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Banquero ve a su hijo burlándose de un niño cuyo padre trabaja como conserje - Historia del día

Mayra Pérez
21 mar 2022
00:30
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Un rico banquero se horroriza al descubrir que su hijo se ha estado burlando del hijo del conserje por ser pobre, por lo que idea un plan para enseñarle una valiosa lección.

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El banquero Henry Martín amaba a su hijo Carlos más que a nada en el mundo y quería lo mejor para él. Le dejaría una fortuna, más de lo que podría gastar en toda su vida, pero sobre todo esperaba que su hijo se convirtiera en un buen hombre.

Esa tarde, Henry había cancelado una reunión para poder recoger él mismo a Carlos. Había estado en un largo viaje y lo extrañaba terriblemente. Estacionó su auto frente a la escuela y se bajó. Inmediatamente, vio a su hijo cerca de las puertas, y lo que estaba haciendo lo tomó por sorpresa.

Un carro con implementos de limpieza. | Foto: Shutterstock

Un carro con implementos de limpieza. | Foto: Shutterstock

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Carlos estaba con otros niños de 10 años y todos parecían estar concentrados en un chico delgado con cabello castaño y cara delgada.

“Vamos, ¡muéstranos tus zapatos otra vez!”, le decía Carlos en tono de burla.

Luego, Carlos miró a sus amigos y alardeó: “¡La diferencia entre el hijo de un banquero y el hijo de un conserje no son solo los zapatos de $500! ¡Ahí es donde comienza! ¡Eres un perdedor, Javier, como tu viejo!”.

Henry se horrorizó cuando Javier se echó a llorar y Carlos empezó a reír y a chocar manos con sus amigos mientras decía: “¡Oye, Javier! ¿Necesitas un trapeador para secar esas lágrimas? ¡Pregúntale a tu papá! ¡Tiene uno!”.

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Pero Henry no solo estaba horrorizado, ¡estaba furioso! Había crecido con diez hermanos en una familia muy pobre, y se habían burlado de él porque su padre era conductor de autobús. ¡Y ahora su precioso hijo estaba haciendo miserable la vida de otro pobre muchacho!

Henry gritó: “¡Carlos!”, y notó que su hijo palideció al verlo...

“Papá…”, dijo Carlos, algo nervioso. “¡Pensé que volverías mañana! ¡Qué gran sorpresa!”.

Henry exclamó: “¡Sube al auto!”, y Carlos lo hizo, trepando al asiento trasero y poniéndose el cinturón de seguridad. Henry observó a su hijo a través del espejo retrovisor. Su primer impulso fue darle un sermón; luego se dio cuenta de que tenía que tratar de darle una lección de una manera diferente.

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Aula de clases con algunos alumnos y un maestro. | Foto: Unsplash

Aula de clases con algunos alumnos y un maestro. | Foto: Unsplash

Sabía que Carlos estaba asustado, pero no dijo una palabra y cuando llegaron a casa llamó a la maestra de su hijo, la Sra. Salas. Ella escuchó el plan de Henry e hizo algunas sugerencias.

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Al día siguiente, la maestra hizo el anuncio: “¡Está bien, clase! Mañana vamos a visitar un banco, y allí aprenderán exactamente cómo funciona, cómo abrir una cuenta bancaria, todo sobre la banca”.

Carlos levantó la mano. “¡Maestra!”, gritó. “Mi papá es banquero…”.

“Lo sé, Carlos”, respondió la Sra. Salas. “Vamos a su banco”.

“¡Que bien!”, dijo, y no pudo resistir meterse con Javier, “El padre de Javier también trabaja allí, ¡él saca la basura!”.

Toda la clase se rio, pero la Sra. Salas no parecía encontrar la diversión a eso y le lanzó a Carlos una mirada penetrante. El Sr. Martín tenía razón. ¡El chico necesitaba una lección!

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Al día siguiente, toda la clase fue al banco con la Sra. Salas y Henry Martín estaba en la puerta principal para saludarlos a todos. Pronunció un pequeño discurso de bienvenida y explicó que cada niño sería emparejado con uno de sus empleados.

Cada mentor le mostraría al niño los alrededores, le explicaría su trabajo particular y el funcionamiento del banco. Carlos esperaba ser emparejado con su padre, pero se llevó una sorpresa. “Carlos”, llamó la docente. “Estarás con el Sr. Rojas”.

Un hombre conduce un vehículo. | Foto: Unsplash

Un hombre conduce un vehículo. | Foto: Unsplash

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El Sr. Rojas, que era el padre de Javier, dio un paso adelante y Carlos negó con la cabeza. “¡DE NINGÚN MODO!”, gritó. “¡Papá, quiero estar contigo!”.

“Lo siento, Carlos”, dijo su padre, de pie junto a Javier. “¡Es la suerte del sorteo! Tú vas con el Sr. Rojas y yo con Javier.

