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Militar le pide a hijo que deje una bandera en su tumba tras su muerte: él lo hace y halla un sobre allí - Historia del día

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Un jovencito llevó a cabo el deseo de su difunto padre de adornar su tumba con la bandera nacional después de su muerte, pero mientras intentaba colocarla sobre la cruz, notó un sobre atascado detrás.

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Los hombres en la familia de Mark Wilson habían servido en el ejército de los Estados Unidos durante tres generaciones. Desafortunadamente, ninguno sobrevivió durante su servicio militar.

El bisabuelo de Mark había perdido la vida cuando su base militar fue bombardeada. Su abuelo había sucumbido a una herida grave durante la Segunda Guerra Mundial.

Un niño parado frente a una tumba con la bandera de los Estados Unidos de América. | Foto: Shutterstock

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Su padre, Andrew, que era miembro de las fuerzas especiales, tampoco sobrevivió. Mark tenía 8 años cuando el hombre falleció. Era demasiado chico para aceptar que su papá nunca regresaría a casa.

Debido a esto, su madre, Elsa, esperó para decírselo hasta que fuera un poco mayor para que pudiera procesar todo. Cuando él tenía 11 años, la mujer finalmente lo llevó a la tumba de Andrew.

Mientras Mark estaba allí, recordó haber estado sentado junto a la cama de su padre en el hospital tres años atrás. Allí, el niño le prometió que se convertiría en un valiente soldado como él. Andrew le había sonreído ese día, y esa fue la última vez que lo vio.

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Cuando Mark fue a ver a su padre en el cementerio, se sentó de rodillas junto a su tumba y murmuró una breve oración. “No lloraré, papá”, dijo cuando terminó.

“Soy fuerte. Sé que también viviste tiempos difíciles, pero nunca lloraste frente a nosotros, así que yo tampoco lo haré”.

De repente, Elsa vio que su hijo sacó algo de su mochila. Era la gorra militar de Andrew y la bandera de los Estados Unidos de América. El chico colgó la bandera en la cruz erigida sobre su tumba, se puso la gorra de su padre y le hizo un saludo militar.

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“En honor al Capitán Andrew Wilson”, comentó con orgullo el jovencito antes de regresar junto a su madre que estaba detrás de él con los ojos llorosos.

Soldado posando de perfil con la bandera de los Estados Unidos de América en el fondo. | Foto: Pexels

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“Mark, cariño”, dijo Elsa. “No sabía que habías traído la gorra de papá y la bandera. ¿Por qué las trajiste?”.

“Papá quería que hiciera esto”, dijo el chico. “Cuando estaba en el hospital, me pidió que llevara la bandera a su tumba. Dijo que estaría orgulloso de mí si podía hacer eso por él”.

Elsa apenas podía contener las lágrimas en este momento. “Está bien, cariño”, dijo, secándose las lágrimas. “¿Por qué no aseguras la bandera en la cruz para que el viento no se la lleve?”.

Mark ató una parte de la bandera alrededor de la cruz para asegurarse de que permaneciera en su lugar. Entonces sus manos sintieron un bulto detrás. Era una bolsa impermeable con un sobre pegado a ella.

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“Ábrelo cuando tengas 16 años, Wilson Jr. Con amor, papá”, eran las palabras fuera del sobre. Estaba escrito con la letra de Andrew.

“¿Qué es eso, cariño?”, preguntó la madre del chico cuando lo vio sosteniendo la bolsa.

“Nada, mamá”, respondió Mark mientras se acercaba a ella, escondiendo la nota en su mochila.

Pasaron cinco años. El chico ya se estaba preparando para enlistarse en el ejército. Había pasado todo su tiempo estudiando asuntos militares y haciendo un riguroso entrenamiento físico para poder cumplir sus palabras y convertirse en un soldado como su padre.

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Un sobre encima de una mesa. | Foto: Pexels

Pero todo cambió en su cumpleaños número 16. Lo primero que hizo Mark la mañana de ese día fue tomar el sobre de su cajón. Innumerables veces en el pasado, había sentido la necesidad de abrirlo, pero luchó contra esos impulsos y esperó pacientemente hasta ese día.

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Abrió la carta y comenzó a leerla. Cuando terminó, sentía que estaba en un aprieto. Se preguntaba cómo le daría la noticia a su familia de que había cambiado de opinión acerca de convertirse en soldado.

