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Compañeros de clase se reúnen 50 años después de la secundaria y reciben carta de su maestra fallecida - Historia del día

Guadalupe Campos
28 jul 2022
19:00
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Los graduados en el año 1972 de una escuela secundaria recibieron una invitación para una reunión escolar, más de 50 años después de su graduación. Todos estaban emocionados de asistir. Alguien inesperado apareció y les recordó algo que habían olvidado por mucho tiempo.

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En un día soleado y brillante, Erica Souza, de 68 años, recibió una hermosa invitación dirigida a ella como graduada de la Escuela del Santísimo Sacramento de 1972.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

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"¡Vaya!, es una invitación a una reunión de la escuela secundaria!", le dijo a su marido. "¡Esto es emocionante! ¿Quién lo estará organizando?".

"¿Qué tiene de raro?".

"Pasaron 50 años, y no hubo ninguna de estas antes, ni en la década, ni en las bodas de plata... nada".

"Tal vez quedaron en que tenían que encontrarse después de 50 años", sugirió su marido.

"Tal vez... ¿pero no crees que lo recordaría? Es raro", se extrañó.

***

Alejandro Yamamoto recibió la misma invitación, y también pensó que era extraño que nunca se hubieran reunido antes.

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Pero su esposa estaba entusiasmada. "No importa por qué es después de tanto tiempo. Debería ser emocionante ver a tus antiguos compañeros de clase, ¿verdad?".

"Bueno, todos somos mayores. Es posible que algunos de ellos ya no estén vivos, y nuestros maestros... bueno, algunos de ellos eran viejos, viejos en 1972 cuando nos graduamos. Pero no te voy a negar que me da curiosidad", comentó Alejandro.

"Vayamos juntos. Puedes hacer preguntas allí, y oye, también podrás presumir de tu negocio, tu familia, tu éxito...".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Shutterstock

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Él rió y le dio un beso. "¿Sabes qué? Tienes razón. Vamos". Y agregó: "Me pregunto si la señora Hernández irá. Era una de mis profesoras, y era la tutora de nuestro curso el último año. Ella realmente nos animó a seguir nuestros sueños y nos apoyó cuando los demás docentes subestimaban nuestras preocupaciones", describió.

"¿Qué preocupaciones?".

"Eran los años 70. Queríamos cambiar el mundo... Para alguien hijo de inmigrantes como yo el apoyo era muy importante, ¿sabes?".

"¡Oh, eso es aún más interesante! Bueno, tú superaste los prejuicios, el racismo y otras cosas para tener éxito. Es algo de lo que puedes estar orgulloso".

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***

La escena se repitió en toda la ciudad y alrededores. Alguien se había tomado el trabajo de encontrarlos a todos. El evento era en dos semanas.

La invitación era para una fiesta en una playa cercana. Algunos exalumnos que siguieron siendo amigos a lo largo de los años conversaron sobre el asunto: nadie tenía idea de quién lo estaba organizando.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Shutterstock

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En cualquier caso, todos estaban emocionados. Hasta la gente que vivía lejos se alistó a viajar.

La fiesta comenzó alrededor de las 6 p. m. del sábado. Los invitados comenzaron a llegar. La música retro sonaba, y se sucedían los abrazos y las sorpresas ante los cambios que habían traído los años.

Todos tenían más de 60 años, por lo que muchos compartieron fotos de sus nietos pequeños y hablaron sobre sus extensas carreras en varios negocios.

Era una típica reunión de exalumnos de la escuela secundaria, aunque los asistentes eran mayores de lo que suelen ser en este tipo de eventos. Lamentablemente, algunos de sus antiguos compañeros de clase no llegaron a la noche debido a enfermedades, y dos de ellos ya habían abandonado este mundo.

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"Ojalá nos hubiésemos reunido antes. Deberíamos haber hecho una reunión a los 20 años", le dijo alguien a Erica Souza.

"Eso es lo que le decía a mi marido. ¿Cómo es que nunca hemos tenido una reunión antes?", respondió ella.

"Le dije lo mismo a mi esposa. Es extraño que 50 años más tarde, alguien finalmente haya decidido organizar una reunión de estas", dijo Alejandro, que se unió a la conversación. La gente a su alrededor asintió. "Quiero decir... ojalá hubiéramos podido volver a ver a algunos de nuestros maestros".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Shutterstock

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"Ay sí, me hubiera gustado saber qué fue de la señora Hernández", dijo Erica. "Hasta lloré sobre su hombro el último año, fue la que me sostuvo en el estrés del examen de ingreso a la universidad".

Pronto, otros exestudiantes se sumaron a hablar de las bondades de la señora Hernández. Todos tenían un buen recuerdo que aportar sobre ella.

"¿Se acuerdan de lo que nos hizo hacer el día de nuestro baile de graduación?", aportó Enrique Cortez. Erica y Alejandro fruncieron el ceño por el esfuerzo de recordar. De repente, la música se detuvo, y el sonido de un micrófono que resonaba interrumpió su conversación.

