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Tres mujeres fallecen y van al Cielo

Diego Rivera Diaz
20 mar 2019
10:52

¿Castigo o recompensa? Parece ser que en la vida eterna, ¡todo es cuestión de perspectiva!

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Sobre las nubes, en las Puertas del Cielo, tres mujeres fueron recibidas por San Pedro, quien les dijo: "Antes de entrar, debo decirles una regla muy importante: ¡No pisen a los patos!".

Tras haber cruzado las Puertas, descubrieron que, en efecto, el Cielo estaba repleto de patos, haciendo casi imposible el caminar sin pisar a uno.

Cielo e infierno. Fuente: Pixabay

Cielo e infierno. Fuente: Pixabay

La primera mujer no lo logró, y en su primer día en el Cielo, pisó a uno de los patos. San Pedro apareció de inmediato, y trajo consigo al hombre más feo que ella jamás había visto. Miró al hombre con preocupación mientras San Pedro decía:

"¡Tu castigo por pisar un patito es pasar la eternidad encadenada a este hombre!"

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Patitos bebé. Fuente: Pixabay

Patitos bebé. Fuente: Pixabay

Al día siguiente, la segunda mujer accidentalmente pisó a otro patito. Y, como era de esperarse, San Pedro apareció con otro repulsivo ser y los encadenó.

Decidida a evitar el destino de las otras mujeres, la tercera caminó con mucho cuidado a través del Cielo, evitando pisar patitos por meses. Entonces, un día, San Pedro se apareció, acompañado por el hombre más apuesto que jamás había visto. Era alto, fornido, y de ojos muy hermosos, con largas pestañas. Tras encadenarlos, San Pedro se fue sin mediar palabra.

El Cielo. Fuente: Pixabay

El Cielo. Fuente: Pixabay

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La mujer se sintió muy feliz, al ver cómo su esfuerzo por no pisar a los patitos había sido premiado de tan agradable manera.

"Me pregunto, ¿qué habré hecho para merecerme pasar toda la eternidad a tu lado?"

Fila de patos. Fuente: Pixabay

Fila de patos. Fuente: Pixabay

El hombre respondió tranquilamente:

"Pues, no sé qué habrás hecho tú, ¡pero yo pisé un pato!"

Madre e hija riendo. Fuente: Pixabay

Madre e hija riendo. Fuente: Pixabay

¿Quieres seguir riendo? Los niños son realmente una fuente de dicha sin fin. Su inocencia y su imaginación, tan profundamente creativa, siempre pueden sacarnos una gran sonrisa. El día de hoy te tenemos otra historia de un niño de tres años y su mamá, que de seguro te hará reír.

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