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Mujer cría a la niña que su hijo abandonó hace 10 años: él regresa y ve la casa abandonada y vacía - Historia del día

Mayra Pérez
21 abr 2022
05:30
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Un hombre abandonó a su hija pequeña con su madre para irse con su nueva esposa, y cuando regresó diez años después, no lo reciben como esperaba.

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Doris Durán había criado sola a único hijo después de que su esposo la abandonara cuando Nicolás tenía siete años. No había sido fácil, pero con dos trabajos se aseguraba de que a su niño no le faltara nada.

En ese entonces, ella tenía treinta años. Nunca imaginó que volvería a vivir lo mismo a sus 60 años. Tampoco que Nicolás abandonaría a su hija, Paula. Le desconcertaba que él se pudiera parecer tanto a su padre.

Fachada de una casa abandonada. | Foto: Shutterstock

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Nicolás se había casado con una joven encantadora, Sandra, pero desafortunadamente ella había fallecido cuando Paula tenía apenas nueve años.

Doris pensaba que su hijo se había sentido muy solo, y quizás por eso se había enamorado de Diana apenas unas semanas después de la muerte de su esposa. Seis meses después, contrajeron matrimonio.

La pequeña Paula, que siempre había sido una niña feliz y bulliciosa, ahora era inusualmente tranquila y callada. Doris prefería atribuirlo a la pérdida de su madre. Creía que su hijo era un buen hombre, y no estaba preparada para enfrentar la verdad.

El verano que Paula cumplió diez años, Nicolás le preguntó a Doris si podía cuidar de la niña durante tres semanas mientras él y Diana se iban de vacaciones solos.

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“Todas las parejas necesitan tiempo a solas, mamá”, le dijo su hijo. “Y Paula se ha vuelto difícil últimamente... No se lleva bien con Diana”.

Doris lo escuchó sorprendida. “Está bien, Nico”, dijo. “Quizás un descanso podría ser bueno para los tres. Pero si me permites... Pienso que Diana sabía en lo que se estaba metiendo. Sabía que tenías una hija en duelo”.

“Una mujer adulta debería ser capaz de lidiar con el dolor de una niña pequeña que todavía intenta aceptar la muerte de su madre y el rápido nuevo matrimonio de su padre”, comentó.

Una madre consuela a su hijo pequeño. | Foto: Unsplash

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La sangre subió al rostro de Nicolás, y frunció los labios en un gesto que Doris conocía bien. “¡Debería haber sabido que te pondrías del lado de Paula!” gritó. “Diana me ama, me hace feliz y eso es todo lo que me importa”.

“Pues ALGUIEN tiene que estar del lado de Paula y me sorprende que no sea su padre”, respondió Doris, herida. “¡La felicidad de tu hija debería ser una prioridad para TI!”.

Nicolás salió enojado, pero cuando regresó una semana más tarde con Paula y su maleta, parecía tan feliz como siempre. Le dio un cariñoso beso de despedida a su hija y un abrazo a Doris.

“Regresaré el 27 de agosto, mamá”, dijo y se fue con una gran sonrisa en su rostro.

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Doris y Paula no lo volverían a ver por más de una década. El 27 de agosto pasó y Nicolás no apareció. Doris lo llamó, y le sorprendió descubrir que su número había sido desconectado.

Nicolás no había llamado a su hija desde su partida, pero ocasionalmente había respondido a sus mensajes de texto hasta el día en que debió regresar por ella. Doris descubrió que habían vendido su casa. Él se había ido con Diana.

Había abandonado a su hija con su madre sin decir una palabra ni preocuparse por su bienestar. Doris se sentó con Paula y le dijo:

“Escucha, nos las arreglamos, tú y yo. No quiero que te preocupes. Yo te cuidaré. Te amo, Paula, y sé que tu padre regresará pronto, arrepentido de lo que ha hecho”.

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Un ataud con flores encima. | Foto: Unsplash

Pero pasaron años antes de volver a verlo. Diez años después, Nicolás condujo hasta la casa de su madre. El lugar parecía abandonado. El jardín estaba cubierto de maleza y las ventanas estaban cerradas.

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Nicolás llamó a la puerta de la vecina de su madre. La mujer se sorprendió al verlo y se mostró reacia a darle la dirección de su hija. Observó su ropa andrajosa y miró su viejo auto oxidado.