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Todos se volvieron hacia un escenario improvisado cerca de la entrada de la playa y vieron a una mujer de 20 años, de pie y sonriendo ampliamente. Algo en su rostro era increíblemente familiar, pero Erica no podía determinar por qué.

"Buenas noches a todos. Me alegro de verlos aquí en su reunión escolar, aunque probablemente se estén preguntando quién soy. Mi nombre es Elizabeth Hernández, y mi difunta abuela es Adelina Hernández, quien lamentablemente no puede estar aquí hoy".

La gente reconoció el nombre inmediatamente. Adelina Hernández había sido su maestra el último año. "Sé que mi abuela estaría muy contenta de verlos a todos aquí, y es por eso que me dio esta tarea antes de morir pacíficamente hace unos años. Porque ella les hizo una promesa a todos ustedes hace cinco décadas".

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Los viejos compañeros de clase fruncieron el ceño. Sin embargo, Alejandro entendió lo que estaba pasando. Sabía por qué estaban reunidos allí después de tanto tiempo. La Sra. Hernández les había prometido algo en la noche del baile de graduación y cumplió esa promesa incluso después de su fallecimiento.

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"Pero voy a dejar que mi abuela hable por sí misma", continuó Elizabeth y desdobló una hoja de papel en sus manos.

"Mis queridos egresados 1972, les habla su profesora, la señora Hernández, aunque a veces me sentía más como una madre para todos ustedes. Incluso después de que se graduaron, seguí sintiéndome así".

Erica sintió que el agua se acumulaba en sus ojos, y mientras Elizabeth continuaba, pudieron escuchar los agradables sonidos de las olas y las gaviotas volando alrededor. Ya caía la noche, tiñendo el cielo de un tono naranja y haciendo que todo pareciera aún más romántico.

"Espero que recuerden que hace 50 años los reuní en su noche de graduación y les di una última tarea. Algunos de ustedes protestaron, pero espero que valga la pena hoy”.

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“Les pedí que escribieran una breve carta, describiendo sus sueños para el futuro y lo que imaginaban que sería su vida 50 años después. Prometí entregar esas cartas, pero me temo que no estaré allí. Entonces, mi nieta lo hará por mí".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Shutterstock

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Algunos ecos de felicidad se esparcieron entre la multitud, ansiosos de ver lo que habían escrito hace tanto tiempo. Pero Elizabeth no había terminado de leer.

"Espero que no se decepcionen después de leer sus propias palabras. Si no lo hacen, entonces puedo descansar en paz sabiendo que los guié, inspiré y alenté a ser exactamente la persona que querían ser”.

“Además, si recuerdan su tiempo en mis clases con un poco de cariño, entonces sé que fui una buena maestra y dejé una huella en el mundo. Gracias", terminó de leer la nieta. Ella y otros familiares de la difunta docente empezaron a repartir las cartas.

Erica casi rompió su carta cuando las lágrimas escaparon de sus ojos, y se sorprendió de que su vida fuera casi exactamente como esperaba. "Logré todo lo que quería cuando era niña", le dijo a su marido y lo abrazó con fuerza.

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Alejandro se rió, leyendo su propia carta. "Quería ser político, ¿te imaginas?", le dijo a su esposa.

"Por supuesto, ¡me lo puedo imaginar!", rió su mujer mientras seguían leyendo.

Su destino era completamente diferente de lo que esperaba, pero no estaba decepcionado en absoluto. Su vida había sido aún mejor.

El resto de sus compañeros de clase lloraban, se reían y bromeaban sobre las cartas. Muchos se acercaron a Elizabeth para darle las gracias por reunirlos, lo que debe haber sido difícil teniendo en cuenta que algunos estaban dispersos por todo el país. Ella estaba feliz de cumplir el deseo de su abuela.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Shutterstock

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Muy pronto, la música comenzó de nuevo, y la fiesta se volvió animada, pero antes de que comenzaran a bailar y enloquecer, Alejandro tomó el micrófono, levantando su copa. "A la señora Hernández y a su familia", ofreció, y todos se hicieron eco de sus palabras con vítores y aplausos.

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Durante el resto de sus vidas, los egresados de 1972 se maravillaron de la idea de que su profesora hubiera cumplido su promesa. Incluso si algunos eligieron un camino diferente, tuvieron una visión de su juventud y un recuerdo querido que habían olvidado por mucho tiempo.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Algunos profesores hacen más que enseñar una asignatura. La Sra. Hernández fue una figura protectora y de inspiración para los egresados de 1972. Hizo más que educarlos.

Trata de hacer cápsulas del tiempo en tu juventud porque pueden ser increíblemente inspiradoras. Las cartas que la Sra. Hernández hizo escribir a sus estudiantes eran cápsulas del tiempo para ser leídas mucho después. Prueba hacer una con tus hijos o amigos.

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Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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