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Cada día, mujer visita al anciano al que ayudó: una tarde ve una muchedumbre cerca de su puerta abierta - Historia del día

Mayra Pérez
14 may 2022
20:00
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Ella se acercó a un anciano que acababa de ser maltratado por su hijo, dándole ayuda y compañía. Tras su muerte, decidió acoger a su gatita y su espontáneo acto de bondad recibió una recompensada inesperadamente.

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Linda Beltrán regresaba a casa después de un largo y estresante día de trabajo. Era camarera en un restaurante, así que pasaba muchas horas de pie, soportando los malos tratos de algunos clientes.

Detestaba su trabajo. Su sueño siempre había sido ir a la escuela de arte para convertirse en bailarina profesional, pero sus padres no tenían el dinero para pagar la colegiatura.

Una mesonera con una jarra de agua. | Foto: Pexels

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Tampoco podía ahorrar mucho de sus ingresos. Su madre estaba postrada en cama y su padre era obrero en una fábrica, por lo que la mayor parte del dinero que percibía lo destinaba a ayudarlos y pagar facturas médicas.

Así que Linda puso en pausa sus sueños, aunque nunca los abandonó de un todo. Se esforzaba a diario en hacer un buen trabajo. No era fácil; había clientes muy groseros. 

“Esto es temporal, ¡resiste!”, susurraba cada vez que se sentía deprimida o al límite.

Al salir del trabajo, tomaba la misma ruta de regreso. Sin embargo, ese día escuchó gritos al otro lado de la calle. Un hombre mayor y otro mucho más joven estaban discutiendo sobre algo.

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La escena era bastante intensa, y ella se quedó allí mirando por unos momentos. “¿Debería tratar de intervenir?”, se preguntó. Pero no hizo nada. Temía atraer la ira del joven.

Parecía ser el más indignado de los dos, y en un momento, tiró las bolsas con víveres de las manos del anciano y luego se fue. Ella estaba atónita por la violencia y la falta de respeto. 

Luego vio que el hombre mayor se agachaba con evidente dificultad para recoger sus cosas. Entonces, Linda se acercó a ayudarlo. Empacaron la compra juntos y ella se ofreció a acompañarlo a su casa.

Una mujer joven cruza una via. | Foto: Pexels

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Tan pronto como entraron, ella notó lo destartalada que estaba su hogar; había escasos muebles y el lugar era muy pequeño. Apenas había dado unos pasos cuando vio que algo negro se le acercaba con rapidez.

Estuvo a punto de gritar, pero rápidamente se dio cuenta de que era solo un gato.

“Qué lindo gatito”, dijo Linda mientras dejaba las compras y se inclinaba para acariciarlo.

“Esa es la señora Bun, mi acompañante”, dijo el anciano, quien se había presentado como Juan Manuel.

“Ese es un nombre con mucha personalidad”, dijo, mientras la minina ronroneaba.

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“Gracias, ella ha estado conmigo desde que mi esposa falleció hace años, y a veces parece su reencarnación”, dijo efusivamente el hombre. En sus palabras se podía sentir su amor por su difunta esposa.

Él la invitó a tomar el té después de que guardaran juntos las compras, y como ella estaba disfrutando de su compañía, aceptó con gusto.

Mientras tomaban el té con unos bocadillos, el hombre le contó su historia. Reveló que su hijo, Clemente, era la persona con la cual estaba discutiendo

Una mujer joven camina del brazo de un anciano. | Foto: Pexels

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“Hemos tenido disputas desde que descubrió que no le dejaré nada al morir, excepto a la señora Bun. Ella es mi mayor tesoro, pero él no la quiere”, dijo con una sonrisa irónica.

Linda recordó que tenía que estar en casa para preparar la cena para sus padres, así que se excusó, le dio las gracias por el té y prometió visitarlo cada vez que pasara por su casa, lo que lo hizo sonreír felizmente.

Al día siguiente, estaba ansiosa por volver a casa del anciano y su encantadora gata negra, y conocerlos mejor. Al salir del trabajo, fue directamente hasta allá. Cuando él abrió la puerta, ella le dijo que había traído panecillos.

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“Eso es muy amable de tu parte”, dijo. “Siempre van bien con el té, ¡pasa!”.

Ella fue a visitarlo dos veces más, pero al cuarto día se encontró con una muchedumbre frente a su casa. Luego vio la ambulancia junto a la acera.

Linda apresuró el paso y llegó justo a tiempo para ver a los técnicos de emergencias médicas sacar el cadáver del anciano. No tenía dudas de que era Juan Manuel, y eso le rompió el corazón.

La gente comenzó a dispersarse después de que la ambulancia partiera, y ella también estaba a punto de irse cuando vio a la gata sentada tranquilamente en el porche.

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Paramédicos metiendo una persona en la ambulancia. | Foto: Shutterstock

“¿Qué será de ella ahora?”, le preguntó al hombre más cercano a ella, haciendo un gesto hacia la gatita.

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“Probablemente, la llevarán a un refugio de animales donde la pondrán a dormir”, respondió.

Linda no podía imaginarse que la señora Bun tuviera ese destino, así que se ofreció a llevársela a su casa. Nadie se lo impidió.

Una vez instalada en su hogar, y mientras la acariciaba con tristeza, notó que tenía muy sucio el pelaje. También pudo sentir un collar en su cuello tapado por grandes nudos, que pudo retirar con mucho cuidado.

En el frente lucia una gran piedra amarilla que parecía reflejar toda la luz. Por la parte de atrás se podía leer “mi tesoro más querido”. 

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Limpió y cepilló con esmero el pelaje de la gata y puso la piedra en la mesa mientras se ocupaba de sus tareas domésticas, pero no podía quitárselo de la cabeza.

“¿Y si es una piedra preciosa?”, se preguntó. “No lo creo”, se respondió a sí misma. “¿Por qué tendría algo tan valioso y aun así elegiría vivir en esa casa?”.

Hermosa gata negra. | Foto: Pexels

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Eventualmente, decidió ver a un joyero, quien le confirmó que la piedra no solo era preciosa, sino que también valía mucho.

“¿Dónde encontraste un zafiro tan raro?”, le preguntó, con codicia en sus ojos.

“Lo heredé”, dijo ella rápidamente, pero cuando se dio la vuelta para irse, él le ofreció 50 mil dólares y ella los aceptó de inmediato.

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Mientras caminaba de regreso a casa, se detuvo frente a la casa del hombre mayor, y fue casi como si pudiera ver su sonrisa irónica; entonces, ella recordó lo que él había dicho.

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En ese momento, entendió a qué se refería cuando le había dicho que la señora Bun era su mayor tesoro. No solo se refería al valor sentimental de su hermosa compañera, sino también a la joya que escondía en su pelaje.

Con el dinero que obtuvo de la venta del zafiro, Linda renunció a su trabajo, pagó la deuda de sus padres y fue a la escuela de danza para alcanzar sus sueños.

Un raro zafiro amarillo. | Foto: Shutterstock

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Es importante honrar y respetar a nuestros padres. El hijo del anciano fue grosero y hostil con su anciano padre, porque él no le dejaría ninguna herencia de valor. Quizás por eso, su padre decidió ocultarle el gran tesoro que poseía.

Haz el bien sin esperar nada a cambio. Linda acompañó y ayudó a un anciano desconocido con mucho cariño en sus últimos días, y además acogió generosamente a su gatita. Inesperadamente, fue bien recompensada por eso y pudo cambiar su vida.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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