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Un sobre | Foto: Shutterstock
Un sobre | Foto: Shutterstock

Niña pobre no tiene nada que ponerse para la fiesta, y para ayudar, su abuela le da una nota - Historia del día

Guadalupe Campos
15 oct 2021
00:20

Olivia estaba muy triste porque no tenía nada para ponerse. Entonces su abuela le dio una nota y le dijo: "Deberías ir a la dirección en esta carta, cariño. Sé que no queríamos hacerlo, pero es hora...": la vida de la adolescente cambiaría para siempre.

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"¿Qué vas a ponerte para la fiesta, Olivia? ¿Vendrás, verdad?", preguntó Alma, una de sus compañeras de clase, que solía burlarse de otras niñas que no eran ricas como ella.

"¿Qué te importa?", retrucó Olivia.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Shutterstock

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Shutterstock

Pero Alma se le interpuso. "Espera, espera. ¿Te avergüenza que no irás con un vestido caro como nosotras? No te preocupes, tengo uno viejo, lo iba a donar a la iglesia pero te lo puedo dar"

Olivia dio un paso adelante y enfrentó la mirada de Alma. "¿Por qué no lo usas tú? Seguro te iría bien. Después de todo, mírate: no tienes nada mejor que hacer en la vida que burlarte de los demás. Siempre lo mismo, como un vestido viejo. Igual, mañana te veo en la fiesta, y ya veremos lo que una basura como tú se pone y con qué perfume caro tapas el olor".

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"¡Cómo te atreves a hablarme así!", le gritó Alma. "¡Ya te mostraré lo que te define!". Entonces empujó a Olivia al suelo, y otros compañeros rieron.

No era algo nuevo para Olivia. Estudiaba en una escuela que era considerada de prestigio, y la mayoría de sus compañeros venían de familias acaudaladas. Solo diez estudiantes eran becados cada año por sus logros académicos, y Olivia era una de ellos.

Olivia era muy reservada, y tampoco había hecho amigos entre los otros adolescentes con becas. Estar sola la hacía blanco más frecuente del acoso de los niños ricos que despreciaban a los becados.

Normalmente no la afectaba. Esta vez, sin embargo, el insulto la había tocado profundamente, y había terminado prometiendo que haría algo que en principio no pensaba hacer: ir a la dichosa fiesta.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

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En definitiva, Olivia, que vivía con su abuela Edith, no estaba en graves apuros económicos. A ella y su abuela no les faltaba nada esencial, pero tampoco vivía entre lujos.

La madre de la adolescente, Lisa, la había tenido a los 17, cuando era casi una niña ella misma. Había dejado a la niña con su madre y se había mudado de ciudad para estudiar. Cuando Olivia tenía 3, se había casado. Nunca le dijo a su marido que había tenido una hija.

Durante los primeros años, un tío de Olivia había enviado dinero para ella. Pero luego se había casado, había tenido sus propios hijos y ya no podía hacerlo tan a menudo. Cuando Olivia cumplió 16, tomó un trabajo para aportar económicamente en su casa.

La abuela Edith era una mujer amable. Cobraba su seguro de retiro y si bien no era tan mayor, tenía problemas en la espalda y andaba con bastón.

Aquel día, Olivia llegó a su casa visiblemente amargada. Intentaba ocultarlo, pero su abuela la conocía bien y lo notó y preguntó al respecto.

Olivia suspiró. "Todo como siempre, abuelita. Lo único es que accedí a ir a una fiesta y no tendría que haberlo hecho. En general evito esas cosas, pero hoy me sacaron de quicio y dije que iría".

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"¿Y cuál es el problema de salir un poco?".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

"Que no tengo ropa que ponerme", dijo Olivia, visiblemente angustiada. Y le contó a su abuela toda la historia.

Edith la escuchó sin decir palabra. Luego se puso de pie, fue a su escritorio, y volvió con una nota. "Aquí, toma. Creo que es hora. ¡Que por una vez en la vida te ayude!".