“¡No me iré con el conserje!”, gritó Carlos. Pero luego vio el rostro de su padre y se dio cuenta de que estaba en problemas. Cerró la boca y se acercó al Sr. Rojas y comenzó la visita.

El conserje explicó sus deberes, que eran asegurarse de que todo en el edificio estuviera limpio y ordenado, y que también se llevaran a cabo todas las reparaciones. Le mostró a Carlos su oficina, lo que fue una sorpresa para el niño.

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El Sr. Rojas tenía una oficina pequeña, pero muy agradable. Tenía un escritorio, gabinetes de suministros y una computadora con la que se mantenía al día con el inventario y solicitaba los materiales que necesitaba para la limpieza o las reparaciones.

Pero para Carlos, lo mejor de todo el banco fue un enorme acuario situado en un rincón de la oficina del conserje en el que estaba un hermoso pez tropical. “¡Guau!”, exclamó Carlos. “¡Qué pez tan genial!”.

El hombre comenzó a nombrar las especies exóticas del acuario, pero Carlos lo interrumpió: “¡Lo sé!”, dijo feliz. “¡Ese es un pez payaso!”.

El padre de Javier sonrió. “¡Veo que tenemos algo en común! ¡A ambos nos encantan los peces!”.

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Un niño con uniforme escolar camina por la calle. | Foto: Unsplash

Un niño con uniforme escolar camina por la calle. | Foto: Unsplash

“Sí”, dijo Carlos. “Veo todos los documentales que encuentro sobre el mar... ¡Algún día quiero ser biólogo marino u oceanógrafo!”.

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El Sr. Rojas sonrió. “Ese también fue mi sueño”, dijo.

“¿Y por qué no lo hizo?”, preguntó Carlos.

“Bueno, mi familia era pobre y yo era el mayor de tres”, explicó el Sr. Rojas. “Cuando cumplí 17 años, mi padre murió, así que tuve que dejar de estudiar para ayudar a mi madre a criar a mi hermano y hermana, por lo que nunca terminé la escuela secundaria. Luego conocí a la madre de Javier…”.

El Sr. Rojas se encogió de hombros y sonrió. “Pero no me arrepiento. Tengo un buen trabajo y tu padre es un hombre bueno y justo. Y mi hijo Javier será lo que quiera. En cuanto a mí, ¡tengo mi pedacito de océano!”.

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“¡Ojalá tuviera un acuario!”, dijo el niño con un dejo de envidia. “¡Mi papá dice que no puedo tener uno porque es una gran responsabilidad!”.

“Habla con Javier”, dijo el Sr. Rojas con una sonrisa. “Y tal vez puedas ir a visitar el acuario que tengo en casa, ¡ese vale la pena verlo!”.

Un acuario lleno de peces. | Foto: Unsplash

Un acuario lleno de peces. | Foto: Unsplash

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Dos horas más tarde, Henry fue a buscar a su hijo y se sorprendió al encontrarlo con el Sr. Rojas. Los dos discutían alegremente sobre peces y hablaban de su mutua fascinación por los ecosistemas oceánicos.

“Es hora de irse, Carlos”, dijo Henry sonriendo.

“¿Ya?”, preguntó Carlos, con tono decepcionado. “¡El Sr. Rojas me estaba contando que tiene un pez ángel enmascarado en casa!”.

El conserje sonrió y puso una mano sobre el hombro de Carlos. “Henry”, dijo, “¡Tu chico tiene vocación!”.

Henry le sonrió al padre de Javier. “¡Sí, está tan loco por los peces como tú a esa edad!”.

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“¿Ustedes se conocieron de niños?”, preguntó Carlos.

El Sr. Rojas asintió. “Sí, éramos amigos en la escuela. ¡Yo estaba loco por los peces y tu papá por los números!”.

“Bueno”, dijo Henry con una sonrisa. “Javier estaba fascinado con los conceptos de las altas finanzas…”.

Carlos y Javier terminaron siendo buenos amigos, y el Sr. Rojas comenzó a trabajar como voluntario en el acuario de la ciudad y tuvo tanto éxito que le ofrecieron un trabajo. Años más tarde, vitoreaba con orgullo cuando Javier se graduó con una especialización en Economía y Carlos se convirtió en biólogo marino.

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Una mujer visita un acuario. | Foto: Unsplash

Una mujer visita un acuario. | Foto: Unsplash

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Puedes tener todo el dinero del mundo, pero eso no te hace mejor o superior a ninguna persona. Henry quería que su hijo fuera respetuoso con todos, sin importar su trabajo o estatus.

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No juzgues a las personas antes de conocerlas. Carlos despreciaba al padre de Javier porque era conserje y, sin embargo, cuando lo conoció, se dio cuenta de que tenían mucho en común.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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