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Tras muerte de anciano, hijo regresa a su casa y oye sonidos en el garaje abandonado - Historia del día

Mayra Pérez
04 abr 2022
04:00
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Un año después de la muerte de su padre, un hombre regresa a su vieja casa para venderla. Pero las cosas toman un giro inesperado cuando escucha un ruido extraño proveniente del garaje y descubre algo sorprendente en el interior.

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Mientras miraba alrededor de la casa que había pertenecido a su padre, José Suárez tuvo dudas de la decisión que había tomado de venderla. Había hecho un largo viaje con esa idea, pero ahora lo asaltaban los recuerdos de su infancia.

La madre de José había fallecido de cáncer tres años antes, y su padre se había sentido muy solo y deprimido. Su hijo tomó la decisión de llevárselo, para que se quedara con él y su esposa. Un año después, el anciano falleció de un infarto.

Fachada de una casa de dos pisos. | Foto: Shutterstock

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José miró alrededor de la casa ahora y sintió una emoción extraña. Las fotografías de la infancia aún colgaban por todas sus paredes, el viejo sillón de su padre estaba vacío y los álbumes que resumían sus buenos y viejos tiempos estaban apilados en el sótano, cubiertos de polvo y telarañas.

José sacó algunos álbumes viejos y se sentó en el sofá para revisarlos con nostalgia. De repente, un ruido extraño en el patio trasero lo distrajo.

“Señora Molina, ¿es usted?”, gritó, preguntándose si su vieja vecina de al lado se había colado nuevamente para robar mangos de su patio trasero. Lo hacía con bastante frecuencia y recordaba a su padre quejándose de ella. Sin embargo, no hubo respuesta.

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Abrió la puerta trasera y miró en busca de la fuente del ruido, pero no había nadie a la vista. Regresó a la sala de estar, creyendo que era solo su imaginación, pero volvió a escuchar un gran estruendo, esta vez proveniente del garaje.

“¿Hay alguien ahí? ¿Por qué no responde?”, gritó mientras salía de la casa. Entonces vio la puerta del garaje ligeramente abierta.

Rápidamente, agarró un rastrillo y se dirigió al garaje con pasos ligeros. “Mira, quienquiera que seas, invadir la propiedad privada es un delito, ¡así que será mejor que te muestres antes de que te lastime!”.

Una vez más, no hubo respuesta, pero José vio la sombra que proyectaba el cuerpo del intruso sobre el suelo. Abrió la puerta del garaje, dispuesto a golpear a quien estuviese del otro lado. En la esquina vio a un hombre que abrazaba a un gato.

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“Por favor, por favor no me golpee. ¡Lo siento!”, dijo el extraño, con voz temblorosa.

Una mata de mangos cargada de frutos. | Foto: Unsplash

“¡Qué demonios! ¿Quién eres? ¿Y qué haces en mi garaje?”.

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“Me he quedado aquí durante un mes porque la casa estaba vacía y nadie vivía allí. Por favor, no me eche”.

“¡Está entrando ilegalmente y eso es un crimen! ¡Voy a llamar a la policía ahora!”.

“¡No, por favor! No tengo hogar y no tengo adónde ir. No haga eso. ¡Se lo ruego!”, suplicó el hombre.

“¿Cómo has podido dormir en este lugar? ¡Está asqueroso! ¡Ha pasado casi un año desde la última vez que alguien lo limpió!”.

“No tuve otra opción”, reveló el hombre. “Mi nombre es Manuel Martí. Solía ​​trabajar como maestro. Pero después de que un tornado destruyera mi vecindario, perdí mi casa y tuve que vivir en las calles por un tiempo”.

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“En la escuela fui rechazado por mi aspecto y finalmente, me despidieron. Dijeron que la reputación de la escuela estaba en peligro porque los estudiantes se quejaban de que yo olía mal. No tenía idea de adónde ir, hasta que encontré este garaje. Duermo en el automóvil, que es bastante cómodo y cálido si se compara con las calles”.

“Está bien, espera”. José hizo una pausa. “Eso sigue estando mal, Manuel. No puedes simplemente entrar a la casa de alguien, usarla y luego quejarte de tu miserable vida”.

Una persona duerme en el suelo, envuelta en cobijas. | Foto: Unsplash

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“Lo entiendo, pero no tenía a dónde ir”.

“¡Sí, ya lo dijiste! ¿Y qué pasa con el gato? ¿Es tuyo?”, preguntó, marcando algunos dígitos en su teléfono.

“Este es Jorge. Lo encontré en la calle hace dos días, empapado y gravemente enfermo, y lo traje. Por favor, no llame a la policía. No tenemos adónde ir... ¿Puede darme al menos un día? Le garantizo que me iré de este lugar”.

“Caramba hombre, cálmate. Supongo que debes llevar al gato al veterinario porque parece enfermo, y en lo que respecta a quedarte aquí, necesito pensarlo”.

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“¡Gracias! Lo digo en serio. Quiero decir, le agradezco que al menos lo esté considerando. Pero respecto al gato... No tengo suficiente dinero para pagarle al médico veterinario”.

“Está bien, me encargaré de eso. Pero es demasiado pronto para que me agradezcas. ¡Es posible que tengas que recoger tus cosas y salir de mi casa! ¿Está bien?”.

Manuel asintió y juntos llevaron al gato enfermo a un veterinario. En el camino a casa, después de mucha reflexión, José le propuso al invasor quedarse allí todo el tiempo que quisiera, pero que tendría que prometerle que se recuperaría.

Un gato de la calle en muy mal estado. | Foto: Unsplash

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“Mira, no tienes que dejar de luchar solo porque las cosas se pongan difíciles, ¿de acuerdo?”, le explicó José. “De todos modos, estaba debatiéndome entre vender o no la casa, y supongo que si te quedas aquí, tendré más tiempo para pensar en ello”.

“Muchas gracias, José. Todavía no tengo palabras para expresar mi gratitud... lo que hiciste por Jorge y por mí... Nadie hace algo así por un extraño”.

“Bueno, aún tienes que recuperar por ti mismo la vida que perdiste, y creo que eso será suficiente. Entonces, relájate, todo está bien”.

“¡Gracias, José! ¡Mil gracias!”.

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José se sentía feliz de no tener que vender la casa de su padre, al menos no a corto plazo. Manuel se quedó allí durante más de 6 meses antes de lograr recuperarse y alquilar su propio lugar.

Unos años más tarde, conoció a Camila, una mujer encantadora que era madre soltera de una niña de 8 años llamada Anita. Los dos se enamoraron y Manuel prometió ser un padre amoroso para la niña.

Se casaron pronto y recientemente le dieron la bienvenida a otra hija llamada Janet. Manuel le preguntó a José si podía convertirse en el padrino de la recién nacida, ¡y él estuvo más que feliz de decir que sí!

Un hombre joven trabajando frente a una computadora portátil. | Foto: Unsplash

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Un poco de compasión no cuesta nada. José ayudó a Manuel, brindándole refugio y ayudándolo a recuperarse. ¡Todos deberíamos tratar de ayudar al prójimo!

Los animales merecen ser amados y cuidados. Manuel protegió a Jorge cuando yacía enfermo en el camino, y José pagó el tratamiento del pobre animal.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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