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20 años después de dar en adopción a su hijo recién nacido, mujer recibe e-mail del padre adoptivo - Historia del día

Georgimar Coronil
05 mar 2022
16:20
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A los 40 años, Emily decidió encontrar al hijo al que había renunciado cuando era más joven, así que se hizo una prueba de ADN con la esperanza de hallar una coincidencia. 

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Finalmente la hubo, y unos días después, un desconocido le envió un correo electrónico. Le comunicó la noticia más impactante que jamás había recibido.

"¿Crees que esto funcionará, Jacobo?", le preguntó Emily a su marido cuando por fin recibieron el kit de pruebas de ADN que habían pedido por Internet. Ella iba a someterse a la prueba y ver si había alguna coincidencia en algún lugar del país. Quería encontrar a alguien concreto: su hijo.

Bebé recién nacido. | Foto: Shutterstock

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Cuando tenía 19 años, Emily quedó embarazada y su novio huyó. Entonces supo que no podría dar a su hijo una vida digna. Supo que la mejor opción era darlo en adopción.

Un par de años después, conoció a Jacobo, y cuando decidieron pasar su vida juntos, él la animó a buscar a su hijo.

Por desgracia, la agencia de adopción tenía normas estrictas en cuanto a las adopciones cerradas y no les dio ninguna información. Solo les dijeron que había sido adoptado por una familia encantadora. Emily se tranquilizó, pero siempre se preguntó si renunciar a él había sido la decisión correcta.

Tiempo después, Jacobo y Emily se casaron y tuvieron a sus gemelos, que al momento de este relato ya tenían 13 años. Ahora, con más de 40 años de edad, esperaban encontrar al hijo mayor de Emily. Tal vez, él también la buscaba y podría ser fácil.

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Habían oído hablar de gente que había localizado a parientes biológicos a través de esas bases de datos de pruebas de ADN. Valía la pena intentarlo.

"Es la mejor opción que tenemos ahora mismo, cariño", respondió Jacobo mientras seguían las instrucciones y recogían la muestra de ADN.

Recibieron los resultados unas semanas después, y apareció un nombre: Mateo Duval. La base de datos les proporcionó su correo electrónico, e intentaron ponerse en contacto con él, pero no hubo respuesta. 

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Lo buscaron en Facebook y encontraron a alguien que parecía ser el hijo de Emily. Intentaron enviarle un mensaje, pero una vez más, no hubo respuesta.

Mujer escribiendo en su laptop. | Foto: Pexels

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"Creo que tenemos que parar. Ahora estoy en la base de datos y probablemente él pueda verme allí. Así que si quiere comunicarse, me escribirá", le dijo Emily a Jacobo una noche después de que él intentara convencerla de que enviara otro correo electrónico.

"Si crees que es lo mejor, cariño. Pero no pierdas la esperanza. Puede que esté ocupado con la universidad o el trabajo. Te escribirá cuando pueda", la consoló su marido, y Emily asintió, esperando que tuviera razón.

Sorprendentemente, unos días después de esa conversación, Emily escuchó sonar su teléfono. Era su aplicación de correo electrónico. El nombre del remitente en el mensaje no le resultaba especialmente familiar: Richard. Pero su apellido decía "Duval". ¿Podría ser? Tal vez, no se llamaba Mateo. Se apresuró a leer el mensaje.

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¡Hola! Me llamo Richard Duval, y recientemente me he dado cuenta de que has estado enviando correos electrónicos y mensajes a mi hijo, Mateo. Me gustaría reunirme contigo. Hay algo que necesito decirte.

Espero tener noticias tuyas,

Richard.

Emily no podía creerlo. Era el padre de Mateo. ¿Pero qué podía decirle? Tal vez quería que ella dejara de contactarlo. Llamó inmediatamente a Jacobo y le contó todo.

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"Cariño, tienes que responder y decir que sí. Tenemos que saber lo que tiene que decir, pase lo que pase", le aseguró su marido, y ella aceptó sin reservas.

***

Pantalla de télefono móvil. | Foto: Pexels

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Sorprendentemente, Richard Duval vivía a solo unas horas de distancia de Emily y Jacobo. Fueron en auto a verle y se reunieron en un café local. 

