé de vagabundo y viajé por distintos lugares en busca de mi heredero. Y después de conocerte, supe que había encontrado lo que buscaba".

Susan no podía creer lo que acababa de ocurrir. Dentro del sobre, había una copia del testamento de George que decía que ella era la heredera de su patrimonio de 2,3 millones de dólares.

Ella no se creía lo bastante digna para aceptarlo y lo rechazó en un principio, pero se vio obligada a ceder cuando George insistió. Sigue creyendo que lo que ocurrió fue un milagro y una bendición, y que, de alguna manera, su abuelo tuvo algo que ver.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • La generosidad es como un boomerang: siempre vuelve de alguna manera. Susan protegió a George del frío y se convirtió en la heredera de su millonario patrimonio.
  • Aprende a ser generoso y servicial. Cuando Susan se dio cuenta de que George necesitaba ayuda, y no dudó en dársela. Todos deberíamos intentar ser como ella.
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