“Paula se casó y Doris vive con ella. No esperes que te den la bienvenida que le dieron al hijo pródigo”, dijo con frialdad. Ella era la mejor amiga de su madre. “Después de lo que les hiciste, esperaría lo peor si fuera tú”.

Nicolás ni siquiera respondió. Simplemente, le dio la espalda y se alejó. No estaba preocupado, sabía cómo manejar a su madre... Cuando llegó a la dirección, se quedó atónito. ¡Su hija y su madre vivían en una enorme y lujosa mansión!

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Caminó hasta la puerta y tocó el timbre. “Quiero hablar con Doris o Paula Durán, por favor”, le dijo a la criada uniformada que abrió la puerta.

“Se refiere a la señora Durán y a la señora Hidalgo, señor”, le corrigió la empleada doméstica con una sonrisa desdeñosa, y lo condujo a una enorme y elegante sala de estar.

Una pareja en su boda. | Foto: Unsplash

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Unos minutos más tarde, Paula entró. Ella lo miró en silencio y sin ningún rastro de sorpresa, y Nicolás supo que la entrometida vecina había llamado para advertirles que venía.

“Paula, mi bebé…”, dijo y dio un paso adelante para abrazar a la hermosa mujer en la que se había convertido su hija. Ella se apartó.

“¿Qué es lo que quieres, padre?”, preguntó sin rastro de ira en su voz.

“Quería verte a ti y a mi madre, cariño”, dijo Nicolás con su mejor sonrisa. “Las he extrañado mucho…”.

En ese momento, entró Doris. Ella también se veía tranquila, y muy conservada. “Nicolás”, dijo con ligera indiferencia. “¿Qué haces aquí?”.

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Nicolás se sonrojó. “Quería ver a mi familia”, dijo con voz entrecortada. “¡Esperaba una cálida bienvenida!”.

“Me abandonaste, padre”, dijo Paula, con frialdad. “¿Esperabas calidez?”.

Nicolás miró a su madre, esperando su apoyo. “No fui yo... Diana... ella insistió. Dijo que me dejaría…”.

Una abuela y su pequeña nieta. | Foto: Unsplash

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“¡Vaya!”, exclamó Doris, dejando traslucir su incomodidad. “Estás aquí solo. ¿Significa eso que el dinero se acabó y que igual Diana te abandonó?”.

Nicolás no se dio por aludido. Miró alrededor de la hermosa habitación con envidia. “¡Veo que les ha ido muy bien!”, dijo amargamente. “Quizás me puedan ayudar con algo... Estoy desempleado y no tengo a dónde ir…”.

“Me sorprende que tengas el descaro de pedirnos algo, padre”, dijo Paula. “Nos dejaste cuando más te necesitábamos, pero logramos salir adelante. Y si, ahora vivimos bien, y no gracias a ti”.

“Sigo siendo tu padre”, dijo Nicolás, indignado.

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“Tú no eres nadie para mí”, dijo. Luego se acercó a su abuela, que miraba a Nicolás con un dejo de tristeza en los ojos. “Pero por el bien de la abuela Doris, te ayudaré”.

Paula se acercó a un delicado escritorio Luis XV y abrió el cajón. Sacó un juego de llaves de su antigua casa y metió algo de dinero en un sobre. “Estas son las llaves de la vieja casa”.

“En este sobre hay 5 mil dólares. No recibirás un centavo más, así que no te molestes en volver”.

Paula pasó el brazo por los hombros de la abuela Doris y la condujo fuera de la habitación. En cuestión de segundos, la criada estaba allí para escoltar a Nicolás hacia la puerta.

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Un llavero y algunos billetes. | Foto: Unsplash

Nicolás se sentó en su auto durante mucho tiempo mirando la extensa propiedad de su hija. “Hice lo que tenía que hacer”, se quejó. “Solo así podía ser feliz y ellas se tenían una a la otra ¿Por qué me tratan así? ¡Son muy injustas!”.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

A las personas egoístas no puede ver las necesidades de los demás. Nicolás no lo pensó dos veces antes de abandonar a su familia, para disfrutar plenamente de su vida.

Lo que das es lo que obtienes. Nicolás esperaba compartir la prosperidad de su hija tras diez años de abandono y se llevó una gran sorpresa al sentir su frialdad. Sin embargo, ellas fueron más generosas con él de lo que él había sido con ellas, y le permitieron vivir en su antigua casa.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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