Pero se arregló y bajó las escaleras. Abajo estaban su abuela, Vivi, y otros familiares frente a la mesa que tenía un enorme pastel. Estaba decorado como un campo de batalla con un soldado sosteniendo un rifle y apuntando al aire.

“Feliz cumpleaños número 16, soldado”, decía la escritura en el pastel.

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“¡Vamos a desearle éxito a Mark para que logre sus sueños y se convierta en un gran soldado!”, exclamó la abuela, levantando su copa de vino. “¡Un muy feliz cumpleaños, cariño!”.

El joven frunció el ceño mientras tomaba asiento. “Gracias, abuela, pero no voy a ser soldado. He cambiado de opinión”.

“¿Qué?”. La abuela Vivi casi deja caer la copa de vino y todos los demás estaban demasiado atónitos para hablar.

“¿Qué pasa, Mark?”, preguntó Elsa preocupada. “Te has estado preparando para esto durante años. Estás a solo un año de enlistarte. ¿Qué pasó de repente?”.

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“Sé que decepcioné a todos”, se disculpó el chico. “Pero esto es por papá. Ya no me convertiré en soldado para complacer a papá”.

Un hombre sentado en una silla con un gorro de celebración sobre su cabeza. | Foto: Pexels

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“Mark, pero...”.

“Espera, mamá”, dijo, sacando la carta de su bolsillo. “Quiero leerles algo. Es una carta de papá”.

“Querido Mark,

Sé que crie a mi hijo para que algún día fuera un hombre valiente, para que fuera un soldado, como su abuelo y su bisabuelo. Sé que tú también querías convertirte en soldado, pero ahora quiero que renuncies a ese sueño.

Lo más probable es que cuando encuentres esta carta, todavía seas demasiado joven y no me entiendas, así que espero que leas esto cuando tengas la edad suficiente para comprenderlo. Por eso le pedí al tío Vernon (¿recuerdas a mi amigo del ejército?) que dejara esta carta para ti en mi tumba, y dejé una nota para que la leyeras cuando cumplieras 16 años.

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Mark, aunque sé que es un asunto de gran valor para cada soldado servir a su nación, también sé que la guerra no trae más que una profunda agonía y angustia a los involucrados. Las personas pierden sus hogares, sus familias y eventualmente sus vidas.

Debemos reconocer que la guerra nunca es una solución a ningún problema. La guerra es un mal que solo causa miseria y sufrimiento. Recuerda que la palabra siempre triunfará sobre la fuerza. Si dos partes pueden llegar a un acuerdo, nunca surgirán disputas y no habrá guerra. Entonces, hijo, preferiría que te convirtieras en un negociador de paz para evitar que ocurran batallas. Espero que no rechaces mi proposición, Mark. Papá siempre te ha amado y está orgulloso de ti.

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Con amor,

Tu padre,

Capitán Andrew Wilson”.

Un hombre escribiendo sobre unos papeles. | Foto: Pexels

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Cuando el joven terminó de leer la carta, miró con orgullo a su madre y dijo: “Un negociador. En eso me convertiré, mamá. Papá quería que me convirtiera en uno”.

Elsa abrazó a su hijo en ese momento y no podía dejar de llorar. “No sé cómo expresarlo, Mark, pero Andrew y yo no podríamos haber criado a un hijo mejor”.

“Estoy muy orgullosa de ti, cariño. ¡Muy orgullosa!”. Mark sonrió mientras abrazaba a su madre.

Varios años después, cuando finalmente se convirtió en un negociador y recibió su primera asignación, se puso con orgullo la gorra y la placa de identificación de su padre alrededor del cuello y se miró en el espejo.

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“¡La palabra siempre triunfará sobre la fuerza! Tú puedes hacer esto, Mark”, se aseguró a sí mismo antes de dirigirse a la sala de negociaciones.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Es mejor resolver los desacuerdos a través de discusiones racionales. La hostilidad nunca debería ser una opción. Como soldado, Andrew reconoció las consecuencias de la guerra y aconsejó a Mark que eligiera el camino de la paz en lugar de la violencia.

La violencia solo causa dolor y sufrimiento; no puede haber ganadores en una guerra. Al igual que el padre, el abuelo y el bisabuelo de Mark, varios soldados han muerto mientras luchaban por su país. Sus vidas podrían haberse salvado si las palabras se usaran para resolver conflictos en lugar de las armas.

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