La adolescente no quería tomarlo. Sabía que era la dirección de su madre. "¡No pienso pedirle ayuda a esa mujer!", se decía. Pero si no resolvía este problema iban a burlarse de ella hasta el día de su graduación, así que lo tomó.

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Fue a la dirección en el papel que le había dado Edith. Su madre fue quien la recibió en la puerta. "Olivia, ¿qué hces aquí? ¿Mamá está bien? ¿No le habrá pasado algo?".

La chica suspiró. "No, Lisa, no le pasó nada. Solo necesito tu ayuda".

"¿Qué necesitas?", preguntó, con una sonrisa.

"¿Puedo pasar?", pidió Olivia.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

"Bueno... Sí, claro... Pero..."

"Tranquila. Solo necesito un vestido para una fiesta. Si Jorge pregunta dile que soy la hija de una amiga. Igual no quiero tener nada que ver con ustedes".

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Lisa no dijo nada, porque Olivia tenía razón. Jorge quería un hijo de su propia sangre, y las cosas entre ellos iban mal porque Lisa no parecía poder concebir de él. Pero tampoco tenía adónde ir si él la dejaba.

Hizo pasar a su hija mientras su marido estaba ocupado en su estudio. Olivia le contó toda la historia de la fiesta del vestido, y Lisa le buscó algo acorde: después de todo, tenían cuerpos muy parecidos. Quiso abrazarla, pero la adolescente la detuvo.

"No hace falta, Lisa. Antes de que tu marido pregunte, es mejor que me vaya. Y no te preocupes que te devolveré tu vestido".

Al día siguiente, en la fiesta, Olivia los dejó a todos boquiabiertos. Su vestido rojo era excelente, y todos sus accesorios eran excelentes. Alma y sus amigas estaban muy celosas.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Shutterstock

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Shutterstock

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Al día siguiente, sin embargo, volvieron a las andadas con sus burlas. "Alguien se vino de punta en blanco anoche. Me pregunto si sería como la Cenicienta que el coche se le convertía en calabaza", decía Alma. "Bah, se lo debe haber robado por ahí", sugirió.

Olivia perdió el temperamento. "¿Y si tu papi invierte mal y se quedan sin dinero qué harás tú, Alma? ¿Gritar? ¿Llorar? Si con lo mal que se te da el estudio dudo que sirvas para trabajar".

Se irguió con toda la dignidad de la que era capaz: "Ayer les mostré que sé vestirme bien. Pero no es algo que me importe. Puedo tener eso porque sé trabajar y apreciar las cosas. ¿Pero tú? Tú eres una niña de papá y no sabes nada de la vida".

Y siguió: "Una niñata malcriada como tú no sabe lo que se siente lograr nada por sí misma, eres una fracasada que vive del éxito de los otros. Así que buena suerte con tu dinero, a ver cuánto te dura".

Cuando se volteó para irse, vio a Lisa aplaudiéndola detrás. Otras personas frente a la escuela se unieron al aplauso.

Olivia intentó esquivar a su madre, pero Lisa la detuvo, y la llevó a un café. Le pidió perdón, y le contó cómo la escena de la tarde anterior la había hecho reflexionar. Le había pedido el divorcio a Jorge.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Shutterstock

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Al principio, Olivia no quería creerle que volvería con ella y su abuela, pero así lo hizo. Pronto encontró un trabajo, y fue ella quien las sostuvo económicamente mientras Olivia estudiaba diseño de modas en la universidad.

Les costó un poco recuperar el tiempo perdido y limar asperezas. Pero madre e hija lo lograron, y al día de hoy tienen una relación excepcional.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • Burlarse de las carencias ajenas es algo muy burdo. Alma y sus amigas eran muy injustas con Olivia.
  • Nunca deberías sentirte menos por tener menos. Olivia es un gran ejemplo de ello.

Comparte esta historia con tus amigos. Puede alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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