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21 de septiembre de 2021

Hijo adolescente le reprocha a su madre por usar su dinero, pero el karma toma represalias - Historia del día

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Un día, después de un desagradable incidente con mi hijo en el centro comercial, me negué a darle de cenar. Creo que lo que hice fue absolutamente correcto...

"Debí decirlo antes, Sandra, pero no tuve las agallas para admitirlo", dijo Jacobo mientras se sinceraba sobre haber tenido una aventura con su colega.

No, no estaba sorprendida ni enojada. Sabía que Jacobo estaba teniendo una aventura mucho antes de que él lo admitiera, pero nunca lo discutimos porque quería que me lo confesara. Lamentablemente, ese día llegó antes de lo esperado.

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No fue fácil para mí dejar ir al único hombre al que he amado con todo mi corazón. Pero el destino es el destino, y no podemos cambiarlo por mucho que lo intentemos.

Jacobo pagaba la pensión alimenticia tras divorciarnos, y nuestro hijo, Matías, vivía conmigo. No sé si fue por el divorcio o por la gente con la que Matías andaba, pero no parecía el mismo chico en los últimos meses.

Se había vuelto grosero y arrogante, y apenas me escuchaba. Supuse que tal vez el niño necesitaba algo de tiempo porque cosas como un divorcio no son fáciles para nadie. Lamentablemente, a medida que pasaba el tiempo, lo único que cambió fue la actitud de Matías, para peor.

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Un día íbamos al centro comercial de la ciudad para comprarle ropa nueva a Matías. Él sabía que era esa época del mes en que Jacobo enviaba la pensión alimenticia, y esta vez había dicho que quería ropa nueva. Anteriormente, habían sido videojuegos y calzado deportivo.

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Matías de inmediato entró a la tienda de una de las marcas más caras y supe que tal vez tendría que gastar más de lo que cubría la pensión alimenticia de Jacobo.

A Matías no le gusta que lo siga cuando está de compras, así que caminé hacia otra sección donde estaban las camisetas mientras él miraba las chaquetas. Una de las camisetas me pareció muy bonita y pensé que mi hijo se vería genial en ella. Así que lo llamé para probársela.

“Oye, Mati. ¡Ven aquí!", dije alegremente.

"Sí, ¿qué pasa?", respondió él con un tono de desinterés.

“¡Esta camiseta se ve muy bien, Mati! ¿Por qué no te la pruebas?", pregunté.

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Matías suspiró y puso los ojos en blanco. "No me gusta, mamá. No la compraremos".

"Pero Mati...", antes de que pudiera terminar, mi hijo me interrumpió.

“¿Eres sorda? ¿No puedes entender que no me gusta?", dijo en un tono grosero. Toda la tienda desvió su mirada hacia nosotros.

"Pero Matías, no te estoy obligando a comprarla. Solo estaba preguntando si te había gustado”, expliqué, avergonzada por el hecho de que todos nos estaba mirando.

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"¡Oh, vamos, mamá!", dijo con rudeza. "Estoy harto de tu supuesta actitud cariñosa. Ya no soy un niño. Puedo decidir por mí mismo. Además, el dinero que envía papá es para mí. ¡Es MI dinero!".

Me quedé impactada. No podía creer que Matías hubiera dicho algo así frente a todos. Sabía que era un niño imprudente, pero no esperaba que se comportara con tanta arrogancia.

"¡Bueno, Mati, creo que has ido demasiado lejos esta vez!", le dije con una mirada penetrante. “Así que deja de gritar y acaba con las compras. ¡No saldremos de nuevo después de esto!".

Matías me lanzó una mirada severa. “¿Quién eres tú para decirme lo que debería estar haciendo? No tienes que pagar por las cosas que compro. Es papá quien me envía dinero. ¡Así que dame el efectivo y deja que haga lo que quiera!”, gritó él.

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En este punto, yo estaba casi con los ojos llorosos. De alguna manera, controlé mis emociones, le entregué el dinero a Matías y salí del centro comercial.

Estaba devastada por la forma en que mi hijo se había comportado conmigo, pero ya era hora de que le hiciera darse cuenta de lo equivocado que estaba.

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Llegó a casa alrededor de las 8 p.m. Yo estaba viendo televisión en la sala de estar cuando entró. Fingí que no lo escuchaba.

"Tengo hambre, mamá", dijo, colocando las bolsas de la compra en el sofá. "¿Está lista la cena?".

No dije nada.

Matías habló de nuevo. "¡Estoy preguntando algo, mamá! ¿Está lista la cena?”.

"¡No, no está lista!", finalmente rompí mi silencio. "¿Por qué no la compras con el dinero que te envió papá?".

"Pero gasté todo en ropa", replicó Matías.

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"No me importa. ¡No te prepararé la cena a partir de ahora, y tampoco te daré dinero!", dije y seguí viendo tele.

Matías estaba furioso. “¿Cómo te atreves a hablarme así? ¡Voy a llamar a papá y contarle cómo me estás tratando!".

Cuando Matías llamó a Jacobo, descubrió que su padre no le había enviado dinero durante los últimos dos meses debido a su apretada agenda en el trabajo. También le dijo que yo había pagado todo lo que él había comprado en esos últimos meses.

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Matías se sorprendió cuando se enteró de eso. Siempre había pensado que solo su padre se preocupaba por él. Pero ahora que sabía que yo cumplía con todas sus demandas sin decir nada, e incluso sin dejárselo saber, se sintió realmente avergonzado por comportarse de manera grosera conmigo todo este tiempo.

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Tengo un trabajo que no paga mucho, así que no puedo proporcionarle cosas caras a Matías. Con frecuencia le decía que debía usar el dinero con prudencia. Pero al igual que otros niños de su edad, Matías nunca me escuchaba y pensaba que yo no quería mantenerlo.

"Lo siento mucho, mamá", me dijo Matías tan pronto como colgó el teléfono. “He sido un hijo terrible. Te prometo que nunca me comportaré de manera grosera contigo".

Sí, estaba furiosa con él por lo grosero que se había comportado. Pero todos merecen una segunda oportunidad, así que lo perdoné.

"Está bien, Mati. Los niños a menudo cometen errores”, le dije y lo abracé. "Me alegra que te hayas dado cuenta de que estabas equivocado".

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Desde ese día, Matías y yo hemos estado más unidos que nunca.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • Los padres pasan por muchos problemas para cumplir nuestros deseos. A pesar del comportamiento grosero de Matías, Sandra nunca le dijo que no a nada.
  • A veces, los padres deben ser estrictos con sus hijos. Si Sandra no se hubiera negado a prepararle la cena a Matías, él no habría llamado a su papá y nunca se hubiera dado cuenta de cuánto lo amaba su mamá.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

Esta es una obra de ficción. Nombres, personajes, negocios, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas reales, vivas o fallecidas, o hechos reales es pura coincidencia. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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