Conmovedora historia de un hombre que trata como a un hijo al asesino de su hija

Una familia tranquila, que vive en un pueblo en los Países Bajos, ha atravesado una dura prueba después de que su hija fue asesinada. Pero lo que dejó a todos con el ojo cuadrado es que fueron capaces de perdonar al quien mató a la chica: su novio.

Los padres de la fallecida Renske Hekman, Eddy Hekman y su esposa, residen cerca del Mar del Norte en los Países Bajos. Son un matrimonio muy unido que tras el sorprendente asesinato de su hija, decidió perdonar al hombre que se las arrebató. 

La joven tan solo tenía 29 años al momento de su muerte, en el 2011. Había estudiado Biología y le gustaba dedicarse a cuidar a los demás, recordó Hekman a BBC, cuando contó que ella había viajado a Holanda en el pasado para cuidar a unas focas.

“Era una chica muy feliz, que se reía mucho pero también era un poco tímida. Amaba la naturaleza, era aventurera y viajaba mucho”, describió.

La familia mantenía una relación cálida y unida, y cada vez que la hija viajaba por el mundo, ellos la despedían en la estación de trenes. En este viaje a Suiza, ella trabajaría como instructora de esquí en una pequeña localidad llamada Baflo.

Ese mismo día se topó por primera vez con Alasam Samarie, un joven amigable a primer trato que destacaba por sus rastas. Desde ese momento serían inseparables.

"Se subió al vagón y allí estaba Samarie. Enseguida empezaron a charlar animadamente y nos saludaron cuando el tren empezó a partir", recordó su padre. Desde ese momento, el joven encajaría en la familia como pieza de rompecabezas, ya que parecía un miembro más de los Hekman.

Familias esquiando. | Foto: Pixabay

Familias esquiando. | Foto: Pixabay

Alasam, quien nació en Benín (África), trabajó durante su adolescencia en una plantación de bananas, pero ante la insatisfacción que sentía, buscó las maneras de salir de allí. Un día vio la oportunidad de oro y la tomó: en poco tiempo estaría a bordo de un barco de carga que viajaría más de 8.000 kilómetros hasta los Países Bajos, donde a las semanas terminaría consiguiendo el asilo.

Lo inesperado ocurrió el 13 de abril de 2011, cuando, a través de las noticias, la Sra. Hekman se enteró de que “una joven fue asesinada por un sujeto con rastas en Baflo”.

"Baflo es muy pequeña y había un solo hombre con rastas, así que sabía que tenía que ser Samarie y que la joven sería Renske", pensó. Y tenía razón. Esa mañana, a las 11:00 AM, dos policías llamaron a su puerta para confirmar la insoportable noticia.

Pero lo verdaderamente sorprendente fue la actitud de los padres, quienes no llegaron a sentir enojo alguno por el hecho de que su hija haya sido asesinada por su propio novio, quien terminó golpeándola en la cabeza con un matafuegos en medio de una discusión. 

Por el contrario, se sintieron profundamente confundidos por el comportamiento agresivo de Alasam Samarie. Él siempre había sido muy tranquilo con su hija y con toda la familia. Para el Sr. Hekman algo estaba faltando en toda esta historia.

Después de que el hombre con rastas terminara con la vida de la veinteañera, huyó de la casa hacia la estación de trenes, donde un policía de civil lo persiguió, pero de alguna forma poco clara, Samarie logró quitarle el arma al uniformado y le disparó.

Otros oficiales de refuerzo lo persiguieron, pero tuvieron que dispararle cinco veces para poder arrestarlo. La justicia neerlandesa lo condenó a 28 años de prisión.

Dos meses más tarde, los padres confundidos de Renske se enteraron de que el un día antes del asesinato, el hombre recibió rechazo definitivo a su solicitud de permanecer en los Países Bajos como refugiado. Tras esto, decidieron escribirle una carta y se la enviaron a la cárcel. Todo empezaba a cobrar sentido.

Medicamentos. | Foto: Torange.biz

Medicamentos. | Foto: Torange.biz

En este transcurso, los Hekman se unieron mucho con el africano, hasta el punto de aclarar ante los medios que lo sentían como un miembro más de la familia. Aseguran entender que lo que le sucedió a Samarie se le escapó de sus propias manos al muchacho.

La verdadera pieza faltante se descubrió el día en el que Hekman fue hasta el domicilio del novio de su hija, el cual estaba muy descuidado. En el lugar, un frasco de píldoras llamó su atención. 

Se trataba de un tipo de antidepresivo conocido como un ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), y en los días previos a la muerte de Renske sus dosis habían subido y bajado. Hekman cree que esos aumentos y caídas afectaron su comportamiento.

"No soy médico pero leí mucho sobre el tema y estoy convencido de que es una posibilidad", dijo. Su teoría es que el medicamento, más la ansiedad que sentía por su pedido de asilo, contribuyeron a que se pusiera agitado y violento.

Por este descubrimiento, la justicia redujo la condena de Samarie a cinco años y medio en una segunda instancia. Al sol de hoy, el joven ya cumplió su sentencia y ahora está en un instituto psiquiátrico, donde no se le permite salir.

En una historia similar, una familia le ruega al juez no condenar al mejor amigo y homicida de su hijo, en un caso que le tocará los sentimientos a más de uno.

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