Él se levantó en cuanto los vio llegar y sus ojos se abrieron de par en par. Una mujer encantadora estaba sentada a su lado y miró a Emily con sorpresa. Se llevó la mano a la boca y se emocionó.

Emily se detuvo frente a ellos y sonrió torpemente, pero Jacobo le tomó la mano en señal de apoyo. Richard finalmente extendió una mano y habló: "Hola, es un placer conocerte. Siento mucho nuestra reacción. Es que... eres exactamente igual que Mateo", reveló.

La sonrisa de Emily perdió su torpeza y las lágrimas se acumularon en sus ojos. "¿Lo soy? Eso es maravilloso. Yo también me alegro de conocerte".

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"Esta es mi esposa y la madre de Mateo, Sara", continuó Richard, señalando a su esposa.

Sara se puso de pie, estrechó las manos de ambos y todos se sentaron de nuevo. "Bien. Antes de nada, ambos nos preguntábamos por qué estabas buscando a Mateo", dijo Richard.

"Bueno, en realidad lo he estado buscando durante años. Empecé un tiempo después de entregarlo, pero la agencia de adopción no quiso ayudar porque era una adopción cerrada. Me dijeron que había sido adoptado por gente estupenda, así que me alegro de oírlo. Y supongo que quería saber si estaba bien todos estos años”, explicó Emily.

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Richard asintió y Sarah tomó la palabra. "Bueno, queríamos darte las gracias por Mateo. Fuimos los padres más felices del mundo con él. Era increíble y una gran alegría. Y todo fue gracias a ustedes", añadió.

Mujer tomando un café. | Foto: Pixabay

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"Es estupendo oírlo, pero espera, '¿fue?'", Emily hizo una pausa, observando el uso del tiempo pasado por parte de Sara.

"De eso queríamos hablarte", comenzó Richard, respirando profundamente. "Mateo falleció hace unos meses. Estuvo luchando contra el cáncer durante varios años. Volvió a aparecer hace poco, y fue grave. Esperábamos encontrarle para un trasplante de médula ósea. Por eso lo encontraron en la base de datos de ADN. Pero se nos acabó el tiempo".

"No", susurró Emily mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos y se derramaban. Sacudió la cabeza y Jacobo la rodeó con sus brazos. "¡Podría haberle ayudado!".

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"¿Hablas en serio?", preguntó su marido.

"Por desgracia, sí. Pero, en realidad, Emily. El trasplante era una posibilidad remota. El médico no tenía esperanzas. No ha sido fácil. Pero sé que mi Mateo se alegraría mucho de haberte conocido. Estaba emocionado ante la perspectiva de conocer a sus padres biológicos. Eso lo mantuvo fuerte durante algún tiempo, pero esta enfermedad... bueno, es lo peor del mundo”, dijo Sarah. 

Todos lloraron tan silenciosamente como pudieron en aquel lugar público hasta que Emily preguntó algo. "¿Puedes contarme más sobre él?".

Gracias a su pregunta, el ambiente se aligeró porque Sara y Richard tenían muchas grandes historias que contar sobre su hijo. Sara sacó su teléfono y les mostró fotos de él. Emily y Jacobo también hablaron de sus gemelos y de lo mucho que se parecían a Mateo.

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El matrimonio Duval les invitó a la tumba de Mateo para que Emily pudiera dar el último adiós a su hijo. Aunque después volvieron a sus propias vidas, se convirtieron en amigos íntimos que se comunicaban constantemente por correo electrónico. Richard y Sara acabaron conociendo a los gemelos y les regalaron algunas de las viejas cosas de Mateo.

Emily les dijo lo agradecida que estaba de que hubieran querido y cuidado a su hijo biológico cuando ella no podía. Ya no se arrepentía de su decisión de renunciar a él y se dio cuenta de que los padres pueden ser de sangre o de crianza, pero mientras haya amor, nada más importa.

Cementerio. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

El amor hace una familia, no la sangre: Las familias se forman de muchas maneras, no necesariamente por la biología.

La adopción puede ser una de las mejores decisiones del mundo: Algunas personas no pueden cuidar de sus hijos, y nadie debería arrepentirse de haber tomado esa decisión. Ahí afuera hay alguien que quiere amar y cuidar a ese niño.

Comparte esta historia con tus amigos. Puede que les alegre el día y les inspire. 

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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